Horacio Otheguy Riveira.
Con una estructura escénica y un ritmo propios de alta comedia, ya desde el título se expande una potente ironía. Una que guarda en su interior una misteriosa sobrecarga de emociones.
Me alegro tanto de verte es una función divertida en su apariencia -con algunos toques de directa comicidad-, que permite indagar someramente en las debilidades de las dos mujeres desconocidas que se encuentran en un parque, y juegan a conocerse treinta años atrás. Ambas solitarias, de vuelta de profundas heridas sentimentales.
Debilidades, soledades densas, dramatismo soslayado, enfrentamientos fugaces porque, en realidad, sus ideas son muy opuestas, pero nada importa cuando se necesita volcar amarguras largamente calladas, dado que, entre encontronazos, ambas comprenden que todo vale con tal de al fin encontrar alguien que escucha, que discute, que acaba por compartir número de teléfono… Aunque ambas miren al público en rotundos apartes muy teatrales, y lanzar: «¡Quién coño es esta!»

Esperanza de la Vega en una madre de familia discreta, estricta en muchos de sus puntos de vista, solitaria ansiosa por encontrar a alguien que no la juzgue negativamente.

Mamen Godoy en la piel de una mujer histriónica, alocada, bebedora compulsiva, encantadora y tremebunda a partes iguales. Solitaria ansiosa por encontrar quien la escuche en libertad.
Rabia, encanto, verdades y embustes, estas mujeres sin nombre (no lo dicen en ningún momento) representan perfiles urbanos muchas veces transitados por los escenarios, pero pocas veces de esta manera tan elocuente, tan vibrante, en una producción enteramente creada por mujeres, auténticas protagonistas de esta pieza donde se habla de maternidad sin hombres y de hombres aburridísimos; de cirugía estética de la cara, de pechos caídos y cirugía contra el envejecimiento de vaginas, del amor y el deseo entre personas del mismo sexo…
Mundos femeninos agazapados entre sonrisas («Tú estás contra el feminismo». «Yo soy femenina») , con el histrionismo de una y la vaga aridez de la otra, pero los estados anímicos y comportamientos de ambas son intercambiables, pueden hacerlo sin riesgo de ruptura, el encuentro fortuito está siempre a punto de acabar pero recomienza en un círculo de notable interés.
Actrices formidables
Distintas y unidas en la necesidad de encontrar un alma gemela, estas solitarias cuentan con unas actrices estupendas que nos brindan una hora y cuarto de conversaciones en un imaginario parque, pero podríamos seguir escuchándolas durante mucho más tiempo, lástima da que se acabe, tal el interés del texto -sorprendente en su perfecta sincronía- y el talento de sus intérpretes: Esperanza de la Vega, «Bailaora, actriz y docente. Amante del audiovisual y las artes escénicas, encantada de volver a la madre de todas ellas, el teatro», y Mamen Godoy, a quien he aplaudido reiteradamente en espectáculos muy distintos, tales como La Maricarmen, El porvenir está en los huevos, La tumba de Antígona.
Dirige Inma Nieto, estupenda actriz que debutó en la dirección con una inolvidable Lady Anne.
Idea original y autoría: Susana Sierra
Dirección: Inma Nieto
Actrices: Esperanza de la Vega y Mamen Godoy
Vestuario y espacio escénico: Almudena Rodríguez Huertas
Iluminación: Raúl González
Espacio sonoro: Luis Pérez
Producción ejecutiva: Salva Sanz



