Libros que necesitaron del viaje: recomendaciones para el fin de semana de la FLM

Hasta ahora hemos prestado atención a textos de viaje. Pero existe otra suerte de textos que no son puramente relatos de viaje y, sin embargo, necesitaron el viaje para ser escritos. Hemos seleccionado cuatro publicados en los últimos meses. Cuatro libros que componen un conjunto tan heterodoxo como imprescindible. Si alguien se olvidó de ir a la Feria del Libro de Madrid en las jornadas anteriores, este sábado y domingo debería llenar la bolsa con alguno de ellos. O con los cuatro, a ser posible.

 

Notas sobre la literatura y el sonido de las cosas

Marcelo Cohen

Malpaso

Reconocido como un brillante autor de género fantástico y como un reescritor, porque sus traducciones son tan excelentes que reescriben el texto original en lugar de reproducirlo, Marcelo Cohen demuestra ser un gran cronista y un excelente pensador en los pequeños ensayos. La literatura y el sonido de las cosas, incluido el sonido de los cuerpos humanos, debería ser el material con el que se escribe. Casi nos atreveríamos a decir que el sonido de las cosas es la definición de literatura. Reflexivo, irónico, experimental y sabio, este libro reproduce su deseo de compartir con el lector ciertos descubrimientos, sean sobre Oliver Sacks o sobre Maradona. Sus interpretaciones son una ayuda para mejorar nuestra visión periférica del mundo. Algo que para la mayoría es necesario si pretende saber en qué consiste la vida.

El conjunto es un volumen fascinante, donde encontramos tanto brillantes disecciones de la literatura argentina contemporánea en su convulso contexto político, como retratos de la Plaza Real o de la Estación de Retiro; lecturas en profundidad de Joseph Roth o Zurita, junto con una teoría de la lectura en el autobús o el metro; reflexiones sobre el arte de la traducción (del que Cohen es un maestro) y un intento de comprender, en forma de diario, el cambio climático.

Un libro delicioso e inteligente. El cambio del siglo xx al siglo xxi desde la mirada de uno de sus mejores observadores.

El simpatizante

Viet Thanh Nguyen

Seix Barral

Ahora, por fin sucedió lo que debía haber sucedido hace mucho tiempo, pero más vale tarde que nunca: la Gran Novela Americana sobre Vietnam escrita por un vietnamita de nacimiento. El simpatizante recorre una vida entre dos mundos y analiza el legado de la Guerra de Vietnam en la literatura y el cine, así como las guerras que emprendemos en el presente. Un debut deslumbrante, minucioso y trascendental. También ofrece una perspectiva nueva de la guerra: la de un simpatizante comunista atrapado en su propio conflicto interior. Se nos ofrece no una furiosa diatriba antibélica, tan habitual en las interpretaciones de este conflicto. Ni siquiera una versión a la contra. El simpatizante es algo mucho menos obvio y tanto más inesperado: un entretenimiento de primer orden y uno de los mejores «thrillers» «exóticos» de los últimos tiempos, cuando se trata de diseccionar el cuerpo y el alma de hombres poliédricos.

Abril de 1975, Saigón está sumida en el caos. Desde su mansión, el general del ejército de Vietnam del Sur bebe whisky norteamericano mientras los disparos suenan cada vez más cerca y, con la ayuda de un capitán de su máxima confianza, prepara una lista con los nombres de aquellos que recibirán un billete para los últimos aviones que salen del país. El general y sus compatriotas en breve comenzarán una nueva vida en Los Ángeles sin sospechar que uno de ellos, el capitán, observará en secreto e informará sobre las actividades del grupo a un superior del Viet Cong.

En esta extraordinaria novela, Viet Thanh Nguyen nos introduce en la mente de este agente doble, un hombre cuyos nobles ideales le exigirán que traicione a su gente más cercana. Una novela de espías que atrapa al lector, una audaz exploración del extremismo político y una conmovedora historia de amor. El simpatizante recorre una vida entre dos mundos y analiza el legado de la guerra de Vietnam en la literatura y el cine, así como las guerras que emprendemos en el presente.

El banquete celestial

Donald Ray Pollock

Literatura Random House

Hace poco reseñábamos Knockemstiff, un ajuste de cuentas con la maldad y las miserias del lugar natal, un libro indigesto y por tanto atractivo. Hoy hablamos de una novela de gran tamaño, una obra en la que se reconocen las innumerables influencias, sí, pero que tiene voz y mundo propios. Pollock es más cínico que sus predecesores, pero ese cinismo es un traje que le siente muy bien. Porque de lo que se trata es de dejar claro cuál es el mensaje: el mundo, representado por un territorio cuya frontera es tan difusa como para apenas permitir que nadie penetre en él, es una sátira. Una tragicomedia de la que el lector no puede escapar, porque leer a Pollock puede alterarnos los intestinos, pero produce tanta adición como la más temible de las drogas.

Año 1917, en algún lugar olvidado de la frontera entre Georgia y Alabama. El anciano Pearl Jewett muere dejando a sus tres hijos varones para que prosigan con sus miserables existencias. Hasta ahora han llevado una vida honrada, convencidos de que su rectitud sería recompensada con un suculento banquete en el Paraíso. Pero los hermanos Jewett se han cansado de esperar al Cielo, e inspirados por las heroicas aventuras del villano literario Billy Bucket, ensillan sus caballos y atracan su primer banco.

El banquete celestial se mueve en el territorio de McCarthy, Faulkner y O’Connor, y mezcla la sátira con saludables dosis de violencia cinematográfica al más puro estilo de Peckinpah, Tarantino o los Coen. Este western descarnado y desmesurado es también el retrato coral de una población en vías de adaptación al nuevo siglo, un lugar repleto de posibilidades adonde, día tras día, llegan los voluntarios para alistarse a la Gran Guerra pero también un agujero que oculta peligros en los rincones más insospechados.

 

Imagina que no estoy

Adam Haslett

Alianza de novelas

Acaba de aterrizar y ya nos ha despertado la intriga. Se anuncia como la mejor novela estadounidense sobre una familia de clase media desde Las correcciones, de Jonathan Frazen. Es decir, el paisaje es muy reconocible. Pero esa es la intención de Haslett, facilitarnos el paisaje, apenas tener que emplear la imaginación en él, como apenas la empleamos cuando vemos una película que sucede en Nueva York, para atender a los instintos humanos. Haslett escribe con una facilidad que da envidia, como la da la sencillez de la estructura. Pero lo que le interesa es lo que sucede dentro de la mente de cada uno de los personajes. Caracterizados con pocos adjetivos, pero con suficiente sensibilidad y materia gris como para ponernos en el compromiso de trasladar nuestra empatía constantemente. De ahí que esté escrita en no sé cuántas voces, tantas como gente nos importará.

Cuando John es hospitalizado por depresión en Londres en los años sesenta, su prometida, Margaret, se enfrenta a un dilema: seguir con sus planes a pesar de lo que ahora sabe o alejarse del sufrimiento que pueda ocasionarle. Finalmente decide casarse con John. “Imagina que no estoy” es la historia de lo que supone este acto de amor y fe. En el centro de la narración está el hijo mayor de la pareja, Michael, un fanático de la música, brillante y ansioso, que da sentido al mundo a través de la parodia. Y la historia de cómo, en el transcurso de décadas, sus hermanos más jóvenes -la inteligente y responsable Celia y el ambicioso y controlado Alec- luchan junto a su madre para cuidar de la existencia cada vez más preocupante y precaria de Michael.

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