Entrevista a José Luis Rodríguez Ojeda, por «Casi todas mis letras para el cante»

Por Jesús Cárdenas.

José Luis Rodríguez Ojeda es profesor jubilado, poeta y letrista flamenco. Natural de Carmona y afincado en Sevilla hace décadas. Su andadura poética comienza en Consecuencia de andar (1994), le siguen De los primeros años (2010), Sin pensar en el final (2013), Carmona en mi canción del camino. Antología (2017), No se engañe nadie (2019) hasta llegar a Casi todas mis letras para el cante. Premiado en distintos certámenes literarios y de letras flamencas, destacando el accésit del premio Luis Cernuda. Su discurso poético parte de lo confesional hasta trascender la anécdota gracias al uso del lenguaje. Su maestría en la combinatoria de las palabras es absoluta. Rodríguez Ojeda acarrea materiales de las canteras populares, pule hasta dejar los versos en mínimos, en destellos esenciales, que llegan, naturalmente, hasta los lectores con un cariz actual.

 

Conocemos las estructuras métricas, las composiciones populares, pero qué poco nos enseñaron sobre su cadencia musical o compás. ¿No te resulta curioso que a los filólogos no se nos haya preparado musicalmente de este género?

Curioso y sorprendente, sobre todo, cuando gran parte de la lírica tradicional, desde la Edad Media, era cantada y acompañada por instrumentos. Pero a la música tradicional o popular se le ha dado poca importancia; y no digamos, a la música del flamenco, siendo tan variada en palos y estilos.

Supongo que te habrán preguntado más de una vez, cómo entraste en el “mundillo flamenco”, ¿por conocimiento literario o musical? ¿En qué época aparecen fundidas la faceta de creador a la de aficionado?

Todo ha sido un proceso muy natural. Desde niño me gustaba la poesía. Recuerdo que me aprendía, con ocho o nueve años, los poemitas que venían en los libros de texto, sin que el maestro lo pidiera. Lo hacía para mí.

En cuanto al flamenco, no era ajeno a mi ámbito familiar; sobre todo en casa de unos tíos míos, cuyo hijo mayor, que era mi padrino, cantaba y tocaba la guitarra. Este primo mío era bastante amigo, entre otros, de Antonio Mairena, a quien llegué a conocer y tratar. Yo, además, siempre tuve guitarra y, aunque nunca aprendí a tocarla bien, desde los trece años, poniendo algunos acordes básicos, tarareaba algunos cantes con sus letras clásicas u otras creadas por mí. Las que más me interesaban eran las de tema amoroso, claro. Ya en esta época Bécquer estaba muy presente también en mis lecturas; hasta tal punto que me sabía de memoria muchas de sus rimas. Más tarde, con diecinueve años, conocí a Calixto Sánchez a través de mi primo, al que me referí anteriormente. Ahí empezó todo. Fui tomando muy en serio la creación de letras, con una pasión desmedida y desarrollando conocimiento y oficio a lo largo de los años.

Me pregunto cuáles serán los orígenes del amante del flamenco, pero ¿desde cuándo escucha flamenco José Luis?

Por lo anteriormente expuesto, se puede deducir que desde siempre. Pero, además, se dieron muchas casualidades para que viviera, por ejemplo, fiestas flamencas en casas de algunas familias gitanas. Cuando estaba en cuarto de bachiller, es decir, con catorce años, llegó a estudiar a Carmona interno Paco Mora, gitano que tocaba muy bien la guitarra, habiendo sido discípulo directo del mítico Diego El del Gastor. Hicimos gran amistad y, a partir de entonces, pasaba temporadas en su casa, donde la ceremonia de cante y reunión era frecuente.

La poesía configura un mundo que está cifrado, ¿y la letra flamenca necesita también de intérpretes?

La letra, al ser tan breve y directa, no suele tener un código complejo. De ahí que tenga ese carácter universal, en el sentido de que cualquier persona, tenga o no formación, pueda entenderla y emocionarse con ella, ya que parte de elementos sencillos y cercanos a la realidad común. No obstante, hay letras en las que se da cierta ambigüedad, que no dificulta la emoción inmediata como la que se produce en las de mensaje más directo. Y, además, son letras que te hacen pensar y buscar su interpretación. Eso es profundidad también. Por cierto, creo pertinente decir que para mí la denominación más certera referida al cante flamenco es la de cante jondo.

Considerándome un neófito en la materia, el flamenco toma formas estróficas de la lírica, sin embargo, hay otras como la soleá o la seguidilla gitana que han revertido en la poesía, ¿a qué piensas que se debe este trasvase?

