Prohibido fijar carteles, de Manuel Valero Gómez

UNED Editorial, Madrid, 2022, 65 páginas.

Por Matías Escalera Cordero

En Prohibido fijar carteles, poemario al que se le ha concedido el III Premio de Poesía de la Facultad de Filología de la UNED, 2021, Manuel Valero Gómez (Alicante, 1986), profesor, crítico y poeta con una densa trayectoria ya, con títulos como Hijos del cometa Halley, o Noche entreabierta, que obtuvo el III Premio de Poesía Joven La Manzana Poética y Café Montparnasse, de 2012, es un intento de poetizar, sin concesiones, mediante la ironía –y el sarcasmo, a veces–, la nada del día a día de nuestro tiempo, la derrota y la decepción, pero también la necesidad y el deseo de resistencia, así como la situación de la poesía y del poeta ante esta realidad real semejante a un yermo; en el que la intertextualidad y la disposición visual del verso juegan un papel muy importante.

Las citas iniciales de Rimbaud: «Farce continuelle!…», y de Nicanor Parra: «Marx ha sido negado siete veces / y nosotros todavía seguimos aquí…», junto con el primer poema, a modo de frontispicio –previo a las cuatro partes y un “Final” de que consta el libro–, titulado: “Didáctica de la historia”, pero que lleva el subtítulo de “épater le bourgeois”, son ya, de por sí, auténticas declaraciones de intención.

El poemario, en efecto, se divide en los cuatro bloques o series de poemas mencionados y un “Final”; y el primero de esos bloques lleva por título: “FUERA DE SERVICIO” y como subtítulo: “Instrucciones para tomar el metropolitano”, y los poemas que lo componen van precedidos por una cita de Javier Egea de su Paseo de los tristes, otra declaración inequívoca de intenciones.

En esta serie, cada poema dialoga con un referente literario personal expreso, ya sea por evocación o diálogo intertextual: Harry Haller, Nazim Hikmet, Charly García o Pasolini; lo que imprime, al igual que lo hacen también las dedicatorias de algunos de los poemas, a poetas actuales y –en esta y en la cuarta serie también– a varias profesoras y profesores que han dejado huella en el autor, un sello aparentemente autorreferencial y culturalista al conjunto que, sin embargo, no supone barrera ninguna –al menos, insalvable– entre la poesía que se despliega y el lector; como tampoco son obstáculo ninguno, ni la quebrada distribución espacial de los versos en un buen número de poemas, ni las exigentes imágenes y metáforas con las que el autor los construye.

El lector, por contra, inmediatamente percibe –sin la menor dificultad– las grandes líneas de fuerza que dan sentido a cada uno de los textos y a la totalidad del conjunto: la soledad, la añoranza de lo perdido, un cierto desolado reconocimiento de la derrota inevitable, pero también la afirmación de lo real/vivo como destino del poema.

Para que se hagan una idea, he aquí dos hermosos retazos que considero significativos, en la dirección anunciada, pertenecientes a dos de los poemas de esta serie, el primero y el último…

Del primero:

Qué puede saber tu nombre perdido,

mas sola la palabra     queda

           y estos ojos por el llanto vencidos.

 

Y del último de esta serie:

y,

a veces,

escribir            resulta igual

que tomar el metropolitano.

La soledad avanza.

Última parada la vida.

 

El segundo bloque del poemario de Manuel Valero, constituido tan solo por tres bellos poemas enlazados temáticamente, lleva el título de “A QUEMARROPA”, y el subtítulo de “Una soledad sin rostro nos asesina”; y la cita que precede a los poemas del mismo es, esta vez, de Miguel Hernández, de su famosa “Canción del esposo soldado”.

De nuevo, el autor no deja duda alguna de qué lado de la trinchera poética de la vida está, a pesar de la derrota y de nuestro destino de refugiados de nuestros cuerpos, en esta soledad hipotecada de ciudadanos de este desolado campo de concentración democrático que habitamos.

El tercer bloque lleva por título “PROHIBIDO FIJAR CARTELES”, justo el del libro, y por subtítulo, ese irónico: “Responsable la empresa anunciadora”. Y la cita que precede a los poemas de esta última serie es –aparece, de nuevo– de Pier Paolo Pasolini, concretamente, de su poema “La realtà”, en fin, por si quedaba alguna duda.

Porque el objeto de este bloque es justamente la posición exacta que ocupa la poesía –producto ideológico– y la posición exacta que ocupa el poeta –sujeto construido por la ideología– ante el mundo como realidad material e histórica, todo ello expresado en genuinos términos poéticos de gran fuste…

No trataba el arte de conquistar la belleza,

como no pudo la estética          librarse de la ética.

Quien ha comprado a plazos    la revolución

bien sabe         que oculta rencor         el poema.

 

Porque…

quién ha escrito por nosotros la historia

quién ha resumido en el yo la violencia

quién –desde la explotación– nos piensa:

 

PROHIBIDO FIJAR CARTELES

         Responsable la empresa anunciadora

 

El cuarto bloque lleva por título “POSTALES PERDIDAS” y por subtítulo: “Correos y Telecomunicaciones”; y la cita que precede a los poemas del mismo es, ahora, del grandísimo y muy admirado (permítanme, por favor, estos adjetivos valorativos, pues encontrármelo, ha sido una auténtica delicia personal para este servidor) Gabriel Ferrater, de su poema “Fi del món”… «Aquesta insistent aigua de paraules, / sempre creixent, va ensulsiant els marges / de la vida que vaig creure real

Estos poemas, los de esta última serie, son los de naturaleza más claramente autorreferenciales, pues no dejan de ser lo que se anuncian, postales de intensos contenidos vivenciales dirigidas a destinatarios hondamente estimados por el autor.

El “FINAL”, subtitulado “Epílogo para (des)empleados”, que lleva una cita del clásico Francesc Moner: «No me da pena la pena, / mas pensar quien me condena.»; es suma y resumen de todas las líneas de fuerza enunciadas y del espíritu entero del poemario: la condensación y síntesis problemática del adentro y del afuera o, dicho de otro modo, de los deseos, aspiraciones y pasiones interiores enfrentadas a los hirientes conflictos que llegan del mundo material exterior…

Quieren los labios buscar su condena,

como antiguamente la luz buscaron,

 

desnudez fingida          de máscaras y sombras,

allí,

donde el poema nos encuentra

heridos de historia, de ficción y plusvalía gastados.

 

Final abierto y problemático, como no puede ser de otro modo, pues la realidad real es así, abierta y problemática; y una poesía que se quiere honesta y consecuente no puede mentir, ni siquiera por piedad; y menos, por conveniencia.

 

Matías Escalera Cordero

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