Desnuda, doliente y confundida, Bárbara Mestanza busca a la verdadera «Pocahontas»

Por Horacio Otheguy Riveira

Bárbara Mestanza firma, protagoniza y dirige el resultado de una creación colectiva en torno a la verdadera Pocahontas, más allá del empalagoso recorrido de la indígena adiestrada para servir al guapo colono que tiene la bondad de llevarla al primer mundo. El resultado es un trabajo experimental que, como tal, busca más que encuentra, pregunta más que responde (la protagonista llega a decir, a toda luz: «¿Quién coño fue Pocahontas?»). Interpreta con ropas de hoy, de época, y sin ninguna ropa, ofreciendo desnudos sin intención erótica, sino con clara propuesta de ser ella misma investigando al personaje y a su vez investigada por los espectadores, desprotegida ante los tópicos, atreviéndose con algunas escatologías y procurando envolver al público en su propuesta.

La tragedia de una niña en medio del salvaje colonialismo «del dios  verdadero» de los ingleses acabó en muerte a los 21 años. Una muerte de señora casada con un inglés en Londres, cuya imagen era la de una dama tan triste que el bravío paisaje de su tierra de origen (Virginia, Estados Unidos) apenas si daba para lágrimas bajo la pertinaz lluvia londinense. Fácilmente convertida en bella, dulce, sabia heroína para la paz entre tribus en su propia tierra y caballeros violadores, murió en marzo de 1617 en la ribera del Támesis, gravemente enferma. El mensaje imperialista la resucitó unos 400 años después en la literatura y el cine.

La tragedia de una niña en medio del salvaje colonialismo obtuvo su mayor impacto en manos de Walt Disney Productions, y desde entonces el nombre del fundador la ronda como máximo culpable, cuando en realidad llevaba también mucho tiempo muerto, concretamente desde 1966 a la edad de 65 años. La Santa y Poderosa Casa Disney sigue generando un caudal inmenso de riqueza, ya incluidas películas para adultos o jóvenes que además de mirarse a los ojos se acuestan de vez en cuando, o adquiriendo otras productoras de similares ambiciones. Un imperio nuevo y Pocahontas continúa su travesía a través de libros y la propia película estrenada en 1995, convertida en teatro musical en 2015.

Clama justicia la barbarie cometida contra los habitantes de toda América, pero en este caso la del norte. El cine de Hollywood dio mucha cuerda a la victoria del hombre blanco, pero en los 70 vio la luz un cine crítico con el mensaje colonial. Hoy se impone nuevo revisionismo con personajes como este. Hoy que continúan diezmando las pocas tribus que quedaban en diversos territorios de América del Sur, mientras en el Norte fueron condenadas a sobrevivir en reservas, aunque mayoritariamente en dramáticas integraciones sociales.

Cuanto más se cuente la verdad de su destino más cerca estaremos del justo desprecio hacia el abuso de poder del colonialismo de todos los tiempos. Para empezar, su verdadero nombre fue Matoaka, y su apodo, Pokahantesú. Que los ingleses convirtieron en Pocahontas: «Divertida». Fue la hija mayor del jefe Wahunsonacock, líder del pueblo indio de los Powhatansu, y de Nonoma Winanuske Matatiske. Secuestrada, violada, juguete precioso de un rubio inglés perdidamente enamorado que la llevó consigo y la convirtió en dama de ambientes donde era un admirable modelo de fémina amaestrada.

Pocahontas o la verdadera historia de una traviesa con Bárbara Mestanza como única intérprete, oscila entre diversos intentos de apresar el material histórico y apreciaciones muy personales. Mima al personaje,  lo profundiza y lo abandona en un intento un tanto desesperado de incluirlo en la violencia hacia las mujeres de la historia, del mundo. Se trata, en definitiva, de un trabajo meritorio pero frustrante para el espectador que de verdad se interese por el personaje y la colonización americana, ya que abandona todo seguimiento riguroso y se lanza a una serie de situaciones alejadas del meollo, aunque con intenciones de acercar al personaje y su tragedia a nuestro tiempo.

Una creación de irregular interés, especialmente recomendable para quienes se interesen más por la vocación de experimentar que por la de un teatro testimonial, aunque de todo hay en esta aventura protagonizada por una actriz con muchas condiciones.

Dramaturgia, dirección e interpretación Bárbara Mestanza

Dirección de trabajo corporal, acompañamiento creativo y apagafuegos Carla Tovias

Ayudante de dirección, mirada externa e iluminación de almas Laia Alberch

Escenografía y ojo externo Judit Colomer

Iluminación y dirección técnica Rubén Homar y Óscar Palenque

Confección de vestuario Núria Milla

Imagen Anna Cornudella

Fotografía Miguel Triano y Laia Alberch

Caracterización Coral Peña

Producción y distribución Maria Rovelló y Júlia Simó Puyo

 

EL PAVÓN TEATRO KAMIKAZE HASTA EL 4 DE ENERO 2020

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