Sí, la seguiriya y la soleá (soleá de tres versos, principalmente. En el cante de soleá hay estrofas de cuatro versos también). Son, a mi entender, dos de los cantes más hondos y con las letras de mayor altura literaria; precisamente por esa combinación de sencillez y profundidad. Tal vez por esta razón llamara la atención de poetas, desde Bécquer, Ferrán… Fundamental fue, en este sentido, la recopilación de letras anónimas hecha por Demófilo, padre de los Machado, que, en la introducción y notas del libro, ponía de manifiesto la alta calidad de estas composiciones. Así, los poetas que se han interesado por la poesía de las coplas flamencas constituyen una larga nómina, y muchos de ellos han hecho uso de estas formas estróficas (especialmente de la soleá de tres versos) con más o menos continuidad hasta nuestros días.

En su conferencia sobre el cante jondo, García Lorca señaló que las características principales de la poesía flamenca eran, “en primer lugar, la intensidad y el patetismo en el tratamiento de ciertos temas, como la muerte, el llanto, la pena”, ¿hemos visto una confirmación o avance sobre ellas?

Muchas de las letras que aún se cantan hoy vienen del siglo XIX. Por lo tanto, Lorca las conocería. Su conferencia, por ejemplo, de 1922 en Granada con motivo del Concurso de Cante Jondo, no deja de ser un texto literario en el que hace hincapié en esos rasgos, que hoy se mantienen, por el efecto lírico que imprimen. Pero no todo es patetismo. Podemos encontrar letras que, con un apunte o abstracción lírica, expresen una situación cotidiana de cierto talante estoico para poner distancia a la crudeza de la vida.

Se podría poner en un peso para ver si la diversidad de palos con los que cuenta el flamenco pesa más que los del género poético. José Luis, si tuvieras que decantarte por uno, ¿por cuáles lo harías?

Ya he comentado que la seguiriya y la soleá me gustan mucho por la hondura que conllevan expresada con tanta concisión. Estos dos cantes tienen una variedad de estilos impresionante. En la soleá, en concreto, aparecen casi todos los temas y tonos que podemos encontrar en el flamenco en general. Dicho esto, también me gusta componer estrofas de cinco versos (de fandangos y derivados: abandolaos, malagueñas, granaínas, cantes de Levante…), pues considero que estaban poco evolucionadas; o, incluso, muchas, que son de dudosa calidad literaria; especialmente las letras de fandangos, tan de moda a partir de la segunda mitad del pasado siglo. Siendo los fandangos musicalmente tan ricos y contando con tantos estilos, su contenido literario era bastante tópico y retrógrado. De este modo, yo procuro hacer estrofas con todos los versos rimados y en consonante (quintilla o similar), pues creo que ayuda su sonoridad a la melodía. Y con respecto al contenido, mi intención era dar a los temas otra perspectiva ideológica, entendida de forma muy general.

Se dice que la copla flamenca se ajusta a las modalidades del dialecto andaluz en sus rasgos fónicos y morfosintácticos, sin embargo parece contener distintas variedades dialectales en el nivel léxico, ¿podrías explicarnos cuál es tu visión como filólogo y autor?

En los llamados cantes básicos (toná, seguiriya, soleá, tangos…), aunque esta denominación parece superada, el léxico más característico es el del triángulo Sevilla-Jerez-Cádiz. En otros cantes, como los de Levante, encontramos muestras de variedades del andaluz oriental, como es lógico; o términos específicos del trabajo de las minas. Pero no hay gran diferencia, si exceptuamos detalles como los diminutivos en –ico; no por tanto en el léxico de forma manifiesta y diferencial.

Uno de los aspectos más interesantes es que, siendo el léxico de las letras flamencas bastante reducido, procediendo algunas palabras del caló o del habla de germanías del siglo XIX, o siendo arcaísmos, gusta escucharlas. Algunas de estas palabras las usan los flamencos en ciertas conversaciones como juego cuando tienen que tirar de ironía.

Tus letras han sido grabadas por más de veinte artistas del cante (Calixto Sánchez, José Parrondo, Miguel Vargas, Curro Malena, Manuel de Paula, Rubito Hijo, Laura Vital…), ¿podrías contarnos cómo ha sido el proceso creativo en estos encargos? Seguro que atesoras alguna que otra anécdota.

