Poeta en Madrid: la última novela posmoderna o los tres escalones de Benjamin

María José Muñoz Spínola

Arquitecta

 

Comienzo a leer la novela de Justo Sotelo “Poeta en Madrid” (Huso, 2021), persuadida por la idea de que voy a encontrarme con algo diferente a lo que se escribe en la actualidad.

 

El autor comienza la obra con una atractiva puesta en escena a partir de estas palabras mágicas: Che gelida manina. Esta famosa aria de Puccini es, en sí misma, la unión entre el lenguaje y el sentimiento, un instante que constituye y sostiene la vida. Con las primeras frases de la novela, Justo Sotelo ya ha conseguido que entre en una buhardilla de la calle Atocha, como en un “rompeolas” de poetas y artistas que es el Madrid del que nos habló Antonio Machado. En seguida encuentro a Gabriel Relham, nuestro protagonista, un poeta que construye el mundo a partir del conocimiento cierto e inmediato de su conciencia. A lo largo de la obra le acompañarán sus fantasmas, personajes, compositores, amigos, amantes y mecenas. Y así nos muestra su mundo interior y exterior, en el que todos podemos vernos reflejados —y quizá refractados—, con las entradas y salidas de tantos poetas, novelistas, artistas y filósofos que dejan su impronta en el ambiente bohemio de la obra.

A través de unos personajes profundos, de sus relaciones y sus emociones, se nos exponen los temas universales y las posibilidades que subyacen más allá de lo que aparentan ser. En “Poeta en Madrid” son tan importantes las palabras como los silencios, ya que ambos dan sentido a la razón de la que aflora la reflexión, en busca de ese “sencillo deseo de libertad que hace indestructible al hombre”, lo llamó Faulkner. Un mundo en el que la cultura y la posibilidad de la creación se conjugan a la perfección. En esta novela todo es importante, nada es casual. Cada escena se desarrolla en el lugar adecuado, con los personajes necesarios, vestidos todos ellos para la ocasión. Ahí es donde cualquier lector, con independencia de las múltiples lecturas que nos ofrece, conecta de inmediato con los personajes y la obra, a través de esos instantes que hacen que la vida merezca la pena.

El País había sido siempre mi periódico”, por Justo Sotelo. - Diario  Progresista

Justo Sotelo sube los tres escalones que Walter Benjamin exigía a una buena obra. El “musical en el que se compone” el arte del imaginario por excelencia, que es la riqueza rítmica y armónica de las palabras y sus silencios. El “arquitectónico en el que se construye” la probabilidad de la verosimilitud aristotélica, en la que Cheever quería ver también la vida misma. Y, por último, “el textil en el que hay que tejer” una valiente propuesta poética a través de los distintos géneros que conforman la trama. Hay quien piensa que el posmodernismo fracasó en el intento de la renovación del arte, la cultura y el pensamiento, pero la novela de Justo Sotelo es un buen ejemplo de que no es así. Existe un paradigma de la posmodernidad que transforma, crece, aporta y engrandece las distintas manifestaciones que se aglutinan en torno al concepto de cultura. En esta novela se conjugan a la perfección el diálogo teatral, la puesta en escena, la lírica de un poema en prosa y la estructura de la novela. Es un abanico que se abre a un sinfín de manifestaciones del discurso literario. Una manifestación clara de lo que constituye una buena síntesis y mezcla de los textos, característica evidente de la posmodernidad en el sentido de la renovación total. Y aquí Sotelo nos sorprende y nos permite volar de Beckett a Shakespeare o a la tragedia griega, a Neruda y Cervantes, jugando un papel esencial la biblioteca de Borges, que llena todas las páginas. Y además el autor pone la música adecuada para trasmitir el estado de ánimo de los personajes. Mahler, Beethoven y la continua aparición y desaparición de los personajes de “La Bohème” de Puccini. Si buscamos un motivo por el que la literatura ha de estar vigente en este siglo XXI, pienso que en “Poeta en Madrid” tenemos una excelente respuesta.

La obra termina recordándome las “Scènes de la vie de la bohème” de Henri Murguer. Una delicada alegoría —no diré a qué para que cada lector llegue a ella— que sólo podrá seguir viviendo en la memoria de los recuerdos. Es la memoria involuntaria. Y dado que comparto con Justo Sotelo mi pasión por Mahler, su humanismo y sus sinfonías, me atreveré a finalizar con una valoración crítica —porque opiniones tenemos todos— de su novela. Al igual que hace Mahler con la música, Justo Sotelo transforma la literatura —fruto innegable de un profundo conocimiento y análisis de ésta— y abre la puerta a todo lo que aún está por llegar en el tiempo literario, superando cualquier límite que pueda presuponerse a los géneros. “Poeta en Madrid” se presenta como una obra que nos plantea la posibilidad de continuar avanzando en este siglo XXI a partir de una nueva forma literaria. Quizá para salvarla (o salvarnos), pues, como decía Naipaul, en las crisis y en los fuertes cambios sociales la sociedad recurre a la literatura y los escritores para entender qué está sucediendo.

 

“Poeta en Madrid” ya es una de esas obras que conforman mi “memoria  poética”, esa que, como le ocurría a Milan Kundera, hace mi vida más bella.

One thought on “Poeta en Madrid: la última novela posmoderna o los tres escalones de Benjamin

  • el 23 febrero, 2021 a las 9:38 pm
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    Estoy deseando leerla, a pesar de que críticas como esta desincentivan… No se puede ser tan aleccionador, para hablar de la obra de otros…

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