Delicada melodía meiji

Por Jesús Villaverde Sánchez.


La bailarina. Ôgai Mori. Editorial Impedimenta. 80 páginas. 9’95 €.


Japón posee una delicadeza especial. Su literatura, o al menos aquella en la que al escribir estas líneas he tenido la posibilidad de inmiscuirme, es decir Natsume Sõseki y ahora Ôgai Mori, es un claro ejemplo de ella. Siempre he pensado que al ser el amor uno de los temas más recurrentes en cualquier literatura existente, es por consiguiente el sentimiento que más veces se ve mal reflejado en las palabras de los autores.

 

He de reconocer que el autor japonés me ha sorprendido por completo. Y no sólo por hablar de amor y hacerlo de una manera real y bella por igual, sino porque el amor va acompañado siempre de la renuncia, la culpabilidad, la angustia en determinadas situaciones, y él lo sabe y así lo refleja en su obra. Por si fuera poco lo hace en ese género entre la novela y el cuento, que considero a la vez el más complejo y bello.

 

Toyotarõ es un estudiante japonés que, por circunstancias de la vida –u oportunidades como se llaman a veces-, aterriza en Berlín para aprender Ciencias Políticas mientras se busca la vida de alguna manera. Su vida es como la de casi todos en la capital gélida de Alemania. Sin embargo algo cambiará cuando una noche mientras vuelve paseando desde el Tiergarten, atravesando las calles congeladas de Unter den Linden, se encuentra fortuitamente con una joven bailarina que llora en un oscuro callejón.

 

El chico supera su cobardía inicial para acercarse a la muchacha. A partir de entonces comenzará una relación compleja y de gran belleza que atrapará a los dos jóvenes y los alejará de su cotidianeidad mientras la ciudad sigue con su fría existencia. Ôgai Mori escribe un encuentro que es todo un homenaje al detalle, el embrujo de la sutilidad. Ese pequeño cambio que todos esperamos que tenga lugar en nuestra vida para que todo se voltee y algo cambie por completo. Ese momento hechizante que no ocurriría jamás si el chico hubiese vuelto a casa cinco minutos más tarde o por cualquier otra calle. El aleteo de la mariposa como motor de cambio.

 

La relación del chico con Elise lo llevará a tener que elegir entre quedarse para siempre en Berlín o volver a su patria y mantener el conocido sentido del honor japonés en su nombre. Las circunstancias van llegando a sus vidas y tanto Toyotarõ como Elise tendrán que actuar de la forma que consideren más correcta, asumiendo los aciertos como los errores para el resto de sus días.

 

El escritor japonés nos ofrece un cuento de una delicadeza inusual, que condensa en poco más de setenta pequeñas páginas todos los estadios del amor: el propio cariño, el enamoramiento, la atracción, la culpa, el abandono, la ausencia. La bailarina se convierte de esta manera en un relato increíblemente sencillo sobre la complejidad de los sentimientos. Una auténtica joya de la literatura meiji, digna de regalarle a alguien querido.

 

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