Topología de una página en blanco

Categoría: Críticas,Poesía |

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Alejandro Céspedes

 

Epílogo de Jesús Malia. 

Madrid, Amargord, 2012, 143 págs.

 

Por Idoia Arbillaga 

 

Ni la deliberada simplicidad metafórica de algunos autores es garante poético de que el texto sea una representación estético-literaria de la Verdad, ni el exaltado oropel o las intrincadas metáforas de otros avalan siempre la revelación poética. Nos hallamos en cambio aquí ante un elevado texto de Alejandro Céspedes de difícil clasificación dentro del sistema global de géneros, y que verdaderamente alcanza la tan perseguida revelación poética, la renovación de las verdades de siempre, a través de un proceder textual y metaforológico distinto. La urdimbre de su dispositio revela un elaborado sistema de coexistencia textual en donde igualmente confluyen aspectos retóricos tan propios de los géneros artístico-literarios como de los géneros ensayísticos e, incluso, se dan cabida a referentes propios del discurso científico-técnico; todo ello sin embargo figura mediante una impecable cohesión interna, a propósito de una de las poesías más reveladoras de la década. El libro de Céspedes sin duda merece una particular atención crítica que exceda el molde de la reseña en tono familiar y coloquial, que tanto abunda; si bien por cuestiones de espacio únicamente ofreceremos unas anotaciones críticas acerca de la notable relevancia retórica y poética de este libro. 

No debe el lector quedarse únicamente en los referentes culturales y poéticos más obvios y que funcionan como molde socio-cultural más evidente de la obra: Mallarmé, Huidobro,  Eliot, en ocasiones cierta fijación textual caligramática o entreverada de espacios, la aparición de eventuales materiales plásticos en imitación del azogue, en coexistencia con la celulosa, etc. Todos esos elementos de la disposición material y los citados referentes literarios figuran en la obra, pero no determinan. Existen en cambio otros referentes filosóficos, literarios y culturales que nos permiten entender la obra como lo que es, un análisis metafísico acerca de los mecanismos gnósticos del ser, de la memoria, la percepción del Arte, la relación entre Sujeto y Objeto literario o lo que aquí se transfiere,  aun de forma incipiente, como el Hombre y la Realidad.

En tiempos en donde la poesía en lengua española se desenvuelve por cauces expresivos de tan débil alcance, sorprende y adquiere total preminencia el poemario de Céspedes, sin duda una de las obras poéticas europeas más relevantes de principios del siglo XXI. ¿De qué manera se  nos revela la Verdad del Ser –y su relación con la palabra- en la dispositio textual? Sorprende, como advertía, la afluencia de aspectos retóricos y de textos de distinta naturaleza discursiva: la metaforología lírica no está reñida con el discurso ensayístico propio de la Filosofía ni con el texto explicativo más propio de la Exposición –y que tantos poemas de otros autores ha arruinado-; se apuntan incluso entimemas propios del discurso argumentativo, todo ello manteniendo un decoro poético y un rigor discursivo de equilibrada perspicuitas para el lector culto. 

Aparece así, muy acertadamente, la Hibridación tan del gusto del Arte Contemporáneo; pero mientras en otros es forzada búsqueda de originalidad poética, que no deriva más que en ajado pastiche, en Céspedes posee entidad artística y altura poética plenas. El autor se desenvuelve literariamente con una naturalidad, que cautivará al lector buen conocedor del pensamiento occidental y la historia de su literatura, realiza una mención directa del objeto filosófico-poético que nos recuerda la señalada relación zambriana entre Poesía y Filosofía. Del mismo modo subraya la predominancia del Sujeto ante el Arte, consecuentemente asumida tras el proceso de subjetivización del pensamiento moderno, y que Alejandro Céspedes asume y proyecta en la constitución del texto mediante distintos procedimientos (el juego entre 3ª, 2ª y 1ª persona, entre otros) que aluden al lector, y lo involucran y provocan en tanto que Sujeto que recibe y a la vez construye el objeto estético-literario, esto es, el texto poético que se nos presenta (qué posible interesantísimo estudio, sobre la obra, se pierden los devotos de la Teoría de la Recepción). De otro lado, despuntan muy sutilmente conceptos propios de las filosofías asiáticas, como el tan revelador concepto del Vacío –notoriamente fundamentado en el Taoísmo-, la oquedad y el Ser, etc.

Todo el cuestionamiento de la realidad y la percepción del Sujeto se llevan, no obstante, hacia la palabra, la relación entre Lenguaje y Pensamiento, los límites de la Poesía en su forma meramente textual, la capacidad de aprehensión de la Verdad a través de la Lírica y la Literatura en general (“El resultado de la ecuación es siempre el mismo:/ las palabras heredan la orfandad de las ideas” p.66). La capacidad del autor a la hora de ahondar en la Verdad poética es notoria, y nos lleva a preguntarnos si acaso será éste un poemario que preceda a una indagación del Ser disociado de la Literatura, lo que sería de esperar. Aquí el Ser ante la Palabra, la Palabra ante el Ser, la relación entre Lenguaje y Pensamiento; quizá en el subsiguiente poemario la indagación pura del Ser. Con un texto de tanto alcance poético no puede menos que esperarse otro, a continuación, que lo supere, y ya ansiamos su lectura. “La Verdad sigue ocurriendo en ambos lados” reitera en varios lugares de la obra Céspedes, sin duda un poeta de sobresaliente lucidez que nos lleva con su Topología a ese otro lado de la Luz, que otros ni siquiera atisban. 

 

 
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