“Celia en la revolución”. Llegada triunfal de Elena Fortún al gran teatro testimonial

Por Horacio Otheguy Riveira

La novela Celia en la revolución fue editada por primera vez en 1987, es decir, 35 años después de la muerte de su autora; ha sido reeditada en la editorial Renacimiento (donde está publicada su obra completa). Así,  largamente buscada por los admiradores de Elena Fortún (Madrid, 1886-1952) tiene hoy un lugar preferente por muchos motivos literarios y extraliterarios. Su adaptación al teatro es una idea de gran valor, un esfuerzo muy grande de adaptación, dirección y sobre todo de interpretación (con pocos intérpretes resolviendo muchos personajes). La armonía conseguida en escena es sin duda admirable.

La mirada de la autora, republicana y anticlerical, feminista, largamente exiliada con mucho tiempo de fructífera estancia profesional en Buenos Aires, pero también residente en Nueva York, resulta muy interesante. Ella vivió los desastres de una guerra que nunca debió haber existido, y en boca de su gran personaje en serial de novelas infantiles y juveniles, hace padecer la inclemencia de un tiempo de barbarie. Por parte de los republicanos las propias injusticias de hombres en conflictos a menudo arbitrarios, los padecimientos de la gente de a pie, pero sobre todo la criminalidad de los fascistas, cuya sed de venganza creció de manera imparable, afincando su ideología en una dictadura que duró 40 años.

El teatro en versión de Alba Quintas y dirección de María Folguera plantea la historia como una panorámica distanciada, lo que ayuda a la comprensión de la serie de escenas con muy eficaz encadenado de momentos siempre interesantes con la infancia en peligro y el vaivén de los adultos de uno y otro bando, más los que no están en otra parte que en el difícil empeño de vivir, amparados en la religión imperante o en el deseo de la revolución comunista… Y entre todos, el constante riesgo por parte de una adolescente de familia de izquierdas pero ella incontaminada de tendencias, más allá de la buena gente que ama y por la que es amada.

El distanciamiento del espectador resulta muy importante para que la emotividad no le ciegue y pueda unir sensibilidad y reflexión; desde luego se desarrolla con muy buen ritmo, con la agilidad de un teatro épico, bien aposentado en notables interpretaciones en general, y sobresalientes composiciones por parte de Chema Adeva, Rosa Savoini, Ione Irazabal, Pedro G. de las Heras, Trigo Gómez, Ramiro Melgar).

Tábata Cerezo (foto) encabeza con gran solvencia, poseedora de una sorprendente sencillez en un tono de voz blanca singular, un logro de impecable factura porque es una actriz con muchos recursos y sensual atractivo, aquí todo ello bajo control para ser una joven aún atrapada por los lazos de la niñez, sumergida en una historia trágica que le cae encima inesperadamente. Ella está al margen de las vibraciones políticas como su hermanas menores (esas “nenas” que se empeña en proteger lo más posible), de manera que los registros de emociones contenidas, el tono pálido de su cara, el movimiento de su cuerpo gracioso, la timidez que la embarga ante la cercanía de un posible amor… En todo eficaz, la actriz brinda una Celia que logra vida propia y a la vez consolida con humildad la imagen de inocencia que prevalece en la novela.

Un espectáculo muy logrado en el brillante pasaje de la novela al teatro, brillante en la necesaria síntesis y en los diálogos; desde el punto de vista visual es también muy atractivo, aprovechando la densidad de los espacios vacíos. Muy recomendable, a pesar de la desafortunada elección de grabaciones de la cantante Mala Rodríguez como extraño contrapunto en época y estilo. Chirría y hace echar de menos canciones y melodías populares de la época. Una elección que no comparto pero que, en todo caso, no llega a empañar la riqueza del espectáculo.

 

Celia brinda con una amiga. Su primera euforia ligeramente alcohólica. Una alegría fugaz en los duros años del 36 al 39.

Espléndido trabajo coral. Junto al protagonismo de Tábata Cerezo en el papel de Celia, un gran reparto a cargo de muchos personajes. Admirable trabajo de investigación del Laboratorio Rivas Cherif.

Una escena conmovedora en la que militares republicanos aún confían en su victoria. Celia (Tábata Cerezo) empieza a enamorarse, Jorge (Trigo Gómez) no ve la hora de declararse, y el padre de ella les observa ilusionado (Chema Adeva).

Ya queda poco tiempo para partir hacia lo desconocido del exilio. Celia irá recorriendo sola el gran escenario vacío. La paradoja de la realidad para quien dice estar sola en compañía de Dios. Una contradicción muy interesante entre los impulsos individuales, la sociedad y la fe en la existencia de la autora, Elena Fortún, republicana y anticlerical.

Versión Alba Quintas

Inspirada en la novela de Elena Fortún (Madrid, 1886-1952)

Dirección María Folguera

Ayudante de dirección Rakel Camacho

Asistente de dirección Alba Quintas

Diseño de cartel Javier Jaén

Fotografía MarcosGpunto

Reparto: Tábata Cerezo, Chema Adeva, Trigo Gómez, Andrea Hermoso, Ione Irazabal, Isabel Madolell, Ramiro Melgar, Julia Monje, Rosa Savoini, Pedro G. de las Heras.

Escenografía y vestuario: Mónica Teijeiro

Ayudante de vestuario: Vanessa Actif

Iluminación: Ion Aníbal

Espacio sonoro: Javier Almela

Canciones de Mala Rodríguez (A jierro, Tambalea, Miedo a volar, Cuando tú me apagas, El gallo)

Movimiento escénico: María Cabeza de Vaca

Asesor de ukelele: Guillermo Domercq 

TEATRO VALLE INCLÁN. CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL. DEL 6 al 24 de NOVIEMBRE 2019

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Otras obras de la guerra civil española comentadas en CULTURAMAS:

 El laberinto mágico, de Max Aub

Las peladas (Soledad de ausencia), de David Roldán-Oru

Terror y ceniza de la Iglesia católica en la guerra civil española, de Ramón Paso

Una nueva primavera, de Iván Campillo

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