Concha Velasco en una “Metamorfosis” triunfal que invita a vivir y amar eternamente

Por Horacio Otheguy Riveira

El prolífico director David Serrano, traduce, adapta y dirige un espectáculo fascinante, a manera de lírico panorama de hombres, mujeres y dioses. Lo hace con un gran elenco, al frente del cual se encuentra la también mítica Concha Velasco, largamente ovacionada una vez más. Se trata de un éxito rotundo del Teatro Romano de Mérida, y también del teatro clásico enamorado del contemporáneo para que las Metamorfosis del siglo 8 d.C. nos diviertan y emocionen a partes iguales.

La representación es el resultado de una estupenda labor de equipo, un acto de amor íntimo que expande su espectacularidad con natural elegancia. La autora es la estadounidense —mujer de teatro, actriz y directora— Mary Zimmerman, que reelaboró parte de la obra de Ovidio: un gran desfile teatral de historias en las que confluyen sueños, ambiciones, éxitos y fracasos humanos con intervención divina, surgida del politeísmo imperante. Sin embargo, a través de una mirada actual, la teatralidad de nuestra experiencia cotidiana hace posible que la omnipresencia del destino juegue también aventuras de imaginaria construcción de gozos y martirios por la propia elección de humanas decisiones.

El objetivo final se logra admirablemente, y para cuando la cálida voz de Concha Velasco se acerca al gran final con la impecable actitud de una narradora modélica, ya hemos pasado por numerosas situaciones en manos de los muchos talentos de sus compañeros, oscilando entre composiciones humorísticas y trágicas, en un vaivén de emociones espléndidamente concebidas, cada uno de ellos con decisivas ocasiones donde componer variados personajes en atmósfera, ritmo y sonoridad muy medidos.

Un universo mágico plasmado minuciosamente, con un bien resuelto diseño de vestuario de Yaiza Pinillos, policromía y creatividad en las formas para una amalgama ciertamente compleja, dados los personajes legendarios y reales, bordados todos los movimientos por la delicada iluminación del maestro Gómez Cornejo. Y a lo largo de la función, la música de Luis Miguel Cobo, que va en un crescendo épico singular, con momentos casi imperceptibles que conjugan notablemente con el sonido y el paisaje del agua: un elemento clave en la obra original.

Los mitos son las primeras formas de la ciencia. Se ha dicho que los mitos son sueños públicos y que los sueños son mitos privados. Desgraciadamente, hoy le prestamos poca atención a nuestro lado mítico. Y como resultado de esto hay una gran parte de nosotros mismos y de nuestras acciones que no terminamos de comprender. Por lo tanto, sigue siendo importante y saludable hablar no solo de lo racional y fácil de entender, sino también de lo enigmático, de lo irracional y de lo ambiguo.

Un Apolo bonachón (Pepe Viyuela), dominado por su caprichoso hijo Faetón (Edu Soto), empeñado en fardar conduciendo el Carro de Fuego.

Pilar Castro, Concha Velasco, Belén Cuesta, Pepe Ocio: venganza de una diosa ante la desobediencia.

Toda la Compañía en una panorámica del espléndido escenario creado por Mónica Boromello: un gran estanque donde se desarrolla la acción, con dos escenarios giratorios dentro, y áreas de césped a modo de mágicos nenúfares, y en el proscenio una pequeña alberca donde suceden varias situaciones, como la propia desesperación de Narciso, al descubrir que no se encuentra en ningún reflejo.

La voz envolvente de Concha Velasco nos transporta en uno de los momentos más entrañables de la obra: “Los que aman a los dioses, dioses son. Y siempre recibirán culto los que lo rindieron. Todavía hoy, si ustedes caminan de noche por una calle oscura, si están solos, aún podrán oír, meciendo las copas de los árboles más altos, la ardiente plegaria: Déjame morir amando y así no moriré nunca”.

Autor: Mary Zimmerman

Dirección y adaptación: David Serrano
Ayudante de dirección: Daniel de Vicente

Reparto: Concha Velasco, Pepe Viyuela, Edu Soto, Adrián Lastra, Pilar Castro, Belén Cuesta, Secun de la Rosa, María Hervás, Ángela Cremonte, Pepe Ocio

Diseñador de iluminación: Juan Gómez Cornejo
Ayudante de iluminación: David Hortelano
Diseño de escenografía: Mónica Boromello
Diseño de vestuario: Yaiza Pinillos
Ayudante de vestuario: Beatriz Suárez
Música original: Luis Miguel Cobo
Coreografía: Carla Diego Luque 

Fotografías: Jero Morales

Productor: Jesús Cimarro

Festival de Mérida 2019: del 31 de julio al 4 de agosto, y del 6 al 11 de agosto. 

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Otras obras dirigidas por David Serrano, comentadas en CULTURAMAS:

Billy Elliot

Dos+Dos

Lluvia constante

Cartas de amor

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