El Proceso de Franz Kafka por Ernesto Caballero: un delirio de turbadora belleza

Horacio Otheguy Riveira.

Ernesto Caballero escribe y dirige El proceso, basado en la novela de Kafka, apostando fuerte por una dimensión más plástica y psicológica que social, a diferencia de la versión del alemán Peter Weiss realizada en los años 60, y estrenada en Madrid, en este teatro María Guerrero dirigida por Gutiérrez Aragón en 1979.

Caballero infunde una dinámica delirante en la experiencia del protagonista, acosado por un sentimiento de culpa que, sin embargo, en última instancia, se une a la visión de Weiss, ya que el perfil del gerente de un banco procesado por una culpabilidad imprecisa contiene la imposibilidad de absoluta inocencia para quien trabaja al servicio del mismo sistema de valores que lo acosa y condena. Cómplice de sus verdugos, les comprende y absuelve, aunque se hunde en la angustia de no saber de qué se le acusa…

Enrique Llovet (1917-2010) escribió en El País, con motivo de aquel estreno cuyo título original es El nuevo proceso, última obra de Weiss (1916-1982): «… el lenguaje, la concepción y la estructura del trabajo de Kafka contienen una carga intelectual que traspasa la denuncia temporal para alcanzar la dolorosa profecía. K, hombre medio, pequeño y casi anónimo transeúnte, se autotranscribe al adivinar que todas las formas de poder tienden a su destrucción».

Primera secuencia con Paco Ochoa escribiendo a máquina mientras se produce una nevada de trozos de papel. El sonido del teclado se suma “naturalmente” al frío ambiente acristalado, una interesante composición de la escenógrafa Mónica Boromello en una evolución muy ligada a la atractiva iluminación de Paco Ariza.

El checo Franz Kafka murió a causa de una tuberculosis de laringe en 1924, con solo 40 años. Al año siguiente, su amigo Max Brod empezó a publicar su obra: novelas y cuentos que el autor despreció y, agonizante en el hospital, le pidió que las hiciera desaparecer.

El proceso fue la primera en publicarse, escrita, posiblemente, diez años antes de su muerte, en 1914, el año en que empezó la Primera Guerra Mundial, muchos años antes de la ocupación del entonces Imperio Austrohúngaro por dos dictaduras de diferente signo, pero igual necesidad de coartar toda libertad individual. Expansión del Tercer Reich primero, y después la de la URSS en plena Guerra Fría. Todo el tinglado terrorífico de El proceso —por el que transcurre la historia de un hombre que nunca sabe exactamente de qué se le acusa, abrumado por burócratas implacables— se parece en mucho a las actividades de las dictaduras que se sucederían en toda Europa y parte de Asia, que Kafka no llegó a conocer, aunque sí creció junto a un padre autoritario que marcó toda su obra poblada de fantasmas y terrores oscuros.

Su novela es el modelo perfecto del hoy llamado mundo kafkiano, una serie de infortunios que suceden a gente indefensa, víctima de sus propios fantasmas que suman elocuentemente a los de estados sociales que le dan la espalda, dentro del mismo universo surrealista que conlleva toda su producción: numerosos cuentos y las novelas El castillo, El desaparecido, ambas inconclusas como El proceso.

Ya en sus primeras líneas marca el peculiar estilo escogido por el autor:

«Alguien tenía que haber calumniado a Josef K, pues fue detenido una mañana sin haber hecho nada malo. La cocinera de la señora Grubach, su casera, que le llevaba todos los días a eso de las ocho de la mañana el desayuno a su habitación, no había aparecido. Era la primera vez que ocurría algo semejante. K esperó un rato más. Apoyado en la almohada, se quedó mirando a la anciana que vivía frente a su casa y que le observaba con una curiosidad inusitada. Poco después, extrañado y hambriento, pulsó el timbre interior.
Nada más hacerlo, se oyó cómo llamaban a la puerta y un hombre al que no había visto nunca entró en su habitación. Era delgado, aunque fuerte de constitución, llevaba un traje negro ajustado, que, como cierta indumentaria de viaje, disponía de varios pliegues, bolsillos, hebillas, botones, y un cinturón; todo parecía muy práctico, aunque no se supiese muy bien para qué podía servir».

