El peor escenario posible, de Alejandro Morellón

La mágica banalidad de nuestras existencias

 

Por motivos de lógica y economía verbal las novelas parecen idóneas para albergar grandes temas y extensas tramas, mientras que las narraciones más breves (cuento, nouvelle) se presentan propicias para pequeños asuntos, minucias y levedades. Y quizá Alejandro Morellón en esta antología también acuda a asuntos nimios, triviales y domésticos. Sin embargo, de alguna manera, estos cuentos suelen escapar de su levedad y escalan hasta cotas cósmicas. En el primer relato, “Pájaros que cantan el futuro”, un pequeño muñeco Furby es el encargado de pronosticar nada menos que el Apocalipsis. Uno de los personajes llega a la conclusión, de hecho, de que “un instante basta para comprender toda la eternidad”. La imagen del apocalipsis que explosiona desde lo cotidiano también tiene lugar en el cuento “Cada casa es una tumba”. Este cuento es la cronología banal/cósmica de un hombre, desde que es niño, luego padre y por último abuelo de un niño muerto en un mundo postapocalíptico. También encontramos la imagen de la mortandad infantil asociada al holocausto en el cuento “Oppenheimer”. A pesar de las evidentes connotaciones alegóricas y las metáforas que alientan estos textos, su intensidad narrativa está muy lograda.

Lo cósmico y lo cotidiano, elementos que forman un binomio recurrente en este libro, donde mejor se perciben, es en el cuento “Algunas verdades del mundo en el que te ha tocado vivir”. Aquí una mujer descubre que su marido le es infiel. El argumento podría carecer de interés a primera vista. Pero desde ese momento de develamiento su mundo se desmorona y sufre un viaje mental (¿astral, cósmico?) hasta adquirir un estado de conciencia superior que la conecta con el Todo. La narración de este proceso es prodigiosa, de urdimbre borgeana.

También se vale nuestro autor de la sorpresa y el descubrimiento en los cuentos “La casa de tus sueños” y “Por lo que sé de mi marido”. En el primero un reality show sobre reformas de casas revela en directo el siniestro secreto de una familia convencional norteamericana. En el segundo, una mujer no da crédito ante la parafilia sexual que practica su marido.

Morellón construye sus historias desde presupuestos más o menos realistas aunque en ocasiones derivan en escenarios delirantes o directamente fantásticos. Para ello, se nutre de tonos solemnes, de una escritura precisa con una prosa compacta que sabe aprovechar, con maestría, una amplia gama de registros formales y estilísticos. Pero también deja espacio para el humor más absurdo. Pruebas de ello son “Otro minuto de silencio”, una pieza que ironiza, con sarcasmo y un humor swiftiano, el final del fútbol a manos de una organización criminal que asesina a los más importantes jugadores del mundo;  o el cuento “El impulso heroico”, en el que en un accidentado vuelo ponen de manifiesto, con mucha mala leche y una risa sardónica y despiadada, las miserias que acompañan, en muchas ocasiones, la falsa contrición. Hilarante también es el cuento “Teddy Bear”, una pequeña historia que eleva la leyenda de que “Elvis sigue vivo” a una altura estratosférica e inaudita. Y por último el inclasificable “La montaña mágica”. Una historia con ecos de ciencia ficción humorística que nos hará reflexionar, a través de un argumento de lo más escatológico, sobre la nimiedad humana. Porque a pesar del tono jocoso de estas últimas piezas aquí señaladas, Morellón no deja de imbuir en el lector profundas reflexiones sobre lo humano, el tiempo, la realidad y la vida.

En definitiva, estos cuentos son un feliz descubrimiento. Escritos con una precisión absoluta del lenguaje y un don natural para cambiar de registros. Su autor demuestra poseer un ojo único para escudriñar la realidad y encontrar, bajo sus pliegues, capas y capas de sentidos, misterios cotidianos de nuestra vida y de la psicología humana. La literatura no es didáctica y no debe enseñarnos nada, pero en esta colección de cuentos aprendemos cuánto de mágico hay en lo cotidiano y cómo de mágica y profunda puede ser la más banal de nuestras existencias.

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