«Levante»: el despertar sexual de dos chicas en tiempos de guerra

Por Horacio Otheguy Riveira

En Levante, escrito y dirigido por Carmen Losa, se desarrolla una propuesta tan interesante como ambiciosa.  Abanico de teatro histórico con un comienzo de tonalidad costumbrista a la antigua usanza que luego deambula por el melodrama popular hasta rematar con un realismo político sentimental. Mucho baile de tendencias e ismos que se cruzan hasta liberar costuras e ir hacia donde de verdad importa. Y allí logra consolidar su mayor objetivo: dar la vuelta al novelón hetero-patriarcal y dejar que vuelen sus mujeres.

Encallan a veces las escenas más convencionales, los diálogos abundan en giros literarios, encuadra mal lo exterior con el interior de los personajes y las posibilidades del contexto histórico. Un espectáculo sobrecargado de intenciones que, sin embargo, cuenta con una trama central de gran belleza en los personajes principales, dos niñas para aquellos años 30, pero en realidad dos hermosas adolescentes que participan espontáneamente del inocente juego del despertar sexual entre ellas, bien interpretadas por Candela Arestegui y Ana Lucas, quienes transmiten con gran economía de recursos la encantadora ingenuidad de los primeros acercamientos, la contenida cadencia erótica de otros, y la valentía para defender su amor, de la que no se creían capaces.

Carmen Losa: Con Levante se nos viene la imagen de las hijas de Bernarda Alba cosiendo el ajuar en un encierro interminable. Igual que la imagen de muchas madres en las tardes de costura con el sonido acompasado de la radio y el sol entrando por la ventana y los hilos flotando en el aire. Hay unas muchachas y una madre y un novio. Y también hay una fiesta y un destino y una guerra. Y hay una maestra…

El gran acierto de la función radica, precisamente, en exhibir una Bernarda Alba muy diferente: vestidas de blanco y no del negro luctuoso de aquella; con mujeres adultas que reflejan los límites sociales de otro modo. Si la obra de Lorca se escribió en 1936, ahora, 85 años después, se hace la luz y hay nuevas mujeres que se niegan a morir ahogadas en la imposibilidad de desear y amar como su cuerpo se lo pida con su carga de ternura ávida de aventuras.

Si allá hubo tragedia, aquí hay esperanza, incluso en medio de un drama con guerra de por medio. Y en este sentido las buenas intenciones ideológicas que se ven enmarañadas a lo largo del texto y la puesta en escena, acaban por triunfar gracias a un reparto que se entrega con la misma ilusión que sus personajes.

Candela Arestegui es la dulce y asustada Susana y Ana Lucas la enigmática Inés: dos estilos sutiles al asumir a estas amigas a las que se  quiere casar cuanto antes, para estar protegidas por un hombre como Dios manda. Susana acepta novio, Inés no. Ninguna sabe que la una no podrá crecer, evolucionar, gozar sin la otra. Cuando deciden que así sea comienza la  gran aventura, minada de peligros, para avanzar hacia el ensueño de llegar al mar de Levante.

Cada aparición de Lola Casamayor llena el escenario de la vitalidad de su entrañable personaje, una mujer frustrada que en lugar de amargar a las niñas les da energía y esperanza.
Madre e hija en la ficción y fuera de escena en cálida armonía: Yolanda Aristegui y Candela Aristegui: el amable autoritarismo de una viuda que quiere proteger a su niña «para cuando ya no esté», y la muchacha que siente una insospechada atracción por su mejor amiga.

Otro acierto de la función es el carácter cómplice, directa o indirectamente, de los personajes secundarios. Todos a una por el amor libre de las muchachas. La amiga María (Lucía Arestegui) puede que no se entere mucho, pero tampoco se ocupa de malgastar energía a la contra. Los dos hombres, por el contrario, más allá de los conflictos que cada uno mantiene con ellas, tienden la mano (José Lamuño, Iñaki Salcedo).

La maldad, el odio irracional, está en la calle, carece de personajes, bastan oír sus gritos para ubicarnos en el tiempo y el espacio. Una época que atraviesa una violencia demencial que también alcanza a la vida hetero de una maestra represaliada (Teresa Hurtado de Ory).

Candela Arestegui, Carmen Losa, Ana Lucas.

Texto y dirección: Carmen Losa

Yolanda Arestegui (Luisa)

Lola Casamayor (Rosario)

Candela Arestegui (Susana)

Jose Lamuño (Jeromo)

Ana Lucas (Inés)

Iñaki Salcedo (Paquito)

Lucía Arestegui (María)

Teresa Hurtado de Ory (Pilar)

Leyre Abadía (Isabel)

Escenografía Juan Sanz
Iluminación José Manuel Guerra
Vestuario Maite Álvarez
Música original Mariano Marín y Carmen Llosa
Ayudante de dirección Irene Gómez

Fotografías Jesús Ugalde 

Una producción de Descalzos Producciones y Teatro Español

TEATRO ESPAÑOL. SALA PRINCIPAL. DEL 19 DE MAYO AL 13 DE JUNIO 2021

Encuentro con el público, 26 de mayo, al finalizar la función. Entrada libre.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *