“Terrenal”: tragicomedia argentina convertida en fenómeno mundial

Por Horacio Otheguy Riveira

Lo que se ve es un escenario con telones gastados, palpable deterioro en el que Abel, aún con la pintura clásica de ojos de payaso, lamenta en silencio su impotencia. Hace un último intento de bailar un poco, tal vez claqué de otros tiempos, ya ni se acuerda ni le responden las piernas. El espacio se va llenando de una atmósfera extraña en la que dos hermanos se las verán con su inquina tradicional convertida en un teatro tragicómico del pasado que es, a su vez, atemporal, presente y futuro de desencuentros de hombres entre sí y con alguna clase de dios, pero a partir de un escenario con telones deteriorados, escasa luz…

El contexto es el fin del Circo Criollo, un gran espectáculo popular argentino a través de Compañías que recorrieron las grandes extensiones del país, con un aire nada porteño, más amplio, más rural, en absoluto urbano. Otro mundo, muy lejano al que se entretejió en el teatro bonaerense. Aquel Circo unía lo circense con un gran fin de fiesta gauchesco, a veces con sainete breve o estampas de comedia con canciones.

Ahora es un despojo, en el que se desarrolla encuentro singular, con un lenguaje atípico, ninguna referencia porteña (tan dado ese ámbito a los conflictos psicológicos), ya que no más empezar hay que afinar el oído y ajustar la capacidad de comprensión habitual en un espectador de teatro. Con notable influencia de Samuel Beckett, estos Abel y Caín dejan de esperar a su Godot porque su Tatita Dios llega después de 20 años para poner orden, a su manera, tirano y liberador, y divide en dos la comedia, dejándola crecer entre sentencias históricas traspasadas por el humor satírico, y vueltas a empapelar con la dramática constancia de lo poético de la lucha del bien y el mal que anida en el origen, y ante el cual nadie se resigna.

El autor lo tuvo claro desde el principio:

“Leyendo hace años un libro de mitos hebreos, el de Graves, me sorprendí con su tesis de que aquella leyenda de Caín y Abel no era otra cosa que la puesta en Biblia de ese enfrentamiento mítico entre las tribus nómadas y las sedentarias. Representando cada uno de ellos a sus distintos arquetipos. Y a la ideología que inevitablemente ha creado cada uno: la del acumulador que termina preso de lo acumulado, y la del ligero de equipaje que privilegia el andar. Lo sentí de pronto tan cercano y tan vigente a ese mito y a su dialéctica que así lo escribí.

(…) La obra toma las convenciones de los payasos, y a su antigua lógica: Caín es el augusto, el más bobo siempre, el que no entiende, ese del que uno ríe de su necedad; Abel es el Pierrot, lunar y romántico, aquel que nos permite reírnos de nosotros mismos exaltados en estado de entusiasmo, enamorados o militantes, de nuestra versión sagrada digamos, siempre intensa por demás cuando se la mira profano. Y por último el payaso blanco, el que puede ver más allá de la cuarta pared, y hablarle al público cara a cara, y con el que reímos también, pero de sus agudezas. Ese, claro, es Tatita, nuestra versión de Dios”. [Entrevista publicada en Revista Teatros, 30 de septiembre 2019].

El texto comienza fresco y peculiar, de entrada advirtiendo que vamos a encontrarnos con un mundo diferente del que es preciso atesorar sensaciones para después completar con la lectura de un libro imprescindible para seguir debatiendo, de manera inquietante y lúdica sobre formas y contenidos del teatro presente y futuro. Un libro, por otra parte, muy fácil de adquirir: se vende en el hall de entrada.

Escena I
Tierra baldía. Caín, de espalda abrumada, levanta parecita con unos escombros. Laboriosa
piedra sobre piedra construyendo poco a poco propiedad. Desde el fondo del lote llega Abel
soñoliento. Caín lo descubre por el rabillo y bufa.
Caín: Milagro. Domingo y usté en el lar.
Abel: Salve hermano Caín.
Caín: Salve usté y lávese las lagañas en el tacho. Mírese la facha de resaca. Anoche bebió, descamisadito de los ranchos. Dejadito.
Abel: El sábado es líquido.
Caín: Se hace el esdrújulo… Meses hacía que no lo cruzaba. Qué feliz he sido por meses. Maldita mi sombra, me arruinó el domingo.
Abel: Ardiente y plomizo el cielo esta mañana… Bello.
Caín: Si cómo no. Hace una humedad bíblica.
Abel: Hoy llega por fin aquella lluvia.
Caín: Noooo… concha… Por eso se quedó en el terreno. Por eso hoy domingo y no trabaja. La lluvia maldita de cada verano. La lluvia bicha suya, la lluvia oscura.
Abel: Natalicio. Al primer chaparrón la tierra da su fruto. Hoy nacen. Desde lo profundo de la tierra mojada. Una epifanía, hermano Caín…
Caín: ¿Epifanía una invasión de cascarudo? Aquelarre azabache pongalé. ¿Todo lo maldito es negro, será de Dios…?
Abel: No hay criatura más hermosa. Hoy habrá alumbramiento.
Caín: ¡Apagón habrá! Hermosa una cucaracha negra, sí.
Abel: Escarabajo Torito. Lustroso y de cuerno elegante. Un rinoceronte miniatura. Criatura que cada año viene a la tierra a amar y a…
Caín: ¡A comerse mis morroneras viene! Plaga. Que no me dentre ninguno al invernáculo, eh. Cataclismo.
Abel: Ni boca tienen casi, cuantas veces se lo tengo que explicar. Cada año para esta época lo mismo… Nacen y mueren en unos días y lo único que hacen es vagar, buscar yunta, amar y copular. Seres de luz…
Caín: De sombra. Copular y llenar de huevos el terreno para que nazca su plaga, la isoca. La apocalipsis del morrón mío.
Abel: Vivo de la isoca, Caín, y el torito las engendra.
Caín: Engendro. Usted lo dijo. Negro y lujurioso…
Abel: Su radiante estado larval, la isoca. Su juventud.
Caín: ¡Larva! La juventud es laaaarva…
Abel: El animal más fuerte del mundo. Sería bueno que lo respete.

