Rebeca Matellán y Jorge Kent en «Una novelita lumpen»

Por Horacio Otheguy Riveira

El estilo ultraliterario de Roberto Bolaño (Chile, 1953-España, 2003) se cierra con esta su obra más breve, una exploración sobre la amoralidad del lumpenaje, como subclase social dispuesta a todo con tal de sobrevivir, situación encarnada por la protagonista, una joven huérfana que descubre el vértigo placentero de la sexualidad como prostituta, luego una simple muchacha sin escrúpulos.

Esta trama que transcurre en Roma se desarrolla con empalago grande de palabras altisonantes, presuntamente poéticas, en torno a uno de los varios actores que interpretaron la serie de Maciste (coloso del género peplum italiano), ya retirado por haberse quedado ciego, solitario en un confortable hábitat de quien supo retener lo mucho que había ganado.

En el escenario se concentran cuatro personajes que conviven con desigual fortuna.

Por un lado, la autora de la versión y directora, Rakel Camacho, se alía con Bolaño en la abundancia excesiva de palabras dentro de la pura narración, sin apenas situaciones y diálogos. En escena se cuenta —sin dramatizar— mucho de la novela con escasos diálogos y lo peor del original: frases hechas, reflexiones que no vienen a cuento, relatos de asombros y catástrofes personales de los jóvenes huérfanos protagonistas.

Por otro lado, la puesta en escena enriquece el proyecto con un muy logrado festejo erótico en el que las buenas interpretaciones de Rebeca Matellán y Jorge Kent —gran parte de la acción desnudos— consolidan un viaje verosímil hacia el encuentro del dinero y el horror, del generoso placer y la temible codicia. Lo que consiguen estos intérpretes alcanza momentos de conmovedora intensidad física y notable abandono poético. A su lado, el buen hacer de Diego Garrido (que se marca en off una formidable versión de Il Mondo, la popular canzione de los años 60) y Trigo Gómez apenas tienen desarrollo escénico.

A mi entender, Roberto Bolaño es un escritor sobrevalorado, en gran medida a causa de su prematuro fallecimiento, caracterizado (Los detectives salvajes, 2666, Nocturno de Chile…) por una impetuosa búsqueda de la realidad a través de intrincadas tramas donde lo literario conforma un mundo propio excesivamente engolado, superficial y con también excesiva intertextualidad, plagado de guiños y homenajes, cuando no polémicos planteamientos de otros intelectuales (uno de sus trabajos más superficiales, inútilmente condenatorios sobre colegas tradicionalmente aplaudidos es La literatura nazi en América).

En definitiva, Una novelita lumpen es una experiencia teatral muy válida si se aparta la sobreabundancia de narración y se enfoca toda la atención en lo que expresan los cuerpos desnudos de una joven buscadora de emociones, dispuesta a todo para encontrar una misteriosa caja fuerte, y un célebre actor de cine popular, cuya ceguera le facilita la entrega absoluta a un ser nada fiable. Así, la totalidad resulta gratificante como acercamiento a un asunto rara vez tratado en el teatro: el terrible crecimiento del desclasamiento de la miseria moral y económica, cada vez más fuerte a la sombra de las desigualdades y los recortes del sistema de vida mundial.

 

 

La novela fue llevada al cine por la directora chilena Alicia Scherson bajo el título de Il futuro, filme que fue protagonizado por el actor neerlandés Rutger Hauer y la chilena Manuela Martelli. Fue galardonado con el premio a la Mejor película en el Festival Internacional de Cine de Róterdam.

 

De pie: Jorge Kent, Trigo Gómez. En la escalera, arriba; Rebeca Matellán. Abajo: Diego Garrido.

 

Autor – Roberto Bolaño

Adaptación y dirección – Rakel Camacho

Escenografía – Mireia Vila

Música original – Sammy Metcalfe

Vestuario – Vanesa Actif

Coreografía – Miquel G. Font

Ayudante de dirección – Manuel Agredano

Compañía – La Intemerata

EL PAVÓN TEATRO KAMIKAZE HASTA EL DOMINGO 15 DE MARZO 2020

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