Por Mariano Velasco

Además de un texto delicioso, “Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín” es sin duda uno de los títulos (literal, lo del título) con mayor musicalidad de la obra de Lorca. Pero es que, además, lejos de tratarse de un texto menor, como podría llegar a parecer, encierra la enorme complejidad del universo lorquiano, ese embrujo que hace que casi sin darse cuenta, actores y público emprendan cogidos de la mano un simbólico camino que les lleva del dulce juego poético a la más absoluta tragedia en la que el blanco acaba tiñéndose de rojo, hablando en términos más lorquianos.

Esa disimulada complejidad puede que sea la causa de que resulte tremendamente difícil y arriesgado llevar, como ha hecho Triana Lorite, un texto tal a un escenario como el de la terraza del Teatro Quique San Francisco, lugar privilegiado, por un lado, pero con sus inconvenientes por otro. Un espacio al aire libre de lo más agradable para las noches de verano, pero limitado en cuanto a iluminación y aislamiento del entorno. Y ya se sabe que lo que tiene el universo lorquiano es que uno ha de sumergirse en él para disfrutarlo al máximo.

Aun así, la grandeza del texto y el buen nivel del trío de actores (Fernando Cayo, Ana Belén Beas y Carmela Martins) hacen posible que este “Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín” se disfrute con la debida sorpresa y diversión al principio, y con la angustia e incertidumbre que corresponden a su tercer cuadro.

Censurado en su época por la dictadura de Primo de Rivera (prepárate, Federico, si tu texto cae en manos de alguna concejalía de Vox), don Perlimplín es una obra que gira en torno, más que al amor, yo diría que al deseo sexual, y a la facilidad o la imposibilidad de satisfacerlo. Y que sabe hábilmente, al relacionarlo tan directamente con la muerte, solo como Lorca era capaz de hacerlo, convertirlo en un deseo sublime, casi divino.

Y además lo sabe hacer camuflándolo todo ello bajo un juego casi infantil, un cuentecito de hadas y duendecillos traviesos que al final, y solo al final, se descubre como la verdadera tragedia que es.

Sí que hay en este Don Perlimplín toda la simbología propia de Lorca, el jardín, las flores, los olores, la noche, el agua, los colores (el rojo, el blanco y el negro), pero tal vez le falte al montaje ese duende andaluz que sí que está muy presente en el texto. Porque volviendo a lo de la musicalidad que decíamos del título al principio, la apuesta musical para el resto de la obra acaba resultando demasiado fría, más aún tratándose de un espectáculo veraniego.

Con todo, sentarse en la terraza de uno de los escasos espacios teatrales de este tipo que hay en Madrid a ver “un Lorca” es una elección muy recomendable y una excelente alternativa para disfrutar del verano y del teatro, placeres ambos que nunca deberían ser incompatibles.

 

 

Adaptación y Dirección Triana Lorite
Intérpretes Fernando Cayo, Ana Belén Beas y Carmela Martins
Coreografía y movimiento escénico Zoe Sepúlveda
Composición musical Ignacio Ysasi
Ayudante de Dirección Hugo López Larosa
Vestuario Pier Paolo Álvaro y Roger Portal
Iluminación Paloma Cavilla
Diseño gráfico J. Lorite
Fotografías Lucrecia Díaz
Productor Lope García
Producción ejecutiva SEDAAmor de don Perlimplín con Belisa en su jardín

Teatro Quique San Francisco de Madrid. Del 11 de julio al 17 de septiembre de 2023