No es que esté cansado, es que el camino es muy largo.

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Por genética, mis padres me dotaron de un acopio enorme de alegría de vivir que me ha servido para atravesar la vida durante todos estos años ─y son bastantes─. No sospechaba yo que esta provisión pudiera comenzar a agotarse alguna vez.

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La degradación no puede detenerse. Sólo puede ralentizarse mediante la inacción.

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¡Oh, días, que habéis hecho temporal mi sustancia! Mi sustancia, que era intemporal, que era eterna en mi niñez…

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El viejo llora ya sin lágrimas y eyacula ya (casi) sin semen. Los depósitos están vacíos.

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No hay fenómeno de la Naturaleza que extravíe más el juicio sobre el sentido de la vida que el fenómeno de la vejez. Esto nos aturde de golpe cuando vemos a alguien al cabo de algunos años… Entonces, contradiciendo mis tradicionales convicciones, estaría dispuesto a defender que las personas no son las mismas a lo largo de su vida, es decir, que no existe una identidad personal.

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Pocos puntos de meditación más críticos que la contemplación de un viejo y la vejez. El gran espectáculo de la vida son los humanos y, dentro de los humanos, los ancianos. No hay imagen más digna de admiración que un viejo: en él se resume la vida.

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El silencio que muestran los viejos es el de un silencio expectante. No tanto ante el final de sus días, cuanto ante la perspectiva de que en cualquier momento Dios o la Naturaleza pudieran ser buenos haciéndoles recuperar o prolongar la salud… Siempre la fuerza de la vida, que no pierde la esperanza ni en sí misma.

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Aquella época en que mi única preocupación era amar…

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No es quizás sólo lo que hayas perdido: es la sensación de no poder ya recuperar nada. Es la sensación de la vejez.

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No es tampoco que la nostalgia de la juventud nos haga perder el gusto por el presente. Es que, porque se ha perdido el gusto por el presente, nos entregamos a la nostalgia de la juventud.

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Yo también creía que el descuido y apatía de algunos viejos no era, en el fondo, más que torpeza. Finalmente, llegado a tal edad, vengo a concluir que es solo desprecio e indiferencia ante los trabajos y días del mundo.

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Con ello comprendo ahora que la inteligencia es la facultad que nos lleva a extraer las últimas consecuencias de nuestras observaciones al objeto de comprobar que hemos equivocado el camino.

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Sin embargo aún le queda al viejo un último recurso para aferrarse a la vida: volver a amar. Amar lo que sea…  El amor es su última amarra.