Hipatia de  Alejandría.  La razón frente a los sectarismos

Por Francisco Collado

Miguel Murillo ha elegido, muy acertadamente, un personaje-icono para reivindicar, con la excusa de las tensiones políticas y sociales de la Alejandría del siglo IV, el sempiterno enfrentamiento entre razón y fanatismo (o sectarismo). Toda la propuesta es pura metáfora que, aunque encarnada en la figura de la filósofa neoplatónica, podría ser válida para otros personajes históricos como Giordano Bruno, Copérnico o Galileo, todos ellos represaliados por la radicalidad del pensamiento humano.

El director Pedro Antonio Penco ha construido una atmósfera donde los elementos encajan, fundiendo lo ceremonial con los instantes lúdicos, aprovechando el monumento para dar agilidad a las escenas que se suceden con dominio del timing, intercalando acertadamente los instantes en que el coro de planetas irrumpe o las acometidas del loco de Cirene, consiguiendo una armoniosa dramaturgia y altos niveles plásticos que enriquecen el discurso narrativo. La utilización del espacio dinámico es modélica con situaciones como el desfile del obispo y sus acólitos o los ágiles cambios de cuadro, jugando con las entradas y portales del monumento.

Contribuye a ello el excelente diseño de vestuario de Rafael Garrigós, donde la túnica helénica se mistura con la soberbia imaginería del Coro de Errantes (Cristina P. Bermejo, Ana Gutiérrez, Elena Rocha, Jorge Barrantes y Sergio Barquill), o la marcialidad del atuendo de Orestes, pasando por los andrajos de la plebe del “Loco de Cirene” o los figurantes. Mención aparte merece la indumentaria negra y púrpura de los fanáticos parabolanos.

Paula Iwasaki se enfrenta a la grandeza de las piedras milenarias con arrojo, con naturalidad y con un intenso juego dramático, sensualidad e inteligencia. A destacar el bagaje teatrales que aportan actores con papeles cortos, pero intensos, dejando patente la clase, las tablas y su buen hacer escénico. Uno de los puntos fuertes de este montaje es esa capacidad de ensamblar el universo coral para dar veracidad a la propuesta.

Certero, rico en matices, de soberbia declamación (con su habitual vis cómica) es el personaje de “El loco de Cirene”, al que da vida un soberbio Francis Lucas. Pleno de emoción y sabiduría teatral el texto de Gema González, en un intenso rol de madre judía que se enfrenta a los parabolanos, guardaespaldas del obispo. Uno de los platos fuertes está reservado para Daniel Holguín, insuflando vida a un personaje que nada entre dos aguas; el representante del Imperio: enamorado de la mujer libre, hecha carne. Holguín demuestra sus tablas acometiendo con esmero el personaje, enriqueciéndolo con controlada dicción, potente emisión, mesura y gran intensidad humana. Plena de oficio y naturalidad el rol de Zaira, Pepa Pedroche, contrapunto luminoso y socarrón al inmenso drama que se está gestando. Y contradicción también, que todo hay que decirlo. Quienes sostienen la lucha de la razón, también mantienen la esclavitud. Además es una mujer que sólo percibe el placer femenino en el lecho, frente al éxtasis luminoso de Hipatia, que rechaza las proposiciones amatorias de Orestes. Guillermo Serrano construye con oficio, clara declamación y naturalidad un personaje controvertido, que vivió admirando a Hipatia, aunque en realidad murió antes que ella, Sinesio de Cirene, que se despidió de Hipatia en su carta postrera.

Los diálogos entre Hipatia y Teón de Alejandría (excelente Alberto Iglesias) resumen las inquietudes vitales de la humanidad. Su zozobra ante lo desconocido, su percepción de naufragio que sólo puede arribar a puerto mediante el conocimiento y la razón. En el extremo opuesto se les enfrentan el Obispo copto Cirilo, al que da vida con solvencia de siglos Rafa Núñez y el cabecilla de los fanáticos parabolanos, Pedro el Lector, un convincente José Antonio Lucia. Defiende con solvencia y enorme oficio su papel Juan Carlos Castillejo (Olimpio), mercenario de infinidad de batallas teatrales.

La música de Mariano Lozano potencia la intensidad de los instantes dramáticos, jugando con lo atmosférico según la situación, dando primacía a la percusión o creando unos potentes e intensos coros etéreos para dotar de una textura profética las escenas.

