“Conversaciones con Francis Bacon”, de Franck Maubert

Por Ricardo Martínez.

A pesar de que el artista, en este diálogo culto, abierto y deliberadamente didáctico, llegue a decir que es imposible hablar de la pintura (es más, es de las pocas preguntas ante las que no tiene una respuesta casi inmediata, unido a lo que debió ser una risa contagiosa como interlocutor) lo cierto es que el lector, después de terminar el libro, puede deducir que ha aprendido mucho, no del arte pictórico y sus técnicas, pero sí de todo el entorno cultural, el código de influencias en que se funda una pintura de autor.

Por ejemplo, son reiteradas, y al parecer sinceras, las alusiones a la importancia de la literatura, y en especial la poesía; y lo justifica: por la capacidad de ésta de generar imágenes. Curiosamente no aparece la música, cuya influencia reconoce muy escasa en su sensibilidad, pero sí la tragedia en lo que tiene, bien de deformación de la realidad (el gesto, los cuerpos) bien por los efectos físicos de ésta: la sangre, la herida, el color de la carne viva… Y destaca también el vínculo estético con el arte egipcio: “Adoro el arte egipcio. La estatuaria egipcia es algo que nos está gritando de verdad”.

Como era de esperar, tiene sus iconos artísticos, a los que justifica ‘robar’ algo, en la medida en que el tomar de ellos equivale a aprendizaje propia y a ensanchar su importancia: Ingres, Degas y sus trabajos al pastel, Rembrandt, Velázquez (recuérdese las ‘variaciones’ de Bacon sobre el retrato del papa Inocencio II) y, sobre todo, Picasso: “Todo Picasso. Su abundante obra, tan imprevisible. Si no llega a ser por él creo que yo jamás hubiera tocado un pincel”.

Admite, en este testimonio que parece directo y sincero (alude en distintas ocasiones al valor de la verdad), su declarada homosexualidad desde joven, razón por la cual su padre le expulsó de casa encomendándole a un tutor; su vida disoluta, su adicción a la bebida (“Este vino…, mire qué tonos de rojo… Rembrandt”), su desapego al dinero (traducido en generosidad a veces) y su vínculo apasionado a un instinto que le lleva, inexcusablemente, a pintar. La pintura es su prolongación vital, su ser, su identidad: “Siempre espero algo mejor. Persigo la pintura porque sé que no es posible alcanzarla”.

Pintor y pintura en vivo, al desnudo. Una lectura muy instructiva.

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El olor a sangre humana no se me quita de los ojos. Conversaciones con Francis Bacon

Franck Maubert

Ed. Acantilado, 2012

128 pp. , 12 €

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