‘Lo viral’, de Jorge Carrión

Lo viral

Jorge Carrión

Galaxia Gutenberg

Barcelona, 2020

176 páginas

 

Por Ricardo Martínez Llorca / @rimllorca

Lo llama falso diario, o incluso diario fake, el propio Jorge Carrión en algún momento en que precisa explicarse. Y, sin embargo, la parte más interesante de este Lo viral se corresponde a algo que, con atrevimiento, nos atreveríamos a calificar como metadiario. La división tipo diario, o dietario, permite a Carrión reproducir breves reflexiones sobre distintas versiones de ámbito cultural, social, actual. Las más interesantes, a juicio del que escribe, se corresponden a las que hacen referencia a la esencia de los propios diarios: su valor terapéutico, su sentido de liberación, su improvisación y, por tanto, sinceridad literaria. Claro que para ello se vale de ejemplos tan obstinados como consistentes: Cesare Paveses, Susan Sontang, Kafka y, sobre todo, Julio Ramón Ribeyro. Los apuntes y el sentido que busca Carrión en ellos dan pie a pensar en un posible ensayo, en un diario de diarios.

Pero, por ahora, este libro no pretende buscar otra profundidad que no sea la de la textura, pues las cargas más contundentes vendrán en el futuro. Carrión ha demostrado mucha solvencia para el ensayo largo, tanta como para el pensamiento condensado, divergente, ese tipo de ideas que son a la par pregunta y respuesta, que durante unas largas temporadas nos regaló en redes sociales. Carrión es fiel a esta época, manteniéndose, a la par, fiel a los grandes clásicos: “El tiempo de whastapp, correos electrónicos, textos de redes sociales, documentos de trabajo, respuestas de entrevistas, artículos, proyectos y libros no deja tiempo para la escritura de la intimidad”. Seguramente porque el tiempo del cronómetro no deja tiempo para el tiempo de la emoción, que no se rige por relojes ni calendarios.

El doble entrenamiento, el ensayo y el post, le permite afrontar esta urgencia, impuesta por el encierro, en la que se habla de la enfermedad, de la lectura, del márquetin, de la inteligencia y los sentimientos, o se cuestiona si esto que estamos viviendo en el siglo XXI se puede seguir llamando cultura. Una pequeña relación de términos que aparecen en el libro clarificarán a qué nos referimos en esta última línea de la enumeración: meme, viral, Big Data, Telebasura, influencer, App, algoritmo. Sobre ese humus nos hemos visto obligados a encontrar maneras de sobrevivir a un confinamiento, a una agresión global, que encuentra paralelismos en documentos, ensayos que ha ido leyendo Carrión en esta temporada, o en las descripciones de pandemias que relató Tucídides. Aunque si uno se viera obligado a decantar cuál es la intención de Carrión, se siente tentado a mencionar la adaptación del lenguaje; para narrar una nueva situación en un contexto que se ha modificado tan deprisa en los últimos años, sería necesario volver a definir cada palabra. En buena medida, ese trabajo que va desarrollando el autor contribuyen a la sensación de metadiario.

En escasas ocasiones menciona términos bélicos, pues ese lenguaje ha sido un error que han podido denunciar quienes mejor conocen el sentido de las palabras. Sin embargo, hay un término que aparece en una única ocasión y que mantiene su vigencia, por su polisemia, que ahora se ensanchado: derrota. Este episodio, este paisaje que ha dejado en nuestras vidas un sentimiento de tierra quemada, nos recuerda la frecuencia con que somos derrotados, la necesidad de aceptar la derrota y, a la vez, la necesidad de la rebeldía, de revolverse contra los intentos de domesticarnos, contra los intentos de doma. Jorge Carrión lo hace con las herramientas que mejor sabe manejar, denunciando este zumbido de enjambre que nos ha quedado en los oídos y que perdurará demasiado tiempo, tanto del que se mide por el reloj como del que se mide por las emociones.

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