Sueños de un seductor, la divertida propuesta veraniega de Paso-Azorín

Por Ana Riera

Allen Stewart Konigsberg, o como le conoce todo el mundo Woody Allen, escribió Play it again, Sam (Sueños de un seductor) en 1969, poniéndole por título una de las frases más famosas de la cinta Casablanca (Michel Curtiz, 1942). No era su primera incursión en el mundo teatral. Este genial autor obsesionado con el sentido de la vida, el amor, el sexo y el psicoanálisis ya había escrito la pieza de teatro Don’t drink water (No te bebas el agua) en 1966, y lo haría de nuevo en 1981, The floating bulb (La bombilla que flota), su única obra dramática, en 1995, con Central Park West, y en 2003, con Writer’s block (Bloqueo creativo).

 

Para celebrar la reapertura de los teatros, Ramón Paso y la compañía PasoAzorín han decidido deleitarnos precisamente con una divertidísima versión de la obra Sueños de un seductor, una de las mejores piezas teatrales de Woody Allen, de la que él mismo protagonizó una versión cinematográfica en 1972, dirigida por Herbert Ross.

Allan Fix, un crítico de cine cuarentón, acaba de ser abandonado por su esposa, Nancy, quien, tras tildarlo de aburrido y poco atractivo, ha decidido cambiar las monótonas tardes de cine que solía compartir con él por emociones más fuertes, como recorrer Europa en moto, hacer submarinismo y tener aventuras con distintos hombres. Allan está destrozado y se siente muy vulnerable. Ayudado por su mejor amigo, Dick, un adicto al trabajo que se pasa la vida pegado al teléfono, y su pareja, Linda, se lanza a buscar una nueva compañera sentimental. Pero la misión resulta más complicada de lo esperado. Sobre todo, porque Allan se empeña en emular a uno de sus mitos cinematográficos, Humphrey Bogart, con el que tiene muy poco en común.

Para esta versión, Ramón Paso ha acudido al texto de Juan José de Arteche, que fue el primero en traer esta pieza a España, en 1980, bajo el título de Aspirina para dos. El resultado es un montaje divertido e ingenioso, perfectamente ensamblado, en el que todo fluye con una precisión milimétrica. Está claro que la materia prima de la que parte es muy buena. Woody Allen es célebre por su habilidad para construir diálogos cómicos y situaciones inolvidables. Pero el gran acierto de Ramón es conseguir que no se pierda ni una pizca de su chispa durante el proceso de traducción y adaptación. De hecho, logra sacar un gran partido al sarcasmo que impregna todos los textos y a las situaciones jocosas que se suceden a lo largo de la obra.

Arriba, César Camino y Ana Azorín. Abajo, Inés Kerzan.

César Camino es el encargado de representar a Allan Fix y lo hace a las mil maravillas. Se nota que ha captado el carácter neurótico, pero a la vez entrañable, de este singular cuarentón. Resulta una delicia verle interpretar a ese tipo frágil y torpe, terriblemente hipocondríaco, que se empeña en ser alguien que no es y jamás será, y que se refugia en la ironía para evitar el ridículo y no sucumbir a la desesperación.

Ana Azorín, por su parte, está encantadora encarnando a la insegura y también algo neurótica Linda, la amiga que quiere ayudarle porque es el mejor amigo de su pareja y porque le inspira ternura, y que acaba descubriendo que podría ser su alma gemela.

Ángela Peirat, César Camino.

Inés Kerzan, a pesar de salir solo a fogonazos interpretando a Nancy, la alocada ex esposa de Allan que ha decidido abandonarlo en busca de una vida intensa y llena de aventuras, lo borda. Y Ángela Peirat (foto derecha) nos ofrece toda una lección de teatro interpretando a las distintas parejas potenciales de Allan, desde la bailarina fiestera a la ninfómana, pasando por la siniestra suicida o la inocente estudiante de cine que idolatra al maestro.

 

Normalmente, los papeles de Dick y de Humphrey Bogart los interpreta Carlos Seguí. Pero el día que vi la función había sufrido un percance y tuvo que ser sustituido. Jordi Millán se encargó de interpretar a Dick y estuvo fantástico haciendo de amigo histérico que se pasa la vida dando números de teléfono para que puedan localizarle y divertidísimo en el gag de marido despechado italiano. Jordi (foto izquierda) es un habitual de la Compañía PasoAzorín, con ya numerosas interpretaciones muy atractivas, como las desempeñadas en La importancia de llamarse Ernesto y Las leyes de la relatividad aplicadas a las relaciones sexuales.

El consagrado en tantas intervenciones inolvidables Sergio Otegi debuta con esta Compañía en la generosa misión de sustituir a un compañero en poco tiempo. Se metió en la piel del hombre duro por antonomasia del celuloide. Con su sempiterna gabardina, su sombrero de ala ancha y sus aires de estar de vuelta de todo, derrochó magnetismo en todas sus apariciones, rodeado por un elenco realmente óptimo que deja traslucir una gran labor de equipo, siempre dispuestos a afrontar solidariamente. Hasta la definitiva recuperación de Carlos Seguí, Millán y Otegui sacarán adelante con gran profesionalidad sus personajes.

El acertado juego de luces propuesto por Carlos Alzueta nos ayuda a distinguir la realidad (lo que le ocurre realmente a Allan) de la ficción (las escenas con Bogart, producto de su imaginación, las escenas que imagina), y también el pasado (la ruptura con su mujer y otras situaciones vividas con ella) del presente (sus salidas con Dick y Linda en busca de una nueva pareja). Así pues, es un claro ejemplo de cómo la iluminación puede estar al servicio del montaje y enriquecerlo.

Tratar de ser otro, aunque ese otro sea Humphrey Bogart, casi nunca funciona. Por bueno que sea el modelo, no se puede dejar de ser uno mismo ni sentirse a gusto en la piel de otro. Lo que sí podemos hacer es sacar alguna enseñanza que nos sirva. Aunque sea para dejar partir a la que podría ser el amor de tu vida.

En definitiva, una propuesta genial con mucho humor y amor, ideal para reencontrarse con la magia del teatro.

SUEÑOS DE SEDUCTOR. TEATRO LARA. DESDE EL 17 DE JULIO 2020

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