Horacio Otheguy Riveira.
Si quieres, puedes quedarte aquí, Txani Rodríguez
La sensual presencia de mujeres en un pueblo montañés, llama la atención de Andrea, joven enviada por su pareja a un aislamiento rural, entre ovejas, a las que poco a poco se van añadiendo turistas, hombres y mujeres, pero entre todos brilla el misterioso trío que desnuda sus vulvas al sol, tres jóvenes, una de ellas pelirroja de fantástica belleza…
Todo hace a la creación de una atmósfera de gran sensualidad en la que la muchacha que recibe 100 euros semanales, «para reeducarse», suspira con volver a la vida urbana donde leía, traducía, editaba, visitaba bibliotecas… era ella misma entonces, ahora es otra que va descubriendo un paisaje revelador de emociones desconocidas.
Sucede sin alharaca ni estridencias, casi sin quererlo, aunque, igual que siempre, con pareja o sin ella, intentando aventuras amorosas en las que expresar libremente su sexualidad.
Hubo un tiempo en que el novio que ahora la castiga en lejanía -y cercanía sin previo aviso- la deseaba, impetuoso… Un tiempo que satisfacía plenamente su deseo hasta que ella empezó a sentir asco…
«Andrea tradujo un par de libros. Le pareció que aquel trabajo estaba mal pagado y que costaba mucho ganarse la vida, pero a Gonzalo, más familiarizado con el mundo de la empresa que con las novedades editoriales, la labor de traducción le resultaba exótica, y al poco de conocer a Andrea ya le gustaba imaginársela rodeada de libros y diccionarios, envuelta en palabras, en una seda transparente de sintaxis.
Durante un periodo de tiempo no demasiado breve, el simple hecho de evocar la gramática llevaba a Gonzalo a un estado de excitación casi incómodo porque cada vez que pasaba por una librería, o leía algún reportaje sobre literatura en el periódico, o escuchaba por casualidad la palabra biblioteca, sentía unas ganas tremendas de hacer el amor con Andrea.
—Es como si me la acariciaras continuamente –le escribía a veces desde sus interminables reuniones de trabajo».
Un deseo entre tinieblas donde el maltrato psicológico se expande con precisión hasta ser destruido por un amor incondicional, y una gran amistad entre mujeres.
En la soledad en que vive, es una más entre las viudas que pagan a Rosario para que les cocine, desoladas todas a la hora de guisar solo para ellas mismas. Andrea ayuda, busca sociabilizar, también con algunos hombres con poca fortuna (“otra noche más durmiendo sola”).
También ella, como sus turísticas vecinas, deja sus muslos y vulva al sol… y espera que termine su prisión al aire libre de la tan mentada naturaleza.
El espléndido acierto de Txani Rodríguez (Llodio, Álava, País Vasco) consiste en desarrollar una trama que, con gran serenidad, y sin efectos de golpes bajos, nos introduce en el corazón, la piel y la ansiedad de la protagonista mientras va aportando –poco a poco– datos del pasado y el presente para conformar, en definitiva, una cautivante novela que, cuando se topa con una violencia inusitada, exhibe la belleza de un ser que se busca a sí mismo en zonas jamás exploradas..
Del maltrato feroz de un canalla adinerado a una amistad y una insólita prueba de amor incondicional en un final fabuloso que abre caminos sin que la protagonista lo sepa del todo.
Andrea es un gran personaje en una historia que desarrolla potente suspense psicológico dentro de una preciosa estructura narrativa.