Hipatia nos habla de los sectarismos, extremismos y supremacismos; de todos los colores; que nos rodean peligrosamente hoy en día. Unos camuflados con piel de cordero, otros abiertamente peligrosos. Por su texto desfila la cohorte de intolerantes, los sectarios, los inmovilistas y los que pretenden decirle a la sociedad como deben pensar, que palabras deben utilizar y donde se encuentra la verdad. Una paleta de personajes de rabiosa actualidad. Tan actuales como los vendedores de humo (y desgraciadamente, tan atemporales).

Como atemporales son los modos de pensamiento hermético, estancado y anquilosado, como el del Obispo Cirilo, que desencadena el drama cuando dice: “Eva fue la única que pecó y se dejó seducir”.

 

Vidas, pensamientos, zozobras y anhelos que desfilan por un imaginativo y geométrico escenario, diseñado por Diego Ramos,  donde el Coro de Errantes, dirigido por Cristina Silveira, sirve a modo de conciencia y transición escénica, en una utilización inteligente, lúdica y dinámica del clásico recurso. Las tarimas se hibridan con las columnas y piedras milenarias. Los altares y las elipsis se integran con naturalidad en el inmenso escenario, donde el dominio del tempo del director impide cualquier atisbo de distracción al espectador. Donde la iluminación (ahora fuego, ahora estrellas, ahora paleta cromática) de Fran Cordero, Jorge Rubio y Beatriz Lubián, dota de vida al soberbio escenario.

La escena del asesinato de Hipatia ralentiza la realidad, en una intensa concepción plástica, formada por la cruz y la filósofa.

Si hay un elenco que se merece la alfombra roja es éste. De Amarillo Producciones lo ha vuelto a hacer. Extremeños, actorazos, profesionales de primera línea. Y un texto soberbio de Miguel Murillo, que bebe de las fuentes genésicas de la Hélade, pero se convierte en universal y pleno de actualidad ¿Acaso no lo son todas las grandes tragedias? Me quito el cráneo…

REPARTO

Paula Iwasaki, Daniel Holguín, Alberto Iglesias, Guillermo Serrano, Pepa Pedroche, José Antonio Lucia, Rafa Núñez, Juan Carlos Castillejo, Francis Lucas, Gema González

CORO

CORO DE ERRANTES
Cristina P. Bermejo
Ana Gutiérrez Bravo
Elena Rocha
Jorge Barrantes
Sergio Barquilla

FIGURACIÓN
Carmen Fernández
Nieves Mateos
Matilde Álvarez
Pablo Olmos
Raúl Mateos
José Guijarro
Julio Piñero
Pedro Álvarez
Pedro Galván
Francisco
Samuel Serrano

CUADRO ARTÍSTICO TÉCNICO

Dramaturgia: Miguel Murillo
Ayte. dirección: Carlos Sañudo
Dirección del coro: Cristina Silveira
Diseño de escenografía: Diego Ramos
Realización de escenografía: “El Molino”
Realización de pinturas y acabados de escenografía: “Alarife La Serena S.L.”
Maquinista: Carlos Mohedano
Vestuario: Rafael Garrigós
Realización vestuario: Luisi Penco, Lali Moreno, Isabel Trinidad
Composición musical: Mariano Lozano
Técnico de sonido: Oliver González Amado
Diseño de iluminación: Jorge Rubio, Fran Cordero
Iluminación: Beatriz Lubián y Jorge Rubio
Caracterización y maquillaje: Juanjo Gragera
Atrezo: vistequienteviste
Ayte. producción: Javier Herrera
Producción: Gema González Garrido
Dirección: Pedro A. Penco

Agradecimientos:
Escuela de Arte y Superior de Diseño de Mérida. Taller de Joyas.
Asociación “Emerita Antiqua”
Excmo. Ayto. de Esparragalejo (Badajoz)
Sala Trajano. Mérida
Tintes María Calderón
Mada Marín
Excmo. Ayto de Mérida
IFEME

Una coproducción del Festival de Mérida y De Amarillo Producciones

67 FESTIVAL INTERNACIONAL DE TEATRO CLÁSICO DE MÉRIDA. HASTA EL 25 DE JULIO 2021

 

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