Reseña de «Hábil poroso», de Tobías Campos Fernández

Hábil poroso: una poética del ángulo

Por Mario Álvarez Porro.

Decía Dulce Chacón en uno de sus poemas que «los nombres distraen mucho”, que «no ha de cambiar el mar / si lo llamamos humo”. Así, que por qué no, «cambiemos el nombre / de las cosas, / o mejor, / pongamos un nombre / cada día.” […] “Llamemos exageración / a la luna. / Llamemos a nunca / todavía.”

Tobías Campos Fernández (Sevilla, 1968), licenciado en derecho por la Universidad de Sevilla, lleva al extremo este planteamiento en el poemario titulado Hábil poroso (colección raro Pegaso, Ediciones en huida, 2020), movido por la fuerte convicción de que nuestro lenguaje ordinario se arrastra ya gastado, en nuestro día a día, y que debemos no buscar sino encontrar un lenguaje extraordinario que renueve nuestra absurda cotidianidad. Le avala una dilatada trayectoria poética en la que destaca una experimentación radical en su aspecto lingüístico-filosófico frente a la poesía figurativa de cuño realista que domina el panorama lírico actual. Sin embargo, no es hasta la publicación de su poemario Zona (Ediciones en huida), seguido por Llave blanca (ediciones Baile del sol), que esta faceta o aspecto esencial de su poesía se intensifica de manera sustancial, bordeando el «no sentido”, extrayendo resonancias, vibraciones y fraseos. Como él mismo dirá, “el sentido es la doma”.

No es, por tanto, gratuita la cita inicial de Esteban Pujals Gesalí perteneciente al prólogo a La lengua radical. Antología de la poesía norteamericana contemporánea: «Se trata, pues, de la boca sin fondo abierta  / a lo sin forma del sonido, a las infinitas posibilidades / combinatorias del balbuceo, donde los ceros muestran / su potencia de apertura y de alegría sonora”.

Como nuestro autor enuncia, “qué es cada palabra, sino otra cosa”, en su deseo de desvincular poesía como magma de un determinado relato lógico estructural. Lo no entendido como posibilidad. Desnacer o desdecir la poesía serán pura convicción lingüístico-poética aquí:

Como si el día

dinamitase la ventana,

como si la explosión

fuese nadie vibrando

y el resto de comida

convaleciera en ondas,

como si los heridos tomasen

agua de los muros, y los

jarrones que no caen

pactaran con lo inmóvil

su regreso a las ramas.

Voluntad de rehacerse escritura y lector, de renacer o redecir con otra naturaleza. De esta manera, el poemario se estructura como un extraño diccionario terminológico donde palabras como «arpillera», «anzuelo», «soberbio» o «tubo» titulan cada poema, y toman nuevas y sorprendentes acepciones a través de él. Las implicaciones lingüísticas son inevitables, pues el autor pretende romper lo que Ferdinand de Saussure llamó «esencia pura», disociando significante y significado para que se recompongan de nuevo en una especie de nuevo éxtasis lingüístico, «lo himno”, o, como él mismo confesará, que no se recompongan nunca, en una crisis permanente de escritura y lectura. Poner en crisis el decir. De esa crisis quizá surja algo diferente algo distinto con nuevas fuerzas de vibración:

BINOMIOS

todo por desconocer.

la luz y los binomios

tosen como faunas.

el topo de un hambre

solicita su origen, el

regreso a los bordes.

A estas alturas, las fuentes literarias de las que bebe hábil poroso son necesarias para su comprensión por parte del lector. Es indudable, pues, la fuerte influencia que ejerce en él la llamada vanguardia histórica. La ausencia de mayúsculas en muchos de sus poemas encuentra antecedentes vanguardistas que aluden a la naturaleza fragmentaria y nihilista de la poesía. Desde el Dadaísmo promulgado por Tristán Tzara con su vuelta al balbuceo primigenio, al origen del lenguaje para volver a nombrar un mundo destruido tras la I Guerra Mundial, o del Creacionismo de Juan Larrea, influenciado a su vez éste por Vicente Huidobro y su «Non serviam», en la búsqueda de una imagen múltiple donde se diesen nuevas asociaciones insospechadas, pasando por el Surrealismo tan particular, practicado por Juan Eduardo Cirlot, donde las permutaciones sintácticas y semánticas son característica primordial, hasta llegar a una poética del absurdo en la que Samuel Beckett plasma la desintegración de un mundo, de un yo y un lenguaje exhausto:

HUECO

decir la mano

por la lente.

sea el paisaje

larva dactilar,

hueco maestro.

Las conexiones musicales son, llegados a este punto, también forzosas. La interrelación de poesía y jazz en Hábil poroso parece evidente ya que tienen una misma naturaleza, parten y finalizan de un descomponerse para volver a formarse después y así sucesivamente, «abrir la voz, cerrarla”. Así pues, el relato poético se va articulando por poemas intitulados y en cursiva que marcan el final de un movimiento y el principio de otro como si se tratase de diferentes versiones de un mismo tema delirante.

Hay en todo el poemario un sentido salvaje y primario de las asociaciones libres y musicales como si de una explosión o erupción lingüística se tratara. Un punto cero del lenguaje poético desde el que germine nuevo e indomable, «un caballo imprevisible que a veces conseguimos detener en un verso”. Y es que, como escribiera José Ángel Valente: “Hay un lenguaje roto, / un orden de las sílabas del mundo. / Descífralo”. No es tanto lo que se dice ni cómo se dice, sino las sensaciones que transmite, la sensación primigenia del lenguaje poético antes de su domesticación y su automatización. El vértigo lingüístico-poético desde una escritura dislocada, una mirada abierta a la luxación del sentido más allá de paralelismos y reproducciones en serie. Tobías compone aquí toda una poética del ángulo:

ÁNGULO

filmar diez veces

la onceava,

el hueco,

lo que veloz

desnombra.

Sin duda, se trata de una reacción más de la propia poesía al intento de apropiación de la misma por parte de quienes la creen a su servicio. «¡Vanitas vanitatum, omnia vanitas!» Por tanto, no es de extrañar que Tobías Campos declare que: «Veo demasiadas poéticas multicopias donde las estructuras del relato poético se estiran hasta la saciedad de lo reiterado. El lenguaje siempre tiene sentido, pero no el que nosotros exploramos para nuestra cómoda utilidad”. Por eso, como dice un poema de Felix Morales Prado, «llegará un día en / el que las palabras / sean signos extraños, indescifrables, / sobre viejos papeles, / y , en medio, el misterio, / vuelvan a recobrar su ser perdido”. Hábil poroso es, ante todo, un desconocer todo, que, para bien o para mal, no dejará indiferente a nadie ya que quizá sea esa su finalidad, remover la piedra de la fosa en la que se encuentra el cadáver que es hoy el lenguaje para luego encontrar un utópico ideolecto poético que nos resucite de nuestro día a día y «a partir de aquí / se propuse diferentes soy tú, / pero el texto, las crines, la alambrada…».

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