En una nube fantástica creada por Ernesto Caballero

El autor-director se sumerge en un montaje onírico, a partir de una parte del libro: «Nuestra puesta en escena se inspira en el relato que el personaje del capellán de la cárcel le refiere a K. en el penúltimo capítulo de la novela: la historia del reo que permaneció toda su vida a las Puertas de la Justicia tratando infructuosamente de franquearlas hasta perecer en el intento. El acceso cegado a unos arcanos inaccesibles al común de los mortales se concreta visualmente en una concepción escenográfica que remite a la oscura sacralidad de un arbitrario aparato judicial, sobre cuyo estrado actúa un coro kafkiano como un personaje proteico y multiforme, acaso la encarnación de las peores pesadillas del acusado Josef K. y también de las de todos nosotros, tal que las peligrosas furias que atormentaron y acusaron a Orestes en Las Euménides».

Si el universo de Franz Kafka se inclina por una autoficción de la que acabó renegando, con seguridad doblemente angustiado: por la enfermedad respiratoria, y su ancestral incomodidad de sentirse adaptado y a la vez fuera de lugar. Todo circula por el vaivén de las emociones de un gerente de banco perdido en su rutina, dentro y fuera de sí mismo, y para ello, Caballero ha construido la perfecta prisión donde todo es posible en un marco de espejos deformantes en los que viven muy seguros jueces y policías entre funcionarios sumisos mal pagados y mujeres ardientes que Joseph ve con deseo frustrado.

La sucesión de escenas resulta desigual, con algunas confusas o innecesariamente largas, y otras formidables. Es la densidad del delirio la que falla de ritmo y riqueza expositiva, como si Caballero pensara en voz alta y tardara en decidirse. El prólogo —que, en principio, parece innecesario— acaba uniéndose a un epílogo, que llega después de un largo monólogo en tono bíblico, por parte del capellán de la cárcel, fiel transcripción de la novela. La voz de Kafka se escucha con nitidez en la visión de un hombre de teatro prolífico, que suele jugársela con propuestas muy distintas entre sí.

Las interpretaciones resultan muy irregulares, tal vez en dirección opuesta a la belleza de la puesta en escena, como si no hubiera mucha claridad en la dirección de los, por otra parte, excelentes actores y actrices.

Juan Carlos Talavera en uno de los tres personajes que asume para circular por el doloroso periplo de Joseph K (Carlos Hipólito), quien una y otra vez intenta dar la mano a todos con los que contacta, sin que ninguno la acepte.
Irregular trabajo de Carlos Hipólito en el mismo escenario donde fue un sobresaliente Macbeth en 2020.
En un confesionario: el detenido y el capellán, dentro de un marco de catedral compuesto por luces y escenografía de un modo misterioso, con una atmósfera inquietante. (En la foto, Carlos Hipólito y Alberto Jiménez).
Gran elenco en variados personajes, aquí como otros detenidos: una masa exhausta sin futuro.

Versión y dirección Ernesto Caballero

Reparto

Felipe Ansola (Estudiante, Azotador, Fabricante), Olivia Baglivi (Señora Bürstner, Leni, Niña Titorelli 1), Jorge Basanta (Willem, Huld), Carlos Hipólito (Josef K.), Alberto Jiménez (Franz, El pintor Titorelli, El capellán de la prisión), Paco Ochoa (Juez instructor, Hombre alto, El tío Albert, Block), Ainhoa Santamaría (Señora Grubach, Mujer del juzgado, Niña Titorelli 2), Juan Carlos Talavera (Inspector, Ujier, Jefe de departamento)

Escenografía Mónica Boromello

Iluminación Paco Ariza

Vestuario Anna Tusell

Música original José María Sánchez-Verdú

Espacio sonoro Miguel Agramonte

Caracterización Sara Álvarez

Movimiento José Luis Sendarrubias

Ayudante de dirección Pablo Quijano

Ayudante de escenografía Mauro Coll

Ayudante de vestuario Eleni Chaidemenaki

Ayudante de iluminación Daniel Checa

Fotografía Luz Soria

Vídeo Bárbara Sánchez Palomero

Coproducción Centro Dramático Nacional y Lantia Escénica

TEATRO MARÍA GUERRERO. CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL. HASTA 02 DE ABRIL 2023

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *