Gabriela Guerra Rey:   “Ojalá que el siglo XXI no nos condene definitivamente”

Por: Óscar Alonso

 

 

La autora de Bahía de sal, llega a España con Los amores prohibidos de la muerte (Huso Editorial, 2019), una antología de sus mejores relatos. Nacida en Cuba y radicada en México, en esta entrevista Guerra Rey conversa sobre el mundo que la inquieta y la literatura que la salva.

Pregunta: – ¿De alguna manera la forma la celebración que en México se hace de la muerte ha influido en su libro de relatos?

Respuesta: – No creo que esté vinculado, aunque quizás sí. Uno nunca sabe de dónde nacen las influencias, a veces sí las inspiraciones. Lo que es seguro es que México ha sido una cantera literaria para estos relatos; muy claro en algunos como “Hay pueblos que saben a desdicha”, “Terremoto”, “Violación”, “Cuento transparente”, “Polvo de olvido” o “Lágrimas de sangre, un cuento fantástico que escribí después de conocer al llorasangre, un lagarto espinado autóctono de los desiertos al norte del país.

P: – ¿Qué es la muerte para Gabriela Guerra Rey?

R: – La muerte es la frontera, lo que está del otro lado de casi todo, la línea donde se extinguen el tiempo, la distancia, la nada y el todo. Donde termina la vida y la derrota y nace la eternidad. Es más bueno que malo, por eso la celebro en este libro.

P: – ¿De qué hablan los personajes de los cuentos de su antología?

R: – Hay de amor, de derrota, decepción, pérdidas, de los grandes dramas humanos. También de ilusiones y esperanzas. Hay algunos cuentos inspirados especialmente en el apocalipsis que el hombre ha sembrado; es el caso de Genocidio, de Extinción masiva. Hay un homenaje abierto a algunos escritores que han acompañado mis días de lectora; es una loa a los mundos imaginarios, y una elegía a la muerte.

P: – ¿La literatura es una forma de no morir?

R: – En mi caso es “la forma” de no morir. Escribir literatura es salvarme. Es también una promesa de posteridad.

P: – ¿Le agrada el mundo actual?

R: – No, tengo un grave pesimismo sobre el hoy de nuestra civilización, sobre el camino seguido y los derroteros presentes. Estoy aterrada sobre el futuro. A veces me siento vencida, y luego me digo que no, que hay que seguir, pero mi sentir no cambia gran cosa. Quedan el arte, la belleza, la literatura, el entramado salvaje de la naturaleza, el amor, y tal vez esas cosas sean suficientes para continuar luchando. Hago un voto de eternidad. Ojalá que el siglo XXI no nos condene definitivamente.

P: – ¿Qué le gustaría que recordaran los lectores de su obra?

R: – Las reflexiones que intento; la magia que al menos a mí me posee cuando escribo. Quiero llevarles la belleza del mundo paralelo donde se fraguan las líneas escritas.

P: – ¿Escribe alguna nueva obra?

R: – Trabajo en una novela epistolar, cuyos derroteros terminan en Grecia. De Madrid me voy a Atenas a correr la maratón original y a inspirarme para terminar esta obra, si es posible, este año.

En las últimas semanas he estado enfrascada, además, en el gran relato humano que ha significado para mí los deportes y el vínculo renovado con la esencia que guarda la naturaleza. Está saliendo una especie de crónica de liberación, un exorcismo contra nuestras sociedades modernas y este mundo que vive en el apresuramiento y la superficialidad del tiempo.

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