El proceso suele ser siempre el mismo. Como explico en el libro, en Nota del autor, una vez que tengo claro los palos y estilos que va a grabar el cantaor o interpretar en un espectáculo, repaso dichos estilos escuchando a cantaores clásicos de mi interés para meterme de lleno en el espíritu de cada cante. Después copio la letra para ver la métrica, las pausas, las respiraciones, etc. Una vez que tengo clara y memorizada su estructura, empieza la creación. En este estadio tarareo múltiples veces el texto cantable, hasta que considero que ha adquirido carta de naturaleza flamenca. Seguidamente lo escribo y lo leo numerosas veces también, hasta que me convenzo de que se le puede dar consideración de forma poética. Entonces le paso las letras al cantaor/ora que me las solicitó. Procuro, desde luego, que su interpretación en el cante sea de la forma que yo las concebí; siguiendo, naturalmente, los criterios del palo, estilo y aire correspondientes.

¿Alguna anécdota? Son muchas, como muchos los años de relación “profesional” y de amistad con cantaores, donde el sentido del humor hace de contrapeso, antes o después, de tan desgarrada interpretación de los cantes. Pero más que una anécdota, comentaré una situación referida a cómo hacen suya, a veces, los cantaores mis letras. En más de una ocasión, alguno ha cambiado una palabra o una expresión, para él más cercana, y el resultado ha podido hasta mejorar la letra, aunque no siempre.

Casi todas mis letras para el cante, recientemente editado por la editorial Anantes, es una compilación de tus creaciones para ser cantadas, me pregunto si están todas las que son, o solo las que han sido publicadas en discos. ¿Es este un homenaje o deuda pendiente a todos esos cantaores?

No están todas las que son, de ahí el “casi”, algo irónico. Algunas letras grabadas no han sido incluidas por tener cierta irregularidad métrica –propia del cante por el que se interpreta- y resultar extraña y cacofónica su lectura. Igualmente, no aparecen coplas que fueron concebidas como poemas, ya publicadas en algunos de mis libros. Sin embargo, sí he incluido, como muestras, las letras de dos cantes pertenecientes al espectáculo Ancá Paula (Bienal de Flamenco, 2010).

Pero el “casi” también responde a una razón más prosaica: la de mi dispersión, es decir, letras de primeros discos que no he podido localizar ni, por tanto, seleccionar para el libro. De hecho, un amigo, después de salir el libro, me mandó unas cantiñas grabadas por Curro Malena, que sí hubieran ido en el libro.

Siendo sincero, en el planteamiento de esta obra nunca estuvo la idea de homenajear a los cantaores/as. Solo hay dos homenajes explícitos en dos cantes grabados, en el apartado de Otras composiciones, al cantaor Miguel Vargas y al pintor y poeta flamenco Francisco Moreno Galván, ya desaparecidos. Por supuesto, tengo en cuenta a todos los cantaores y cantaoras en el capítulo de agradecimientos.

Entre los motivos predominantes figuran el amor y la muerte, estoy seguro que el lector encontrará algunos más, ¿es así?

Las letras son para mí –entiéndaseme- poesía de la “experiencia”. Por ello, se dan los temas y subtemas propios de la consecuencia del vivir: amor-desamor, paso del tiempo, muerte, la reflexión sobre dicha experiencia de vida (la mayoría de las veces, desde su lado más negativo); y, cómo no, referencias a valores y principios de igualdad, justicia… ; aunque de forma muy sutil y siempre bajo la mirada del “yo” lírico. Hay también referencias a lugares, a personajes –flamencos o no-; incluso a los propios cantes o su historia. En mi caso, hay, por ejemplo, en el libro un romance, entre histórico y lírico, dedicado a Carmona; o unos Aires de vidalita y milonga: De Támiris al zimrah, un poema, prácticamente, que es un homenaje a la música desde sus orígenes, teniendo en cuenta la mitología.

¿Podrías explicarnos por qué el tono de las letras flamencas aspira siempre a la profundidad? ¿Acaso todas deben pellizcarnos?

El “pellizco” goza de la mejor prensa entre los flamencos, y yo me sumo a esa consideración. Lo que ocurre es que ese “pellizco» puede producirse por distintas vías, y no siempre ha de ser estremecedor. La profundidad no solo está presente en letras de reflexión concienzuda. Puede estar en una letra intrascendente en apariencia; en un requiebro o una burla (mejor si el objeto de la burla es el personaje poético, para vernos ante el espejo con las miserias propias del ser humano.

Sabemos por grandes flamencólogos como Demófilo, García Lorca, Félix Grande, los rasgos más peculiares, uno se pregunta hasta qué punto es, realmente, necesario profundizar en el flamenco para conocerlo.

