La columna que no tienes que leer

Decíamos ayer.

Acaba de terminar un año, una década y también las vacaciones con las que celebramos el cambio de calendario. En el esquema ineludible de nuestras cosas empieza ahora un año nuevo, otra década y la vuelta a las actividades cotidianas. El regreso a ese lugar generalmente tan infravalorado y al que solemos referirnos con desdén: nuestra rutina.

Desde hace un tiempo, a las saturaciones tan propias de la época (gastronómicas, festivas, alcohólicas y familiares) hay que unir otras que cada vez se instalan con más fuerza. Una de ellas, las listas de libros y, en general, las de recomendaciones culturales.

Es muy fácil que hacia la mitad de las fiestas, a uno ya no le quepa ni una lista más del tipo “los mejores libros del año que termina”, “los libros que marcarán el año que comienza”, “los libros a los que seguir la pista” “mis libros favoritos del año”, “las películas de la década”, “los espectáculos que no te puedes perder en el 2020” … Un bombardeo constante de listas, recomendaciones y rankings desde los medios de comunicación que hace que tampoco quede mucha paciencia disponible para poder gestionar, además, la otra avalancha de recomendaciones que llega desde amigos y conocidos y, casi siempre, formulada en modo imperativo: “Lo tienes que leer”, “no te lo puedes perder”, “la tienes que ver” … La frase “la tienes que ver” parece ser el nuevo villancico navideño, la música de fondo en todas las reuniones, que se repite machaconamente después de mencionar el título de alguna serie. Sí, sobre todo series. Porque la actividad cultural de mucha gente se ha reducido a ver series y, por tanto, sus referencias también. Será porque proliferan como las setas y porque se ofrecen a la carta en un menú disponible las 24 horas, en todo momento y en todo lugar, pudiéndose consumir compulsivamente ayudadas por un sistema que se salta los títulos de crédito y hace comenzar el siguiente capítulo automáticamente antes de que dé tiempo a reaccionar.

“¡La tienes que ver!”. “¡Los tienes que leer!”. “¡Tienes que ir a verlo!”. Apenas han pasado quince días de este año nuevo y uno ya está empachado de escuchar tanta frase en modo imperativo.

Siempre me pregunto si detrás de esas frases tan directivas y autoritarias no habrá algo más que el deseo y la emoción de compartir con el otro. Si no se esconderá también nuestra ineludible necesidad de autoafirmación; de validarnos a través de quien sigue nuestros consejos, imita nuestros actos y da por bueno lo que decimos.

Cada fin de año parece constatarse que las listas de recomendaciones que nos llegan desde los medios son una nueva industria. El aceite del engranaje con el que se crean las modas y tendencias y con el que se engrasa esta máquina de consumo en la que vamos a toda velocidad. Y las que surgen espontáneamente en las reuniones con amigos y familiares, los nuevos referentes culturales a través de los cuales se intenta entender mejor la realidad.

En fin, que habrá que seguir brindando por el año nuevo. Entre otras muchas cosas más importantes, también por una década en la que las listas de libros, películas y espectáculos que nos recomiendan los medios sea independientes y se ajusten a criterios artísticos y no solo de mercado. Y también por que las recomendaciones que suenan y rebotan en nuestras conversaciones estén hechas con más suavidad y dulzura. Quizá baste con que se pronuncien en modo condicional, como una sugerencia, y pensando más en los gustos del otro que en imponer el propio.

Amén.

Fernando Travesí

Fernando Travesí

Escritor y dramaturgo galardonado con el Premio Nacional de Teatro Calderón de la Barca por su obra “Ilusiones Rotas”. Entre su producción teatral se incluyen “Palabras de amor, sangre en la alfombra”, “Tú, come bollos”, “Acuérdate de mí”, “El Diván”, "El espacio entre medias" y "La sensación de no saber estar", representadas en diversos escenarios españoles (incluyendo el de la Muestra de Teatro Español de Autores Contemporáneos) latinoamericanos y estadounidenses. En el ámbito narrativo, es autor de la novela “La vida imperfecta”, (Editorial Editorial Siltolá, España. Editorial Planeta, Colombia) premiada con el Premio de Novela Corta del Fondo de Cultura Económica (Colombia). Es también autor del libro "Peter, Niño Soldado" (Ed. Martínez Roca, Grupo Planeta 2004) y su más reciente publicación e el libro de relatos “El otro lado de las cosas (que ocurren bajo el cielo de París)” (Editorial Siltolá, España)

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