Justo ahí está Corea del Sur

Ji-Do: Antología de la narrativa coreana contemporánea
Prólogo y selección de Oliverio Coelho. Ed. Santiago Arcos. Argentina. 2009. 15 €.

Por Carlos Valdés.

Los ritmos a los que la maquinaria de la industria editorial nos tiene acostumbrados hacen que, a menudo, pasemos por alto zonas ya visitadas, como si el tránsito por una carretera principal nos diese por fuerza conocimiento de todas sus ramificaciones y caminos subsidiarios. Craso error, pues  las rotaciones de la mesa de novedades imponen, además del paso ligero, la confianza absoluta en el criterio de los editores y el convencimiento de que su disfrute es el nuestro, sin tener en cuenta que su hacer, en ocasiones, es el de exploradores en avanzadilla encargados de ofrecer lo más asequible -para el mercado y, por ende, para el lector- del momento. Entre otras tareas, el editor se encarga de obtener una instantánea de un estado concreto de la literatura, vertebrado las más de las veces a través de filiaciones que nada tienen que ver con fronteras o límites culturales, labor muy de agradecer, sí, pero que puede constreñir la perspectiva del lector avezado que aspira a esbozar su propio mapa.

Quizá sea el Extremo Oriente, esa zona ficticia y mal definida, uno de los ámbitos más transitados y peor explorados, pues su literatura suele llegarnos a través de la doble traducción, que es como decir filtrada dos veces. China, Japón e India ya parecen habernos rendido su narrativa más destacada, pero nos quedan puntos ciegos, espacios en blanco marcados con la leyenda de “Aquí acaba el mundo” (o, si nos remitimos al gran atlas mundial de Google Earth, “Imagen no disponible”), cuando sabemos que justo ahí hay algo. Y justo ahí está Corea del Sur.

Malinterpretada siempre como mezcolanza de rasgos culturales chinos y japoneses, Corea fue en realidad el puente por el que la cultura continental llegó a Japón. Marcada por permanentes conflictos territoriales con China y Japón, que la invadió, abriendo así una etapa de dolorosas injerencias extranjeras cuyo resultado fue su escisión en dos repúblicas; hoy en día, en proceso más o menos inactivo de reunificación con la República Democrática Popular de Corea (Corea del Norte), Corea del Sur ha alcanzado un importante papel en la industria cinematográfica, especialmente en animación, si bien es más conocida por las películas de algunos de sus mejores directores, como Kim Ki Duk y Chan-Wook Park.

La narrativa coreana se ha traducido y publicado ampliamente en castellano, ahí están El regalo del ave, de Eun Hee-kyung, y Hacia la hora ajena, de Yi In-seong, publicadas por Emecé; El canto de la espada, de Kim Hoon, y Paraíso cercado, de Yi Chongjun, en Trotta, o las novelas de Chang-rae Lee publicadas en Anagrama, por poner unos ejemplos. Sin embargo, siempre es de agradecer una antología que cohesione y dote de contexto a la narrativa coreana actual. Si además la traducción es directa y el antologador, uno de los narradores más destacados de la narrativa latinoamericana actual, mejor que mejor.

El resultado son ocho relatos de distintos autores, diversos en estilo y en temáticas, ordenados de manera muy significativa por Coelho, que representan diferentes momentos históricos de la Corea del Sur moderna, aunque coinciden todos en su referencia a los conflictos sociopolíticos provocados por la colisión entre la agitada historia de un país milenario con el proceso de globalización. Sin desmerecer el resto de relatos, dos destacan por las resonancias que despiertan: “El viaje a Mujin”, de Kim Sung-Ok, retrato desasosegante de la relación del presente con un futuro ya cerrado, y “La tierra de mi padre”, de Lin Chul-Woo, donde se realiza una autopsia del cadáver de la identidad coreana. Pese a no ser novedad (se publicó en octubre de 2009), es un excelente mapa (una de las posibles traducciones de Ji-Do) con el que empezar a moverse por la narrativa coreana de hoy.

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Una respuesta a Justo ahí está Corea del Sur

  1. Gracias por vuestro post. Les agradezco por publicarlo. De nuevo desde ya agradecida!

    paulina
    14 diciembre 2010 at 17:06 pm

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