Los libros de la isla desierta: ‘Recuerdos del primer amor’, de Giacomo Leopardi

Por Óscar Hernández Campano.

¿Quién no ha tenido un primer amor? ¿Quién no lo recuerda, o lo idealiza, o lo mitifica hasta niveles hagiográficos, o quizá lo denuesta como si se tratara de la peste? ¿Quién no sintió esas cosquillas, esas mariposas revoloteando urgentes en el estómago al ver a la persona amada, o ese desasosiego al no poder estar a su lado? ¿Quién no ha vivido esa ilusión desbordante con los primeros sorbos del amor, o ese dolor inaprensible al acabarse una relación que quizá nunca pasó la frontera de la ensoñación?

Giacomo Leopardi llegó a mi vida hace veinte años, cuando me adentré en sus versos poderosos, en sus poemas cortos, en su lírica romántica y cautivadora. Además lo hizo en su lengua original, ya que tuve la suerte de aprenderla y de amar en ella. Y por eso, veinte años después, descubrir esta joya que la editorial Acantilado nos ofrece, ha sido un deleite. Recuerdos del primer amor recoge algunas páginas del diario de un adolescente Leopardi. Unas hojas de aquel íntimo cuaderno en el que plasmó, describiendo sus sentimientos al detalle, sensaciones, cambios de humor, alteraciones fisiológicas, elucubraciones mentales y deseos. Se trata de una prosa con precisión forense y delicado tacto.

El joven Giacomo, de diecinueve años, puro, virgen, temeroso del amor y enamorado de la lectura y del estudio, conoce a una mujer que visita a su familia un par de días. Ella es mayor que él, inaccesible del todo, sin embargo, el relámpago del enamoramiento descarga su potencia sobre el joven Leopardi, que sucumbe al encantamiento de Venus. La intimidad entre ambos se limita a compartir un mantel durante el almuerzo y la cena, a unas miradas fugaces que él busca, y a escuchar la voz de la dama a hurtadillas. Sin embargo, ese mínimo contacto socavó la tranquila, metódica y rutinaria vida estudiantil del muchacho Su diario relata la transformación que experimenta al sentirse atravesado por un enamoramiento que es nuevo para él. Nos describe la angustia que siente cuando se percata de que el objeto de su amor se aleja, no sólo en el espacio, sino, sobre todo, en el tiempo y en su memoria. Leopardi escribe en esas páginas el proceso de su enajenación, el dolor que lo atraviesa cuando siente que el rostro de la amada se diluye entre los jirones de su memoria sin que pueda retenerlo, lo absurdo que le resulta de repente su vida de estudio, lectura y reflexión, la ansiedad que le produce un sentimiento que lo transforma. Y así, como un galeno que registrara la evolución de un paciente, el mismo afectado por el primer amor, relata el proceso de desenamoramiento, la vuelta a la normalidad, el progresivo, dramático y, no obstante, inevitable retorno a la normalidad.

Durante los primeros días del proceso amoroso que Leopardi detalla en este librito, su pasión bullía en su interior impidiéndole dormir, comer o pensar, porque sólo podía amar y admirar el rostro de su amada, fijo y perfecto en su memoria. Así que el poeta desenfundó su pluma y la hizo restallar contra el papel, dando forma a un soneto largo, sentido, profundo, precioso y cándido que la editorial Acantilado transcribe al final del libro, tanto en su idioma original, el italiano suave y manso del enamorado, como en la traducción paralela al castellano.

En conjunto, Recuerdos del primer amor nos muestra la crónica en primera persona de un joven que se enamora de forma platónica y que analiza su propio enamoramiento desde una perspectiva positivista, científica, al tiempo que detalla y comparte los sentimientos que esa experiencia le ha hecho vivir. Es el diario de alguien que entra en un mundo nuevo y que toma notas para recordar tamaña aventura.

No es difícil sentirse identificado con Giacomo Leopardi y con sus apuntes del amor que lo colma. Todos, creo, espero, imagino, hemos experimentado un amor primero, único, eterno y efímero que nos ha transformado, trastornado y marcado a fuego para los restos. La diferencia es que el joven italiano, tal como vaticinó en su diario, se convertiría en uno de los nombres propios de la literatura italiana y lanzaría sus Recuerdos del primer amor a la inmortalidad del papel impreso, publicado y leído.

Me llevo esta joya de Leopardi, junto a otro libro con sus poemas, a la isla desierta para añorar, como él, ese primer amor del que con el tiempo solamente queda un brumoso eco pálido.

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