Entrevista a Alicia Louzao, por «El circo volador»

Alicia Louzao (Ferrol, 1987) es doctora y licenciada en Filología Hispánica y licenciada en Filología Inglesa. Ha publicado Manual para la comprensión del insomnio (El Transbordador, 2019), El circo volador (Versátiles, 2020) y para 2021 espera su tercer poemario con Ediciones Liliputienses. Actualmente es profesora de lengua y literatura en un instituto público y colabora en revistas como Ocultalit, Quimera, Aullido, entre otras.

 

El segundo libro de poemas es novedad estos días con el título de El circo volador, publicado en Versátiles, ¿qué aporta este libro con respecto al anterior, Manual para la comprensión del insomnio?

El libro anterior era una experimentación abierta, cabía todo. Había personajes que se movían como en una especie de sueño dentro de la prosa lírica, en la que me sigo encontrando más cómoda. En El circo volador he querido introducir más música, referencias a grupos como Beirut o Jefferson Airplane, que me imagino que sonarían en la idea de circo que tengo en mi cabeza. Este poemario es un paseo por un circo, por las habitaciones siniestras que nos podemos encontrar en este tipo de atracción. También me acomodo en la prosa lírica, como en el anterior.

Tuve la suerte de que José Ángel Garrido, editor de Versátiles, se fijara en este libro, igual que Pilar Márquez se fijó cuando apostó por Manual para la comprensión del insomnio. Detrás de estas editoriales están esos dos nombres a los que les estoy sumamente, y para siempre, agradecida.

¿Qué motivos temáticos encontrarán los lectores en este volumen?

Creo que cuando lo lean, entrarán en una especie de “fiesta” nocturna, de música de campanas acompañados de una adivina, de criaturas que se mueven por la noche, de la Little People de Murakami, personajes pequeños que aparecen en los sueños o nos esperan en los parques, esos en los que creíamos de niños.

¿Qué lado de la realidad le interesa más a Alicia Louzao?

Toda la que se puede transmitir con imágenes. La cama, correr por el parque pisando la tierra, la noche, las hormigas, todo aquello que podemos masacrar o cuidar con nuestras manos. Y también los sueños.

¿Cómo aparecen los poemas agrupados en este libro?

Los poemas aparecen agrupados en epígrafes. Empezamos subiendo al carrusel, atravesamos la casa de la echadora de cartas, la habitación de los espejos, la casa del terror (saludamos a Norman Bates de lejos), para acabar en la tienda de recuerdos, haciéndonos una fotografía para subirla al Instagram.

En una primera lectura se intuye que el discurso de Alicia Louzao está lejos de la poética tradicional, además los textos tienen la apariencia de prosa poética, el lenguaje renovador… ¿En la naturaleza de tu poética qué importancia adquiere la experimentación? ¿Podría decirse que se trata de una subversión contra la asunción de la pérdida de imaginación del lenguaje?

La experimentación es un juego, porque las palabras son un juego. Las palabras evocan realidades, las realidades se mezclan, nos espantan, nos hacen gritar, las confundimos con un sueño. ¿Cuántas veces no nos habrá pasado haber dicho la manida frase “esto lo he soñado”? O ese mágico dejà vu que nos ataca en ocasiones, y nos hace reflexionar a los soñadores sobre vidas pasadas, quizá. Las palabras son sonidos que se atan a la lengua, que se amoldan a nosotros, o nosotros a ellas, es un vínculo muy estrecho.

En un juego que probé en verano tomé la imagen de unos cuervos devorando un brazo, y la presenté como una canción, como un cuadro, como una receta, como una noticia de un periódico, traducida al inglés, hice de todo con ella, como el que mezcla piezas de Lego para construir un castillo sin seguir las instrucciones. Eso sucede con las palabras.

¿El poema es un artefacto? Concretando un poco más, ¿podrías hablarnos de la indagación o exploración que llevas a cabo hasta construir el poema? ¿Cada cuánto tiempo trabaja o experimenta Alicia hasta dar con este libro?

El poema es un resultado de nuestra convivencia con el mundo. Yo camino, como, duermo, escucho, y todo son imágenes que galopan en mi cabeza.

Precisamente, el año que viene tengo la enorme suerte de publicar un tercer poemario con Ediciones Liliputienses, fruto de este empeño y de esta experimentación con las imágenes. Me preguntaba una vez el director de mi centro cómo sacaba tiempo para escribir, viéndome siempre atareada, de un lado a otro por los pasillos. ¿Cómo no voy a sacar tiempo para escribir? Esa es más bien mi pregunta. Escribir es un acto necesario. Igual que el que riega una planta para cuidarla, porque la quiere, porque necesita verla crecer y no quiere que pase sed.

Si la memoria es conocimiento, ¿qué importancia tiene la memoria en tus poemas?

La memoria nos hace lo que somos. Y los libros son una extensión de nuestra memoria, de nuestra imaginación, citando a la mágica Irene Vallejo. Mis poemas son un registro de lo que he visto: esta tarde, en el parque, esas manos saludando por una ventana, mi abuela cuando amasaba un pan… Todo el pasado se mezcla, todo pertenece ya a la memoria. Estas palabras que escribo ahora están ya siendo parte de mi memoria, de lo vivido, como mi séptimo cumpleaños o lo que desayuné ayer.

