Gaspar Jover Polo.

El señor Presidente es una novela que intenta sacar a la luz las atrocidades cometidas por un dictador hispanoamericano, un dictador cruel hasta un extremo que resulta increíble. La novela aporta, por tanto, un importante contenido social, político, de denuncia; pero, al mismo tiempo, es una trágica historia de amor entre Camila y Cara de Ángel, la pareja de enamorados que funciona como protagonista del libro junto con el señor Presidente. Sobre todo, se trata de una novela social, pero también describe un idilio romántico de dimensiones grandiosas: “Si el azar no nos hubiera juntado… –solían decirse. Y les daba tanto miedo haber corrido este peligro, que si estaban separados se buscaban, si se veían cerca se abrazaban, si se tenían en los brazos se estrechaban y además de estrecharse se besaban y además de besarse se miraban…”.

En El señor Presidente, se van entrelazando párrafos en los que se cuenta hasta qué punto puede llegar la degeneración de un gobierno dictatorial con párrafos en los que destaca una pasión amorosa difícil y, sobre todo, presa de malos augurios. Se trata de una relación sentimental que los propios protagonistas piensan destinada al fracaso, pero de la que no consiguen zafarse; ambos prevén un destino fatal para lo suyo pues no pueden vivir su relación al margen de las dramáticas condiciones políticas en las que se ven envueltos. Se puede decir que el contexto social no permite el desarrollo de sentimientos nobles; pero no son ellos los que dirigen sus vidas.

El señor presidente es una novela en la que el autor persigue el objetivo principal de denunciar hasta qué punto se vivía en el infierno durante la dictadura del señor Presidente; pero esta denuncia imprescindible y puede que también urgente para el escritor, no disminuye su interés por la forma de contar un asunto de tanto calado. En esta novela, la forma no escatima en el uso de figuras literarias, de símiles, metáforas, onomatopeyas…, con el fin de introducir una porción de fantasía que mitigue el dolor general y permanente; y, además, estos símiles y estas metáforas resultan especialmente llamativos pues se suceden audaces, vanguardistas, casi casi irracionalistas, como se puede apreciar en los siguientes ejemplos: “una música de carreta que iba tirando un hombre con la cara amarrada, como una pieza de artillería después de una derrota”, “al campo asomaba el arrabal con luces eléctricas encendidas como fósforos en un teatro a oscuras”, “Por el suelo, un pueblo de hormigas se llevaba una cucaracha muerta”.

Estos son algunos de los variopintos componentes que el autor lleva adelante al mismo tiempo y por los que se puede concluir que la novela de Miguel Ángel Asturias es una obra completa y compleja, un producto literario que, pese a resultar tan completo y complejo, le queda prácticamente redondo.