No es necesario profundizar para degustarlo. Claro, el conocimiento siempre es importante. Sabemos, aunque las cosas están como están hoy, que conocer, estudiar… es una forma de disfrute. Cuanto más se conoce, más interés nos despierta el flamenco y su literatura. Como dice el verso o tercio de una letra de cantiña: «El conocimiento la pasión no quita»… Creo que, más bien, al contrario.

Según el trato que reciben la cultura y la educación por nuestros gobernantes, ¿consideras que ese está haciendo todo lo posible por fomentar y difundir el flamenco lejos de los tópicos?

No lo suficiente. Es más, yo tengo una experiencia nefasta. En los años 90 coordiné un grupo de trabajo que elaboró unidades didácticas con grabaciones en audio y video para incluir el flamenco en el currículum. Se hicieron letras acordes con los intereses de los alumnos y alumnas según niveles y partiendo de sus intereses, bajo los principios de lo que empezaba a llamarse ejes transversales. Aquello quedó en nada. Debo decir que se ha avanzado bastante, pero gracias a la voluntad de personas o grupos de personas que se han organizado por su cuenta, llevando a cabo actividades de extraordinario interés. Pero repito: gracias a su voluntad y a costa de su tiempo.

Por la extensión que ocupa este libro y por tus aportaciones a las letras flamencas, ¿se diría que representa un fin de etapa o un golpe de timón? ¿Qué otros proyectos literarios tienes en mente?

Es, al menos, un “casi” final de etapa. Recurro de nuevo al “casi”, pues nunca se sabe si surgirá algo que me interese mucho y me haga volver a las “andadas”. No lo creo. Una vez terminado el libro, veo que he manejado todos (o “casi”, otra vez) los temas, tonos y formas del código flamenco, aportando hasta nuevas estructuras y maneras de combinarlas. Debo parar, entre otras cosas, por no repetirme.

Sí, tengo proyectos relacionados, como la grabación de una serie de documentales, de carácter divulgativo, sobre las letras del cante y su literatura, en general. Y, desde luego, mi gran proyecto ahora es leer y seguir escribiendo poesía –para entendernos- culta.

Por último, ¿podrías dejarnos alguna composición que represente Casi todas mis letras para el cante?

Incluyo dos textos: uno, las tres estrofas que aparecen en la contraportada, dos letras de cuatro versos de un cante por soleá, y una letra de tres versos de un remate de toná. El otro texto, más novedoso en cuanto a contenido, forma, tema, etc.; casi podríamos hablar de un poema cantado, que aparece en el apartado OTRAS COMPOSICIONES, por llevar unidad temática todas las estrofas… Es: AIRES DE VIDALITA Y MILONGA, De Támiris al zimrah)

 

Por muchas cosas que veo

yo nunca hablo de nadie,

lo digo porque no quiero

que de mí tampoco hablen.

 

Y algunas cosas no busco

aunque me dieran la gloria,

que no siendo de mi gusto

lo más bendito me sobra.

 

Y será… Será

lo que diga el tiempo.

El tiempo dirá.

 

AIRES DE VIDALITA Y MILONGA (De Támiris al zimrah)

Soy Támiris, el cantor

aquel del que hablara Homero.

Yo era el músico mejor

y el poeta más certero.

Pero, viéndome el primero,

las musas, por mi osadía,

me convirtieron un día

en el último coplero.

 

Hasta perdí la visión

y, en un ataque de ira,

también ciego el corazón,

renegando de mi lira

la tiré al río Balira

con mi desesperación.

 

Aunque ya en La Tracia entera,

en sus campos y ciudades,

y antes de entrar yo en El Hades,

mi obra famosa era.

Así cumplí mi deseo:

que fuera mi creación

parte de la tradición

junto a los himnos de Orfeo.

 

Vivo sigo en la memoria,

en La Leyenda o El Mito;

y, al quedar mi nombre escrito,

vivo también en La Historia.

Este es mi honor y mi gloria,

es mi orgullo y mi alegría:

saber que con nuevos sones

sobre mi antigua armonía

hoy se llega todavía

a profundas emociones.

 

Te agradezco, Jesús, esta entrevista, ha sido un placer dialogar contigo, de poeta a poeta. Gracias también a «Culturamas», por acogerme y hablar de Casi todas mis letras para el cante. Sobre todo, porque no siempre se atiende desde la cultura y/o literatura este tipo de composiciones.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *