Ramón Paso da «Otra vuelta de tuerca» al mundo de psicosis y fantasmas de Henry James

Horacio Otheguy Riveira.

Henry James (Nueva York, 1843-Londres, 1916) escribió mucho y ganó poco, proveniente de una familia rica que decayó al morir prematuramente sus padres y un hermano. Muertes que forjaron un carácter taciturno que convivió con una acción constante en la creación de personajes y observaciones como crítico y estudioso de la literatura y el teatro, disciplina esta en la que fracasó como dramaturgo en 1895 y nunca más insistió. Por esa época Otra vuelta de tuerca inició una andadura extraña, tan rara como su propio contenido. Una novela corta que ronda las 150 páginas (según la edición) que impactó desde el comienzo con un ambiente muy propio de la época, donde el simbolismo del belga Maurice Maeterlinck congeniaba muy bien con las sombrías angustias del sueco Strindberg o la vertiente modernista de muchos otros. James, muy dado a la cultura europea, aprovechó muy bien la corriente espiritista generada como filosofía por el francés Allan Kardec, quien sentó bases literarias con su Libro de los espíritus en 1857.

Lo cierto es que los fantasmas que rondan a las mujeres de este cuento entretejen cuadros neuróticos próximos al entonces naciente psicoanálisis de Sigmund Freud. Fue un singular paisaje de miedos y posibilidades mágicas: el miedo a los muertos revividos y la magia de comprender que aquellos que nos amaron o asustaron no nos abandonan. Psicosis y liberación, encuentros y desencuentros en un relato singular que nada tiene que ver con los tradicionales cuentos de terror o de poético misterio de la época, por eso desde su primera edición no ha parado de revolverse, con sus personajes fascinantes y su historia tenebrosa de represión y avidez sexual, adaptada a numerosas versiones cinematográficas (una española, Eloy de la Iglesia director), una ópera contemporánea de Benjamin Britten, varios telefilmes, una serie producida por Netflix. Todas las épocas dan su propia Vuelta de tuerca con un material atemporal desde su origen, pues todo lo que sucede puede ocurrir hoy, en un mismo ambiente cerrado de casa rural con un lago donde «habitan» muertos insatisfechos, de hecho o en la mente de los vivos que dependen de ellos…

Y en este misterio crea su propia obra de arte el dramaturgo y director Ramón Paso, que se mueve entre los géneros más diversos (la comedia histórica y contemporánea, versiona a Wilde lo mismo que a Jardiel, deambula por la compleja cornisa de la guerra civil con espectáculos muy originales que desafían los mensajes convencionales; aborda la crítica social con gran sentido del humor, y es eje de la Compañía PasoAzorín Teatro donde se han ido forjando actrices hoy con una dominación del espacio, la voz y las emociones de una admirable y sensible profesionalidad, ya que a la vez Ana Azorín, Inés Kerzan y Ángela Peirat cumplen paralelamente a su labor en escena tareas de producción o de vestuario. Están en todo y son todas figuras alternas entre papeles protagónicos y secundarios que dan siempre aportes novedosos. Las tres estrellas de la Compañía comparten con unos pocos varones esplendor de novedades simpáticas o muy impactantes. Así, Jordi Millán y Guillermo López-Acosta.

En esta ocasión, Inés Kerzan domina al personaje principal con severidad y soltura, capacidad de seducción y mano dura, una creación que va creciendo a lo largo de la función junto a la sensual joven que viene a enseñar francés a las niñas de la casa, una Ángela Peirat cuyos vestidos, coloridos y sexis, visten de atracción erótica una conducta sinuosa, que no se corresponde con tan atractiva apariencia. Todo es misterio y crisis psicológicas, mientras Ana Azorín y López-Acosta meten miedo desde las tinieblas, y las chicas del caserón en torno a un lago, nos conquistan, frescas y a ratos temibles: Judit Martín (asumiendo brillantemente los 13 años de su personaje) y Clara Romeu.

Cada intérprete resulta esencial, no solo las protagonistas, porque la dirección del propio autor ha forjado silencios, gritos y susurros en una dinámica donde cada vez que se corta la luz y todo se alumbra con farolillos ocupan toda la sala diferentes tonos de voz para textos que se desarrollan paulatinamente hacia un final impactante. Uno que no existe en la novela ni en ninguna de las películas más conocidas ni en la ópera.

La iluminación de Carlos Alzueta y la escenografía de Ruiz de Alegría «hablan» el mismo lenguaje, de manera que la función expanda una riqueza poética que puede disfrutarse conociendo los antecedentes literarios y cinematográficos o desconociéndolos por completo, pues el autor ha recreado situaciones y personajes.

