Àngel Llàcer, súper vedette y madre abnegada en una fantástica “Jaula de las locas”

Por Horacio Otheguy Riveira

Locas, locas, locas, ¿pero locas de verdad? Mucho más y mucho menos, porque entre carcajadas y bellas canciones, ellas son lo que son y además se exponen con la valentía de la fidelidad a lo que dicta su corazón y su sexualidad en una fértil unión. Comedia de éxito que cumple 46 juveniles años, convertida en musical hace 36, esta versión cuenta con una interpretación de Àngel Llàcer antológica, y nunca mejor dicho porque su composición abarca muchos rostros: el de un hombre que adora vivir como mujer y además le encanta ejercer de diva en los escenarios, tomándose muy en serio una maternidad accidental y muchos otros principios humanistas para mantener en pie su cabaret y su familia. Olímpico trabajo minado de dificultades que viene de triunfar en Barcelona con sus 85 componentes, no más levantar cada tarde el telón.

En el año 1973 sucedió una nueva revolución francesa, esta vez sin gota de sangre. Una revolución teatral e ideológica que no para de crecer por el mundo donde la libertad sexual es posible. Un actor, Jean Poiret, hombre de teatro completo, también director, asumió su primera autoría teatral con una comedia audaz que muy pronto recorrió los mejores escenarios internacionales: La Cage Aux Folles, un dechado de imaginación insolente bien cargada del característico humor del cabaret europeo, donde el amplio espectro de los gozos sexuales siempre estuvieron en piedra libre. Poiret se adelantó una barbaridad. Entonces no se pensaba, ni remotamente, que podían existir legalmente las bodas entre parejas del mismo sexo, algo hoy habitual en países que fueron retrógrados al respecto como España y Reino Unido, y desde luego también en Francia donde transcurre esta historia que sigue dando vueltas, ya convertida en musical con espléndidas canciones. Esta versión, estrenada con éxito en Barcelona, tiene todo lo que hay que tener para configurar un nuevo éxito en la Gran Vía madrileña, a pasos de Anastasia y Ghost, y enfrente de El Rey León.

Una historia de amor singular, como aquéllas, pero con mucha pluma bien orquestada e interpretada, y mucho sentido del humor para que la Gran Fiesta LGTBI conecte con el abundante público de toda clase y condición, capaz de valorar la calidad artística de quienes se mueven con eficacia profesional, en tanto comediantes, cantantes, bailarines. Todos al servicio de una historia que fue revolucionaria en los 70 y que hoy está plenamente integrada en la vida cotidiana española, por mucho ruido que hagan sus enemigos recalcitrantes. Y es que La Cage Aux Folles trata del matrimonio de dos hombres, uno de ellos travesti-diva del cabaret que ambos regentan repentinamente obligado a aparentar ser lo más normal posible, ante el hijo de uno de ellos que reclama su ayuda ante el padre de su novia, un político de principios morales estrictos, homófobo siniestro con un parecido físico muy grande a una figura ultra española (creación de un veterano de los musicales, José Luis Mosquera).

Al frente de estas locas entrañables, Àngel Llàcer, un actor que ha venido muy poco a Madrid, pero con muchas tablas en Cataluña, director a su vez de notables espectáculos que no salieron de su terruño. Bienvenido, pues, porque si nos había caído en gracia, dejándonos con el deseo de saber más de él, he aquí la demostración palpable de que domina todos los tinglados con notable seguridad, porque resulta divertido como súper vedette sin rastro de virilidad, como de gay obligado a ejercer de hombre con sus más tópicos atributos de macho-machote, y madre pura ternura horrorizada porque quien ha sido cuidado y mimado como un hijo propio se decida por ser hetero.

Los registros al cantar con hermosa voz masculina en un traje rabiosamente femenino resultan sorprendentes, así como sus posibilidades con otros géneros. Mención aparte cuando desde el proscenio se dirige a los espectadores de las primeras filas, pues lo hace a la manera de las veteranas del show: sensual, coqueta y segura de dominar a cualquier jovencito que le pongan a tiro.

Cuanto le rodea cumple con las exigencias de un musical dinámico que se crece con los números musicales. Los personajes/intérpretes secundarios no destacan demasiado, tal vez descuidados por la dirección, salvo Ricky Mata en su muy divertido, clownesco criado Jacob y Joan Salas en Hanna, una tan temible como juguetona sádica (ambos actores integrantes de la espléndida Compañía de Los Quintana). El diseño de Enric Planas, tantas veces aplaudido (El precio, Olvidémonos de ser turistas…) resulta pobre, con recursos que se agotan rápidamente y un pequeño escenario giratorio con monótonas apariciones. En cambio, juega muchas variantes la iluminación de Albert Faura y llama la atención el apabullante vestuario, ingenioso y siempre muy atractivo diseñado por Míriam Compte. Muy buena la orquesta con 9 estupendos integrantes y muy estándar la coreografía de Myriam Benedited. Por su parte, ovación cerrada para Marta Ferrer, responsable de la caracterización (diseñada por Helena Fenoy) y peluquería con auténticos hallazgos en el caso de Zaza/Llàcer.

La jaula de las locas tuvo estreno casi simultáneo en París, Múnich y Buenos Aires en 1973, a partir de entonces se se sucedieron montajes internacionales. Se realizaron varias películas en Francia (también una continuación de la primera), y una norteamericana, mientras se sigue representando como la primera obra teatral que enfoca la libertad de elección sexual desde el humor y con una severa crítica final al cinismo de la derecha mojigata.

 

Autor Jean Poiret

Música y letras Jerry Herman 

Libreto Harvey Fierstein

Dirección Àngel Llàcer

Dirección musical Manu Guix

TEATRO RIALTO DE MADRID

 

 

 

 

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