JOSÉ LUIS MUÑOZ

No todo el mundo está capacitado para convertir un drama en una comedia. Un drama, la caída de Madrid en manos de las tropas franquistas; una comedida, esa cena que se celebra en el Hotel Palace con cocineros sacados de un pelotón de fusilamiento para agasajar a Franco, Carmen Polo y los generalotes golpistas. Hay que tener el talento innato de un Luis García Berlanga en La vaquilla, por ejemplo, o la maestría de Carlos Suara en ¡Ay Carmela! para salir  bien librado.

Manuel Gómez Pereira, el maestro de ceremonias de esta cena descacharrante, es un director bien dotado para la comedia (Boca a boca, Entre las piernas, El amor perjudica seriamente la salud) y eso se nota en los primeros tres cuartos de hora de la película, en la preparación de esa cena precipitada que el teniente franquista Medina (Mario Casas)  le exige al maître del Hotel Palace Juan (un excelente Alberto Sanjuan), homosexual discreto de derechas que acaba asumiendo que no tiene cabida en esa nueva España, pero decae precisamente en su momento álgido, la cena servida cuando el Caudillo, su mujer y la corte de generales golpistas se sientan a las mesas a disfrutar de ese ágape cocinado por la anarquista Juana (Elvira Minguez), su hijo Ángel (Óscar Lasarte) y un elenco de cocineros comunistas que se plantean envenenar la comida con matarratas. La comicidad decae en ese último tramo de un film que, hasta entonces, parecía bien engrasado gracias a sus intérpretes, entre ellos un Asier Etxendía en el papel del falangista Alonso, que se peina como José Antonio y echa los tejos a toda hembra que se menee a su alrededor, entre ellas Luchi (Eva Ugarte), la mujer del teniente, y un Antonio Resines, que tiene un corto papel como el cocinero Antón al que le pierde no tener la boca cerrada.

Manuel Gómez Pereira no es Luis García Berlanga, aunque lo intenta en esta comedia irregular que tiene como escenario los fastuosos salones del Hotel Palace madrileño y se deja ver pero falla al no tener un guion más chispeante que solo consigue sonrisas, pero no carcajadas.