Bajo la piel de estos textos se halla la indagación, ¿acaso necesitamos estar en permanente búsqueda de nosotros mismos, de nuestras identidades?

Aunque peque de gallega, contestaré con un depende. Cada situación que atravesamos en nuestra vida nos hace plantearnos a veces quiénes somos, y otras tantas, recorreremos el camino alocadamente. Después vendrá la reflexión. En estos momentos de mi vida decidí hacerme un tatuaje, cambiar los pendientes de mis orejas, perforármelas, me siento como si estuviera ocupando un traje. Quizá mañana pediré paz. Y la semana siguiente, seguiré preguntándome quién soy. Al universo no le interesamos nada, vaya por delante que ahí pecamos un poco con nuestro ego, que parece una bandera ondeante, pero como ocupamos nuestra piel, es normal preguntarnos, como pequeños insectos, qué somos dentro de nuestro cuerpo.

¿Hasta qué punto son cruciales las imágenes en tu libro?

Totalmente. Las imágenes son un tejido, recibimos imágenes constantemente. Cuando la vecina nos cuenta qué come su perrita, cuando escuchamos una televisión lejana, cuando soñamos que vencemos tempestades dentro de un barco de oro y cae un águila sobre nuestros hombros, o cuando un alumno nos presenta una historia, como el otro día que me contó uno: “profe, el otro día estaba contemplando la niebla por la ventana y la profe me dijo que estaba copiando, ¡y me restó un punto!”. Imagen, en este caso, humorística. Aunque no salga un poema de aquí, que podría salir, pues la anécdota es curiosa, ya se queda prendida en la cabeza.

En mis libros los lectores hallarán imágenes, igual que las encuentran diariamente en sus rutinas, solo hay que fijarse en ellas. Hay quienes las pintan, otros componen música para ellas, y otros las escribimos intentando poseerlas, hacerlas nuestras. Vivimos rodeados de ellas.

¿Estás de acuerdo con la afirmación “hay una desconexión entre la adolescencia y la poesía”?, ¿en qué afecta a los adolescentes no entregarse a este mundo poético? ¿Podrías darnos alguna propuesta didáctica para persuadir a nuestros jóvenes y llevarlos al terreno poético?

Como profesora de Lengua y literatura, creo que sí que hay cierta desconexión, que más bien se debe a que los estudiantes no perciben que esa música que escuchan también es poesía. La lírica nació con la lira, con la música. Si escucharan a Lorca, a Villaurrutia, etc., con música, se darían cuenta de la belleza que encierran y de los cercanos a ellos que están.

Una vez proyecté en clase a mis alumnos un vídeo del Siglo de Oro de Berto Romero, en el que realizó la magistral labor de dotarle de ritmo discotequero a poemas de Calderón, Sor Juana Inés, o al epitafio del Quijote. Lo curioso es que vi a unos pocos de estos alumnos este año de nuevo, Tarik, Valeria, Ismael, y me pidieron que volviera a proyectarles ese vídeo. ¿Están desconectados de la poesía? Creo que no tienen herramientas suficientes para saber buscarla. Y esa es la labor del docente, o de los padres, si tienen la suerte de vivir en una familia que ame los libros.

Por mi parte, acabo de terminar de diseñar un examen en el que combino a Vetusta Morla con Lorca, Raphael, Extremoduro, Cortázar…, para que vean las posibilidades que el lenguaje poético encierra, un lenguaje que vincula todo tipo de voces.

Por último, ¿podrías dejarnos uno de esos poemas que recitarás próximamente?

Claro. Este es el poema inicial de El circo volador:

 

Piensa que cuando nacimos creció el mundo.

Cada uno con un pequeño mundo debajo de los pies.

Y le dábamos forma,

resbalábamos sobre él abriendo paquetes de helados,

ocupando las plazas como si fueran nuestra propia casa;

gobernando entre los que se balanceaban en los columpios y caían sobre la tierra.

Pensadlo.

Yo cabía en la palma de una mano. Tú probablemente también.

Pensadlo.

Cada uno con un pequeño mundo debajo de las suelas y del velcro.

Como acróbatas o bailarines que no tienen miedo de los dientes afilados que esperan abajo.

Como artistas que dan vueltas viendo la red encima de sus cabezas y la nada en las puntas de los dedos de los pies.

Me hacía coletas y las coronaba con horquillas que pinchaban un poco. Pequeñas uñas de plástico con purpurina desfragmentada.

Yo cabía en la palma de una mano. Tú probablemente también.

Y ese mundo rodaba lleno de agua y colmado de peces que se vaciaban en las plazas mientras comíamos los helados y vigilábamos a los vasallos que medían menos que nosotros.

La sociedad y las alturas.

Y poco a poco el mundo fue trepando por los muslos,

la columna de la espalda y su cuerda de cristal,

y llegó hasta los hombros.

Y ahora lo llevamos en una mochila que no recuerda a aquella donde estaba nuestro nombre y número de chándal.

Pero hubo un tiempo en el que yo cabía en la palma de la mano.

Pensadlo.

 

Y me gustaría mucho agradecerte, Jesús, tu interés en la lectura del libro y por mi trabajo. Si no nos leen los lectores, nuestros textos no existen. Ha sido un placer realizar esta entrevista para la estupenda “Culturamas”.

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