Singularidad verbal, términos que pueden resultarnos confusos, pero a cargo de tres intérpretes colosales. Escrita y dirigida por el mismo avezado hombre de teatro, resulta clave ver la función y después leer el libro: ¡menuda fiesta de los sentidos, de lucha dialéctica con uno mismo!, porque la originalidad de esta unión genera eslabones imprecisos, diáfanos deseos de querer saber más, y para ello, al redescubrir escenas en la lectura, rearmamos conceptos y risas, sonrisas raras incluso para nosotros mismos, y dejamos que gire la rueda infatigable de buscar para comprender mejor.

Terrenal se estrenó en una sala histórica del centro de Buenos Aires, fundada en 1930 —el año de la primera gran dictadura militar del siglo—, el Teatro del Pueblo. Desde su estreno en 2014 se ha convertido en uno de los mayores fenómenos del teatro argentino. Ha completado su sexta temporada consecutiva a sala llena. Acumula alrededor de 800 funciones y más de 80.000 espectadores. Ha participado en 18 festivales internacionales y ha ganado 25 premios en todas sus categorías. Crítica y público han aplaudido esta tragicomedia que se ha recorrido gran parte de los países latinoamericanos.

Una foto perfecta: Mauricio Kartun rodeado de libros. Poseedor de amplia cultura, en sus obras hay guiños a varios maestros de la literatura y el teatro; sombras nada más, porque su talento hace posible la afirmación de una voz propia que, simplemente, agradece los ecos del pasado grande de la historia teatral.

Dramaturgo, director y maestro de dramaturgia, desde 1973 Mauricio Kartun ha escrito cerca de 30 obras teatrales entre originales y adaptaciones. Chau Misterix, La casita de los viejos, Pericones, Sacco y Vanzetti, El partener, Desde la lona y Rápido Nocturno, aire de foxtrot son algunas de sus producciones de la primera época.
Como director, ha realizado los montajes de La Madonnita y El niño Argentino (también de su propia autoría), estrenados ambos en el Teatro General San Martín de la Ciudad de Buenos Aires. En la temporada 2009 estrenó en el Teatro del Pueblo Ala de criados; en 2011, Salomé de chacra; y, en 2014, su última producción, Terrenal. Pequeño misterio ácrata, galardonada, entre otros, con el Premio de la Crítica al mejor libro argentino de la creación literaria de 2014 en la 41ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

Sus piezas y montajes han sido galardonados con los premios más importantes de su país.

Ha mantenido una intensa actividad pedagógica no solo en Argentina, sino también dirigiendo numerosos talleres y seminarios en España, Brasil, México, Cuba, Colombia, Chile, Venezuela, Uruguay, Perú, Bolivia y Puerto Rico.

En el año 2014, la Universidad de Buenos Aires lo galardonó con su Profesorado Honoris Causa. Alumnos formados en sus talleres han sido merecedores de varios cientos de premios nacionales e internacionales.

TERRENAL. Pequeño misterio ácrata.

Autor y director: Mauricio Kartun
Intérpretes: Claudio Da Passano (Abel), Claudio Martinez Bel (Caín) y Rafael Bruza (Tatita)
Escenografía y vestuario: Gabriela Aurora Fernández
Iluminación: Leandra Rodríguez
Diseño sonoro: Eliana Liuni
Asistente de dirección: Alan Darling

 

De izquierda a derecha: Claudio Da Passano (Abel), Rafael Bruza (Tatita) y Claudio Martínez Bel (Caín).

TEATRO DE LA ABADÍA. DEL 17 DE OCTUBRE al 3 DE NOVIEMBRE 2019.

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