Manual básico para destruir prejuicios y consolidar complicidades

Por Horacio Otheguy Riveira

Roberto Pérez Toledo ha fallecido recientemente, después de su debut como autor y director en el teatro, con amplia experiencia como realizador cinematográfico. Un debut promisorio que se verá truncado en su actividad física, pero que sin duda ha logrado abrir caminos allí donde llegue su mensaje. Sobre los temas que más le interesaban y con los que se comprometió profundamente, relacionados con las relaciones entre calidades humanas diversas, generalmente enfrentadas. Por ejemplo, sordos y oyentes, heteros y homosexuales, que son los perfiles de los personajes de esta obra: Manual básico de lengua de signos para romper corazones.

 

Frente a los temores y audacias del amor entre jóvenes, una adolescente comprende y ama a su hermano que no se atreve a confesar en familia que vive con su novio.

Ellos van y vienen con sus pasiones a menudo complejas, pero Juana cuenta en todo momento con una serenidad y una ternura a todo riesgo. La actriz que la interpreta — sorda como su personaje—, María José López, cuenta con una disponibilidad física de gran encanto, conquista a los desconocidos con su buena disposición a encontrar soluciones, y cuando abraza a su atormentado hermano, dolorosos secretos llegan a su fin. María José López, única mujer en el reparto, tiene pocas apariciones, pero resultan fundamentales para el rodaje de la historia, muy bien interpretada por los tres varones, que logran comunicar con el público de manera fluida, y algo familiar, dada la cercanía habitual entre espectadores e intérpretes en la pequeña Sala de la Princesa.

Aarón Caldas es el actor que juega de manera divertida con un personaje dado a vivir la vida tal y como se la encuentra, aprovechando bailes, bebidas y disfrutes “sin enamoramiento”. Su papel es el del hetero que convive con Enrique Cervantes, a punto de licenciarse de arquitecto, demasiado apegado a la tierra (“soy gay, claro que sí, super gay”), y se hace buen amigo del amante de aquel, el introvertido Lucho, a cargo de Carlos Soroa, el protagonista de la historia, sobre el que gira el conflicto de una relación que se mueve bien sexualmente, pero su ensimismamiento lo aleja del amor total que su pareja pretende. Este intérprete absorbe con delicadeza y firmeza en excelente expresión corporal la dimensión de un joven como tantos con la sobrecarga de ser homosexual y sordo: dos características que le marginan en numerosos ambientes sociales, con prejuicios mayores en ambos sectores, pero que aquí se derriba por una constancia en el afecto desprejuiciado. Este les permite comprender que los lugares comunes de incomprensión absoluta no son más que falacias de cobardes.

En definitiva: un trabajo sencillo, fiel a su ambición de ser un Manual Básico, de manera de aprovechar una estructura teatral de comedia romántica que expone un afán didáctico abierto, evitando sobrentendidos, en cuya realización aporta plasticidad y notable dinámica la escenografía de Alessio Meloni, quien ha creado un gran ambiente a base de armarios; quizás demasiado evidente, pero muy acorde con la claridad que se pretende para hablar de un asunto profundo de manera elemental, para que todo el mundo lo entienda y acabe abrazándose lo más posible, sobre todo antes de que sea demasiado tarde.

 

 

 

Escenografía de Alessio Meloni e iluminación de Rodrigo Ortega. A la izquierda, una ambientación cálida, en acertado contraste con otras más realistas como la de la derecha, donde la vida cotidiana de dos jóvenes se expresa también en los muebles visiblemente usados, evitando el tan socorrido recurso teatral por el cual todos los objetos que se ven son de estreno, como si nunca hubiera pasado nadie por ahí.

Reflexión del autor-director Pérez Toledo

«Hace un tiempo, tras la proyección de una de mis películas, un chico de unos diecinueve o veinte años se me acercó. Me felicitó y luego me dijo: “Gracias a tu trabajo, me ha sido más fácil aceptar mi sexualidad”. Y, de pura emoción, no supe bien qué responder. Me abrumó su confesión, por lo mucho que significaba. Es algo que me ocurre cada vez más a menudo y que me hace progresivamente más consciente del valor descomunal que tienen las historias como herramienta de sensibilización, visibilidad y cambio en la sociedad, especialmente en lo que concierne a historias sobre diversidad, tolerancia, inclusión…

Como parte de esa diversidad que es la vida misma, vuelvo a poner el foco en las discapacidades o capacidades diferentes (responsabilidad que además siento de modo intrínseco, como autor en silla de ruedas que soy), unidas en esta ocasión a la diversidad sexual.

El resultado es Manual básico de lengua de signos para romper corazones. Un paso adelante, ahora explorando las posibilidades del espacio teatral, en el que me reencuentro con dos personajes, los Lucho y Jaime de mi cortometraje Sí a todo, para seguir contando su historia tras su idílico comienzo.

Una historia en la que, formalmente, la lengua de signos cobrará una fuerza esencial para hablar sobre identidades que se abrazan a los veintitantos años, sobre barreras y discapacidades visibles e invisibles y sobre el amor que se enfrenta al reto de sobrevivir al flechazo inconsciente». Roberto Pérez Toledo  

Reparto:

Aarón Caldas (Pote), Enrique Cervantes (Jaime), María José López (Juana) y Carlos Soroa (Lucho)

Escenografía y vestuario Alessio Meloni

Iluminación Rodrigo Ortega

Música Alejandro Ventura

Video Edgar Córcoles

Ayudante de dirección David Blanco

Ayudante de escenografía Elliot Kane Cubells

Fotografías Luz Soria

              TEATRO MARÍA GUERRERO. SALA DE LA PRINCESA. HASTA EL 20 DE FEBRERO 2022           

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