Sin duda, la PasoAzorín ha sabido dar Otra vuelta de tuerca al conmovedor mensaje de que, de un modo u otro, por reveses de la mente y el corazón o por voluntad de seres de ultratumba… nunca estamos solos…

Inés Kerzan y Ángela Peirat, protagonistas adultas con unas composiciones fieles al origen de la historia. ¿Siglo XIX o XXI? Aunque intervengan móviles, el desasosiego en que se mueven pertenece a la historia de la humanidad, cualquiera sea su época.
Ana Azorín, cabeza de compañía, esta vez a cargo de un personaje episódico que acaba siendo clave para comprender la historia. Con apariciones fugaces transmite una tensión de la que no debemos adelantar nada, para que las situaciones envuelvan a todos los visitantes a la extraña mansión.

Escena 1.1. Bly Manor. Desván. OSCURIDAD. Atardeciendo.

(Un rumor de agua fluyendo en el ambiente. Sonido de mecedora moviéndose.)

Jessel.                  ¿Lo consigues?

Flora.                  Espera.

(Silencio. Luz de juguete. En la mecedora, moviéndose lentamente, con el rostro hierático, la señorita Jessel. En el suelo, sentada a lo indio, Flora, intentando descifrar un rompecabezas.)

Jessel.                  ¿Lo consigues, Flora?

Flora.                  ¡Espera!

Jessel.                  ¿Es difícil?

Flora.                  Es muy difícil. No sé si seré capaz.

Jessel.                  Claro que serás capaz.

(Silencio.)

Flora.                  ¿Puedo parar?

Jessel.                  No, Flora. No puedes parar.

(Silencio.)

Jessel.                  ¿Quieres que te cuente una historia para que el tiempo pase más rápido?

Flora.                  ¿Otra historia sobre el agua?

Jessel.                  ¿No te gustan las historias sobre el lago?

Flora.                  Me dan miedo.

Jessel.                  ¿Y qué historia quieres que te cuente?

Flora.                  Una de una jovencita.

Jessel.                  ¿Una niña?

Flora.                  ¡Una jovencita!

Jessel.                  ¿Y si en lugar de una jovencita hubiese dos jovencitas?

Flora.                  Eso sería aún mejor.

Jessel.                  La historia que voy a contarte sólo la conozco yo. Hasta ahora.

Flora.                  ¿Por lo espantoso?

Jessel.                  No.

Flora.                  ¿Por lo aterrador?

Jessel.                  Por la increíble fealdad y el horror, y el inaudito dolor al que dio origen.

(Alguien está entrando en el desván. No se le ve.)

Grose.                 (Saliendo a escena) Espere. No se caiga.

Jessel.                  (Haciendo mutis) Piensa en mí, Flora. Piensa en mí.

Grose.                 Estas escaleras pueden ser traicioneras. Déjeme que la alumbre con el farol.

Abigail.               (Saliendo a escena) No se preocupe. La oscuridad no me molesta.

Grose.                 La casa es vieja y la instalación deja mucho que desear… Espere.

(Mutis de Flora, corriendo, y riendo, divertida.)

La niña tiene 13 años y guarda muchos secretos. La nueva profesora de francés en el extraño hogar hace todo lo posible por congraciarse con ella, ignorando los peligros que le aguardan. (Judit Martín y Ángela Peirat).
De izquierda a derecha: Guillermo López Acosta, Ramón Paso, Ana Azorín, Jordi Millán. En sillas: Inés Kerzan, Ángela Peirat. En el suelo: Clara Romeu y Judit Martín.

OTRA VUELTA DE TUERCA

Sobre la novela de HENRY JAMES

Escrita y dirigida por RAMÓN PASO

Reparto ÁNGELA PEIRAT, INÉS KERZAN, ANA AZORÍN, GUILLERMO LÓPEZ-ACOSTA, JUDIT MARTÍN,

CLARA ROMEU, JORDI MILLÁN

Producción ejecutiva PASOAZORÍN TEATRO

Dirección de producción INÉS KERZAN

Espacio escénico JAVIER RUIZ DE ALEGRÍA

Iluminación CARLOS ALZUETA

Vestuario ÁNGELA PEIRAT

Diseño gráfico ANA AZORÍN

Fotografía RAMÓN PASO

Prensa y comunicación MARÍA DÍAZ

Ayudantes de dirección AINHOA QUINTANA, MIREIA ZALVE

TEATRO LARA. SALA LOLA MEMBRIVES. MIÉRCOLES, 22 HORAS.

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