‘Cuentos escogidos’, de Virginia Woolf

Cuentos escogidos

Virginia Woolf

Traducción de Amelia Pérez de Villar

Firmamento

Cádiz, 2022

258 páginas

 

Por Ricardo Martínez Llorca / @rimllorca

 

Lo que caracteriza a la exploración no es el descubrimiento, sino el intento de descubrimiento. Esa es, tal vez, la principal característica de la literatura de Virginia Woolf (Londres, 1882 – Sussex, 1941) que ahora volvemos a percibir en este volumen, Cuentos escogidos, cuya selección está a cargo de Menchu Gutiérrez. Ella misma nos lo advierte en el prólogo:

«Virginia Woolf siempre nos está diciendo que no existe un pensamiento lineal, como no existe una emoción pura, y todo lo que pensamos y sentimos es una amalgama de ideas y sentimientos muchas veces contradictorios. La profunda experiencia a la que invitan estos cuentos equivale muchas veces a ver la realidad fragmentada, desmembrada de un cuerpo que se muestra como una unidad.»

Aceptamos la literatura como exploración, la búsqueda o los intentos de búsqueda, que son intentos de descubrir, y nos preguntamos qué es exactamente eso que busca o que intenta buscar Virginia Woolf. Responder que estamos detrás del alma humana resulta un tópico. Woolf no intenta definir el alma, sino mostrarnos los meandros por los que circula el alma, con las piedras que interrumpen la corriente o los instantes en que se seca el cauce:

«Porque hay señales que indican -si no me equivoco- que todos estamos buscando furtivamente en la memoria, tratando de recordar algo. ¿Por qué rebuscamos así? ¿Por qué nos provoca tanta angustia colocarnos las capas y los guantes, decidir si debemos abotonarlos o no?»

A través de voces de mujeres se nos hablará del compromiso o de la serenidad. Nos colocaremos en lugares donde la mirada fue marginal para dar fe de nuestro entorno y de lo que dudamos sobre nuestro entorno. Trataremos con seres que se ven a sí mismos como perfectos y seres que se ven como recipientes de amor, en un sentido más platónico que pasional. Pondremos en marcha los resortes de la imaginación, a partir de un detalle, pero serán los resortes que andan tras la idea de belleza. Convertiremos un paseo en un hecho estético o veremos cómo puede retratarse un momento de melancolía. Entenderemos que los devaneos, que divagar, es el estado natural de nuestra mente, ese órgano que no sabe estar en calma, lo cual podría ser una maldición. Y de ahí deduciremos que no dominas lo que sucede, porque no terminas de descifrar lo que ves. Nuestro estado normal será el de la duda, la aceptación de desconocer, observaremos y compararemos con el pasado, y nos daremos cuenta de las paradojas que van saliendo al camino al intentar programar siempre la misma vida. Sabremos que el espejo puede ser una tortura y que contemplar con intensidad facilita una vida tan potente como la de la aventura. Se nos hablará de la compasión y de la idea de felicidad, que está en evolución y que mantiene, eso sí, dos principios activos siempre en vanguardia: la ternura y el arrepentimiento.

«¿No le parece que vivimos nuestra vida real en espíritu?

Realidad y alma. En ese ir y venir se construye buena parte de la obra de Virginia Woolf, en la relación entre el exterior y lo que contiene nuestra piel y nuestro cráneo.

 

 

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