La belleza trágica de «Elizabeth Siddall», a cargo de la belleza sublime de María Giménez de Cala

Por Horacio Otheguy Riveira

El escenario poblado de marcos vacíos y otros objetos sutilmente iluminados. La actriz entra descalza,  camina muy despacio, fantasmal; sus piernas delgadas, desnudas, su cuerpo a medio vestir se va mostrando poco a poco, como los conceptos que destilarán sus palabras, entre informativas y poéticas dentro de una composición teatral delicadamente musical: cada párrafo es pronunciado por María Giménez con un envolvente ritmo melódico. Desde el comienzo es la plena encarnación de Elizabeth Siddall (Londres, 1829-1862), poeta y pintora, mundialmente célebre como modelo de pintores prerrafaelitas, hombres circunspectos que pagaban bien (dentro de lo que se pagaba a las mujeres de ese oficio) y muy mal (teniendo en cuenta los sacrificios que exigían).

María Giménez de Cala camina sigilosa sobre un suelo lleno de flores sobre el que también se tumba, tal y como se ha pintado el sobrecogedor final de Ofelia, la dulce muchacha dominada por padre y hermano y despreciada por el atormentado príncipe Hamlet.

María deambula por el escenario, juega al autorretrato, lamenta y disfruta, pero muy especialmente ofrece un espectáculo asombroso en el que todos los elementos en juego se rigen por una exquisita puesta en escena de Paco Montes. Se trata de una actriz comprometida con el padecimiento de Siddall, fallecida con solo 33 años, víctima de la adicción al láudano, un derivado del opio que fue eficaz analgésico como muchos otros de hoy en día que hacen posible la vida de millones de personas a lo largo de una sumisión destructiva. Láudano que suaviza la soledad de quien es un puro objeto de deseo; que adormece la creatividad reprimida, el andar por la vida a tientas dependiendo de hombres altivos, exigentes. Poseedora de una belleza que solo se coronaba de gloria en las miradas de esos hombres que la recrearon en obras que pasaron a la historia.

Actriz y personaje conviven durante hora y cuarto y ofrecen una representación insólita, de rara emoción, que trasciende la exposición de un monólogo, pues su presencia fascinante y sus maneras elaboradas con precisión profesional, consolidan un acercamiento muy completo a una artista del XIX excepcional. Creemos escuchar las voces que la rodeaban y salimos de la pequeña sala del Teatro de las Letras, tocados por la revelación de haber estado junto a Lizz, acaso también arquetipo de un conflicto femenino atemporal.

Mi trabajo consiste en ser otra

 

No hables, estás mucho más bella en silencio. Quieta Lizz, me tiemblan las manos, no te muevas, no digas nada, me castañean los dientes, calladita estás preciosa, no respires, Miss Sid te pones tan fea cuando protestas, yo te necesito alegre, radiante. Eres mi mayor creación.

¿Lo estoy haciendo bien? ¿Es esto lo que queréis? A veces me siento como un fraude. ¿Qué se espera de mí? Mi trabajo consiste en ser otra, cumplo con un papel. Tienes que contenerte, Guggums. Lo estoy intentando, de verdad que sí, pero complaceros es tan difícil.

La mayor parte del tiempo no sé quién soy. Me busco en los retratos y no me encuentro. Es mi pelo, pero no soy. Es mi boca, pero no soy. ¿Dónde está Elizabeth? ¿Cuál de esas soy yo? Guggums, Gug, Lizzie, Lizz, Sid, Ida… No soy vuestra mascota.

Ya no sé cómo comportarme. No quiero ser la mujer que no molesta, que forma parte del paisaje. Una mujer adormecida, estática, encerrada en una torre y muriendo por amor.

Elizabeth Siddall posa para que su marido, Dante Gabriel Rossetti pinte este retrato, Sancta Lilias, 1874. Un posado entre muchos otros donde se le exigía inmovilidad absoluta, un sacrificio femenino para el placer de grandes pintores obsesionados con la belleza extática, a la fuerza estática.

 

La actriz te mira y sonríe, ¿por qué tengo que vivirte?

¿Por qué has llegado a mi vida?

Tú y yo sin conocernos nos conocemos, las dos nos hemos entregado, porque no entendemos la vida de otra manera, no existe otro camino que el de la supervivencia de la vida a través del arte, la vida sin eso no tiene sentido, en eso coincidimos.

En tus poemas siempre hablas de que vendrán a buscarte cuando te vayas de este mundo…yo pienso que nadie vendrá a buscarme, siento que me marcharé con la bruma, entre la espuma, rodeada de mis pecas, mis personajes. Tú estás conmigo con esos personajes pendientes por hacer y terminados…, todos ellos estarán conmigo y permanecerán en la memoria de los que creyeron que la vida es algo más que una espera continua, el arte nos ha dado un camino precioso para recordar que hemos venido a exprimir todos los momentos de amor y desamor que nos ha regalado el camino …digo esto porque tu vida…está rodeada de eso, de amor, si no hubiera sido por el amor, tú, Elizabeth, mujer adelantada a tu tiempo, te habrías ido, y no te fuiste, te quedaste con el no amor, tu escritura y tus lienzos.

Viviste en la sombra de todos los que te rodearon pintándote y admirándote… Tus poemas y tus pinturas no existían, tú, mujer artista por encima de todo.

Ahora existes en la memoria…, en esa sala verde del Tate, en ese Londres que tanto amaste, en ese cuadro de Ofelia, y han dejado la sala para ti, sólo para ti, el cuadro más visto del Tate Modern London

Tú, Elizabeth…, mujer más observada, mujer más olvidada…

Detrás de Ofelia estás tú.

Seguiré viajando contigo en las olas del Támesis.

Elizabeth Sidall posa para John Everett Millais en 1852 en la representación de la muerte de Ofelia: Fui Ofelia en enero. Cinco horas en una bañera de agua helada y no protesté. Yo representando un cadáver. El médico me recetó láudano y desde entonces no distingo donde acaba el retrato y empieza la modelo.

INTÉRPRETE: María Giménez De Cala

AUTORA: María Giménez De Cala (adaptación de Inés Piñole)

DIRECCIÓN: Paco Montes

FOTOGRAFÍAS DE ESCENA: Hikmet Isin

ESCENOGRAFÍA: Quique Martínez

AYUDANTE DE DIRECCIÓN Y PRODUCCIÓN:: María Gómez
FOTOGRAFÍA Y DISEÑO DE CARTEL: Julia Velázquez
COMUNICACIÓN: Laura Girón y Lucas Browski
COLABORACIÓN MUSICAL: Bruno Axel
AUDIOVISUALES: Ales Alcalde /Rodolfo Herrero
DISEÑO SONIDO: Javier Baillo
TÉCNICO DE LUZ Y SONIDO: Cristina Rodríguez Cejas

PRODUCCIÓN: María Giménez Producciones

TEATRO DE LAS LETRAS. MADRID. SÁBADOS 21,30.

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