La Compañía Tribueñe en muy atractiva versión de: “Borrachos”, de Ivan Viripaev

Horacio Otheguy Riveira.

Dos horas de borrachera teatral en un nuevo montaje de Irina Kouberskaya: quince personajes, cada uno con una participación destacada en un aquelarre valleinclanesco que la directora domina magistralmente, logrando una puesta en escena asombrosa en una representación donde los grados de alcoholismo se entregan en perfecta armonía. Cuidados matices para el endiablado bucle de diversos burgueses de la Rusia actual exhibidos por un autor prolífico, exiliado en Polonia, donde obtuvo nueva nacionalidad.

El dramaturgo Ivan Viripaev, cuyas obras están prohibidas en su Rusia natal y que se ha significado como activista contra el régimen de Vladímir Putin, cree que Europa debería “actuar más decididamente en el sentido militar” y menos radicalmente contra los artistas rusos, “porque no todos defienden a su gobierno”.

Viripaev es un autor prolífico que ha creado obras de teatro y guiones de cine en los últimos 25 años, pero desde que empezó la guerra de Ucrania no ha escrito ni una línea: “No sé qué escribir, no tengo palabras, es una tragedia terrible. Es el acontecimiento más fuerte que he vivido nunca, más que la muerte de mi madre, más que el nacimiento de mi hijo. Europa debería de actuar de forma más decidida en el sentido militar, porque no se puede llegar a un acuerdo con Putin negociando, no entiende las palabras. Creo que la única manera de solucionar el conflicto es derrotar militarmente al ejército ruso, porque de lo contrario, volverá a pasar”.

Fue Miguel del Arco, quien trajo por vez primera una pieza de Viripaev. Sucedió en 2019: Ilusiones: un tiovivo de emociones con formidables intérpretes.

KOUBERSKAYA y VIRIPAEV SERVIDOS POR GRAN ELENCO

Borrachos no habla de la guerra, pero sus volátiles personajes forman parte de la élite rusa y su agonía sirve de reflejo de quien a ras de tierra se cree dios, un dios vestido de cristianismo compulsivo y primitivo.

Una función que exige de los actores una entrega muy emocional y a la vez muy bien pertrechada de recursos técnicos… Dirigidos por Irina Kouberskaya, se introducen con gran fluidez en la oscuridad de sus personajes, todos ellos metidos a fondo en un bucle autodestructivo. Les ayuda la mano firme y delicada, escénicamente completa, musical en todos los sentidos, de la eximia directora y cada escena conforma una historia, a menudo con mucho del teatro beckettiano en el que toda repetición es imprescindible en personajes incapacitados para romper amarras y huir de su círculo vicioso, hecho de alcohol y lamentaciones.

Se suceden las escenas bajo la permanente mirada, desde distintos ángulos, de una vagabunda, cuyos silencios son tan significativos que cuando habla tiene una rotundidad inesperada (Inma Barrionuevo: muy expresiva bordando el único personaje mudo, y único también que está siempre en escena). Ante esta sin techo alelada frente a los discursos ebrios de gente tan diversa, desfilan el director de un Festival de cine, una prostituta hábil y hermosa que podría ser lo que desea: una bailarina; dos mujeres que bregan por un mismo hombre, cuatro amigos, una boda… y otra más, muestras ambas de expresiones tan religiosas como blasfemas… Dios multipresente, pero no el de los clásicos rusos, aunque con su sombra en los talones, tan cargados de culpas y carcajadas, de tormento y mezquindad, estos seres a la deriva que no saben cómo detener el bucle en que se han metido, hasta que uno grita, con el beneplácito de casi todos: “¡Dios habla con el lenguaje de los borrachos!”.

Con un espacio sonoro bien medido, envolvente, y un muy elaborado diseño de luces, Kouberskaya ha logrado un fresco de gran altura, la misma a que nos tiene acostumbrados, pero con un aliento aún mayor, dada la dificultad de la empresa. Es tan rico lo conseguido que compone un saludo final que es otra obra en sí misma bien resuelta; cuando la coreografía de toda la función (muy física, por cierto) se sirve como despedida, el espectador aumenta su disfrute aplaudiendo de pie a toda la Compañía que continúa en un ir y venir de fiesta beoda, dentro del fabuloso marco teatral logrado con ímproba capacidad de trabajo de todos los intérpretes.

En una de las muchas escenas admirables, un trío que aúna fuerzas y las descompone, ciegas de amor por un hombre que va de una a otra en desconcierto mayor. Sus intérpretes: Matilde Juárez, Rocío Osuna, Miguel Pérez Muñoz, integrantes de una Compañía a todas luces excelente.

Matilde Juárez (Marta)
David García (Mark)
Rocío Osuna (Laura)
Catarina de Azcárate (Magda)
Miguel Pérez-Muñoz (Laurence)
Enrique Sánchez (Gustav)
Ana Peiró (Lara)
Juan Matute (Carl)
Virginia Hernández (Linda)
José Manuel Ramos (Rudolph)
Kike Lafuente (Max)
Juan Sanz (Matías)
Iván Oriola (Gabriel)
Badia Albayati (Rosa)
Inma Barrionuevo (Vagabunda)

AUTOR IVÁN VIRIPAEV
TRADUCCIÓN Y DIRECCIÓN IRINA KOUBERSKAYA
DISEÑO DE LUCES EDUARDO PÉREZ Y MIGUEL PÉREZ-MUÑOZ
TÉCNICO NICOLÁS ORDUNA
FOTOGRAFÍA LAURA TORRADO

SALA TRIBUEÑE HASTA EL 28 DE MAYO 2923, SÁBADOS Y DOMINGOS 19 HORAS

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