“Resurrección”, de Julia Otxoa

Por Alberto García-Teresa.

Los textos contenidos en el último poemario de Julia Otxoa (San Sebastián, 1953), poeta de voz potente y dicción concisa y contenida, constituyen una apuesta por la recuperación de la memoria. Con este libro, la autora dignifica las historias que han sido borradas del relato oficial. Las hace presente al incorporarlas a la vivencia de cada uno y termina convirtiéndolas en una enseñanza para el futuro en el camino hacia la justicia social.

Julia Otxoa ofrece versos cuidadosamente cincelados para que la precisión despliegue la resonancia. La escritora sabe equilibrar la sugerencia y la captación de lo inasible con la constatación de la materialidad de la existencia en sus composiciones. De ahí la referencia continua a situaciones que nos inducen a la fragilidad de distintos estados (como el temblor) y a animales, plantas y cuerpos humanos heridos. Sus piezas dejan constancia de los procesos de transformación, curiosamente, recogiendo imágenes exactas, tal que fotografías, de esos cambios. Construye imágenes bien definidas con elementos sencillos, pero de enorme sugerencia (“pesa un silencio de nieve / sobre las alas de los pájaros”).

Los poemas de Resurrección nos hablan del proceso de exhumación de las fosas comunes. Otxoa aborda con extrema delicadeza el dolor, la emoción y el duelo. Lo hace con palabras limadas, sin permitir que se descomponga la sobriedad emocional (“es pacífico el rostro del dolor”, nos apunta). El “yo” busca caminar por esa pendiente tratando de “nombrar el horror”, recordando la historia de su propio abuelo (“calavera horadada por las balas”), con una firme voluntad de escribir la historia, más al reconocer que “el silencio fue el altar de la victoria; / al primero que mataron fue al narrador”. En otras ocasiones, la voz se sitúa acompañando las excavaciones, sin ser protagonista. En todo ese recorrido, reconoce que no se puede permanecer inánime ante ese pasado ni ante el recuentro con los huesos de los familiares, y comparte la angustia de no encontrar las palabras necesarias para su misión. Además, sus poemas se dirigen a una segunda persona (en singular y en plural) que son los propios muertos, en un ejercicio de resurrección, tal y como viene a darnos a entender que supone, en última instancia, la exhumación: hacer presente su experiencia, cerrar un hueco, colocar un final. Ahí expresa también la autora su deseo de dar continuidad a ese relato. Porque, al conocerlo, se recupera y se actualizan sus emociones, sus trayectorias y sus anhelos.

Precisamente, los familiares se caracterizan por una serena espera en estas páginas. Quizá se trate de seres abrumados por la tristeza, que se han habituado a sostener las pérdidas y la incertidumbre con una débil esperanza, que se resuelve como una labor de reparación.

Como ocurre en el último tramo de la poesía de Julia Otxoa, este volumen presenta composiciones breves, con versos rotundos, pequeñas acciones y un hilado que da una impactante cohesión a todo el volumen. En ocasiones, la imagen aletea incitando a que el lector construya alrededor de él una historia; un pasado y más detalles. Por otro lado, pájaros, árboles, niebla y nieve son los elementos naturales más recurrentes de este volumen (y también en buena parte de la obra de esta escritora). La luz, asimismo, como símbolo de la justicia, de la verdad y del amor, aparece con frecuencia.

En ese sentido, resulta llamativo cómo Otxoa recoge la forma en la que la naturaleza transforma en vida los enterramientos (flores, animales que merodean por allí). La poeta da la vuelta a la situación y refuerza la vitalidad tras la tragedia, y lo hace como una manera de honrar y desobedecer la acción silenciadora, de los asesinos, hasta proclamar una “memoria exenta de venganza”.

Precisamente, quizá fluyendo desde ahí, en la segunda sección del volumen, más pequeña y ciertamente menos central, se recogen una veintena de poemas paisajísticos. Estas composiciones están escritas desde la admiración de la naturaleza, como proclamación vitalista y como eje que desplaza al antropocentrismo. Así se conforman este conjunto final de textos movidos por el asombro en los cuales también vuelca una aspiración de vida plena ligada a la sencillez, la alegría y el contacto con la naturaleza.

Memoria, reparación, justicia. Y vínculo. He ahí las claves de este conmovedor poemario.

Resurrección
Julia Otxoa
108 pp.
Calambur, 2021

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