Concha Velasco en «La habitación de María»: un triunfo familiar

Por Horacio Otheguy Riveira

Todos queremos a Concha, para muchos aún Conchita. La queremos en sus trabajos mayores y menores, así de ida y vuelta es el teatro nuestro de cada día, y es que de cualquier manera y en cualquier género, su talento ha traspasado el escenario con el fiero amor por su trabajo.

Hace muchos años, triunfando en el cine con diversas comedias y empezando a catar el teatro, ella quería otra cosa, quería aprender, una constancia en cualquiera de sus conversaciones: «Yo sin los directores no soy nada»; «desde joven siempre quise aprender más, salir de las costumbres, no acostumbrarme nunca a nada». Y se hizo muy amiga de José Carlos Plaza, un actor-director con mucha formación académica y una trayectoria en las antípodas de la carrera de la Velasco. Una amistad muy profunda que fue creciendo desde aquellos días en que Conchita quería tomar clases de teatro y un maestro de gran prestigio no quiso saber nada con su «desformación comercial», y entonces ni corta ni perezosa asistió a cuantas clases pudo como oyente. Nunca perdió esa ambición: aprender, aprender, aprender.

Aquel gran maestro se equivocó. La chica ye-yé se abriría camino entre las más variadas obras con los más granados directores de cine, televisión y teatro. En todas partes, un esfuerzo grande, un ansia de crecer como persona y actriz, dejándose llevar por la imaginación y el propio empuje de José Carlos Plaza que la animó y con el tiempo la dirigió en musicales, dramas psicológicos y tragedias. Ahora está aquí, nuevamente, integrando la gran familia que arropa a la primer actriz de 80 años con una mala salud de hierro y un sentido del humor pertinaz, cargado de infinita ternura.

Cada noche, tras el saludo final, unas palabras con el público, amor mutuo, como amor profundo es el que palpita en quienes se unieron para llevar a cabo esta Habitación de María escrita por su hijo, un todoterreno del mundo audiovisual, Manuel Martínez Velasco, producida por Jesús Cimarro, otro gran amigo ligado a importantes producciones en Mérida, ahora al servicio de un marco escénico creado por otro imprescindible en los trabajos de Plaza-Velasco, el formidable escenógrafo e iluminador Paco Leal, junto a una muy eficaz videoescena de Bruno Praena.

Lo dicho, una gran familia, un apoyo incondicional para que la Conchita de toda la vida sea una Velasco elegantísima que interpreta a una escritora de gran éxito, encerrada en un piso 47 de una torre de Madrid. No lo tiene fácil, pese a sus numerosos premios y cuantiosas ganancias, ya que padece agorafobia, aunque salpica de humor el relato de su vida mechada de trágicas circunstancias… Nos habla sentada en una confortable silla giratoria, hasta que se pone de pie y poco después también el público lo hace para aplaudirla, emocionado por una solidaridad excepcional con la artista que hace de la dificultad de andar un arte de estar y entregarse, de saborear las palabras por las que circunda, la fragilidad de un cuerpo muy castigado desde hace tiempo, pero que no dejó de ofrecer funciones inolvidables como Reina Juana o Metamorfosis.

Desde una silla, la escritora con miedo a salir a la calle nos habla a los espectadores, y se comunica con algunos personajes por teléfono fijo, por móvil y por Internet. Queda atrapada por un incendio espectacular, pero así como una gran familia se entrega a proteger, aupar, cobijar a Concha Velasco, bomberos y canales de televisión se ocupan de hacer lo imposible por salvar a su personaje, Isabel Chacón.

El desenlace ya es predominio de la intriga de la obra, muy ligada a esa Habitación de María de cuya historia nos enteraremos hacia el final de una función cuya atmósfera resulta esencial, maravillosamente lograda por Paco Leal y Bruno Praena a lo largo de hora y media donde las dificultades físicas de la actriz dan paso a la emotiva fortaleza de quien vive más y mejor compartiendo con el público las ficciones escénicas.

 

 

La habitación de María habla, en clave de dramedia optimista, de la VIDA, en mayúsculas. De amor, de felicidad, de tristeza, de vitalidad, de soledad, de angustia y de liberación. También es un thriller de catástrofes, pues las llamas avanzan incontroladas hacia Isabel, como cuenta atrás vital para que salga de ella misma antes de que todo sea ceniza. No puedo estarle más agradecido a los genios de Velasco y Plaza por haber confiado en mí, y a Pentación, una vez más, poniendo a nuestra disposición toda su fuerza con su infatigable equipo. Manuel Martínez Velasco

Foto: gentileza Antonio Castro.

 

Autor: Manuel Martínez Velasco

Dirección: José Carlos Plaza

Diseño de escenografia e iluminación: Paco Leal
Video escena: Bruno Praena
Fotografía: Sergio Parra
Diseño gráfico: David Sueiro
Productor: Jesús Cimarro

Una producción de Pentación Espectáculos

Equipo de Pentación Espectáculos

Director gerente: Jesús Cimarro
Subdirector: Raúl Fraile
Secretaría: Isabel Gregoris
Jefa dpto. Distribución: Rosa Sáinz-Pardo
Dpto. Distribución: David Ricondo, Andrea Carbonell
Jefe de producción: Pablo Garrido
Jefe técnico: David P. Arnedo
Ayudante de producción: Carolina Morocho
Coordinador de teatros: Brais Fernández
Directora de Comunicación: Esther Alvarado
Comunicación digital y asistente de prensa: Esther Casillas
Grupos y eventos: Irene Valentín
Jefa Departamento Administración: Ángeles Lobo
Departamento Administración: María Victoria Gómez, María de la Luz Barriga, Juan Carlos Mesa
Recepción: Lucía Bermejo

TEATRO REINA VICTORIA DE MADRID

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *