JOSÉ LUIS MUÑOZ

El que una película como Las sombras del poder no se haya estrenado comercialmente, sino que haya ido directamente a plataformas (la pueden ver en Filmin y les recomiendo que no se la pierdan) es uno de esos misterios inexplicables que de cuando en cuando se producen en la distribución cinematográfica, sobre todo teniendo en cuenta quien está detrás de la cámara: Michael Winterbottom.

El versátil realizador británico capaz de alumbrar un western con trasfondo melodramático como El perdón, una película porno exquisita como Nine songs, la mejor adaptación de una novela de Jim Thompson El asesino dentro de mí o una denuncia política como Camino a Guantánamo, pone en imágenes la historial real de la relación sentimental, y sexual (la atracción de la piel está muy presente en el film), entre el policía británico Tom Wilkin (Douglas Booth) y la periodista Shoshana Borochov (la actriz rusa Irina Starshenbaum), activista sionista de izquierdas e hija de uno de los fundadores del sionismo socialista, en los años previos al nacimiento del estado de Israel, por los años 30.

Michael Winterbotton maneja a la perfección el thriller político, ilustra al espectador sobre  las distintas facciones dentro del movimiento sionista como la más radical y fascistoide encabezada por el poeta e intelectual Avraham Stern (Aury Alby), un judío polaco que era  dirigente del grupo extremista Irgún, que luego fundó uno más despiadado llamado Leji,  que abogaba por el terrorismo contra los ingleses y los árabes a base de atentados indiscriminados y asesinatos selectivos, pero también denuncia los métodos poco ortodoxos de los agentes británicos para hacer hablar a los prisioneros judíos (ya existía el ahogamiento  simulado además de las habituales palizas) sin descuidar la vertiente política de ese convulso momentos cuyas consecuencias estamos pagando todos en este momento, con lo que la película, además de ser un impecable fresco histórico (la ambientación es sobresaliente a pesar de estar rodada en Italia) es de rabiosa actualidad.

En medio de ese caos violento en donde se producen violentas vendettas por uno y otro lado, y una especie de competición por obtener mejores resultados policiales que enfrenta al protagonista masculino con el policía Geoffrey Morton (Harry Melling), se inserta perfectamente esta historia de amor tan intensa como complicada, una especie de Romeo y Julieta, entre Shoshana (ese es el título original de la película) y el británico policía Wilkin que salta todas las barreras ideológicas (en un momento determinado Shoshana le confiesa que ha participado en el asesinato de un confidente judío para poner a prueba la relación) y que en pantalla funciona a la perfección gracias el feeling existente entre los dos jóvenes y bellos actores que los interpretan.

No se resiente Las sombras del poder, o Shoshana, de su largo metraje (roza las dos horas), no baja en ningún momento la intensidad del relato Michael Winterbottom en la que es una de las mejores películas de un director que nunca defrauda y al que echábamos de menos.