¡Pero, yo soy un oso!

Por Àngels S. Amorós

Frank Tashlin (autor e ilustrador), Encarna Quijada (traductora). ¡Pero, yo soy un oso! (The Bear That Wasn’t). Madrid: Ediciones Invisibles (El jardín invisible), 2011. 64 pp. A partir de los 5 años de edad.

 

«Hace mucho tiempo; en realidad, fue un martes», un oso fue a su cueva para pasar el invierno durmiendo, como hacen los osos. Cuando se despertó, a principios de primavera, se encontró que los árboles habían desaparecido, la hierba había desaparecido, las flores habían desaparecido… y en su lugar había edificios, coches y vallas. Y su cueva estaba justo en medio de una fábrica. En aquel momento apareció el capataz y dijo: «Eh, tú, a trabajar». «Pero es que yo no trabajo aquí ?dijo el oso?. Yo soy un oso.» Y el hombre se rio a carcajadas: «¡Vaya excusa para no trabajar! Tú lo que eres un merluzo que no se ha afeitado y que lleva un abrigo de pieles». Por suerte, el oso era muy cabezota… y, sobre todo, ¡no era un merluzo!

Una hermosa fábula considerada un clásico que entre el humor y la fuerza de las imágenes nos traslada al desconcierto de un oso y su férrea reivindicación para recuperar una identidad que le han arrebatado y, de este modo, evitar la explotación y el abuso al que quieren someterlo los humanos.

El invierno ha terminado y un oso que con la llegada de la primavera se dispone a dejar la hibernación para retomar su vida normal, pero no se lo ponen fácil. El bosque donde se encuentra cueva donde ha pasado los meses más fríos ahora ha desaparecido y en su lugar hay una fábrica donde un capataz con pocos escrúpulos insiste en que no pierda más tiempo y empiece a trabajar.

– Yo no trabajo aquí. Soy un oso.

El capataz casi se muere de risa:

– ¡Bonita excusa para no trabajar! Decir que eres un oso.

– Pero es que soy un oso -dijo el oso.

De poco lo sirve tratar de convencer al capataz de su verdadera naturaleza, porque se trata de una persona que no atiende a razones y está acostumbrada a que se haga su voluntad. El oso no es el único en sufrir la autoridad sin réplica de este capataz porque también los trabajadores están angustiados por su actitud.

Tú no eres un oso.

No eres más que un patán que necesita un buen afeitado y lleva puesto un abrigo de pieles.

Parece imposible convencer a una persona tan soberbia de lo contrario y el pobre oso se pone a trabajar en la fábrica codo con codo con el resto de trabajadores humanos y… también otros osos.

Esta historia tan entrañable también cuenta con ciertos visos de tristeza por la injusticia y desigualdad que retrata. Dirigido a los jóvenes lectores, tiene diferentes lecturas que invitan a la reflexión por la crítica social y el trato que reciben los animales por parte de los humanos.

Frank Tashlin es el autor del texto y también de las ilustraciones, se trata de un caricaturista con mucha experiencia en la realización de cortometrajes de animación para Hollywood.

Una invitación a repensar ciertas conductas que se abordan desde el humor y con unas ilustraciones llenas de fuerza y expresividad -donde destaca el oso gracias a su color oscuro- desde una aparente sencillez que comparte con la historia. Es un clásico escrito en 1946 que no ha perdido vigencia.

La editorial Ediciones invisibles s se puede leer un fragmento del libro aquí.

 

 

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