Redacción.

Albert Oltra (Vila-Real, 2004) es estudiante de Filosofía y escritor. Su obra nace de una profunda inquietud por los grandes temas que atraviesan la existencia: la muerte, la fe en tiempos de incertidumbre, el símbolo y el peso de la lucidez. Con una sensibilidad marcada por el pensamiento crítico y la intensidad emocional, concibe la literatura como una necesidad vital: un espacio donde confrontar el yo y revelar aquello que permanece oculto. Querida Llorona o del Panóptico (marzo de 2026) es su primera novela, una obra en la que encapsula sus verdades más íntimas y contradictorias, abordadas desde una mezcla de realismo mágico y narrativa existencial. Actualmente continúa desarrollando su proyecto literario, con la convicción de que la escritura debe incomodar, iluminar y rescatar autenticidades en tiempos angustiantes.

  • CULTURAMAS.- Buenos días, Albert. Querida Llorona o del Panóptico es tu primera novela y ya deja entrever una voz muy definida. ¿Cómo nació esta historia y en qué momento supiste que debías escribirla?

RESPUESTA.- Antes que nada, muchas gracias por ofrecerme este espacio. Tras un tiempo de vivencias muy intensas y muchas lecturas, me aventuré a escribir sobre los grandes temas que ya los clásicos en su momento desvelaron pero bajo mi prisma. Para mí, no existe un momento de escribir una novela puesto que, estoy entregado a la literatura. Pero, es cierto que empecé a escribir Querida llorona o del Panóptico en una época de silencio y mucha introspección.

  • CM.- La obra se adentra en temas como la muerte, la fe, la culpa y el amor. ¿Qué te llevó a explorar estas tensiones desde la ficción?

RESPUESTA.- En cuanto a estos tópicos, me inspiró la percepción que tengo sobre la realidad a partir de lo que me contaron en un principio como una fábula, luego cómo lo viví en mis carnes y finalmente cómo lo leí e interpreté. En todos estos temas sentí que había una fricción que operaba en el ser humano: emoción-razón,  culpa-redención, acción justa-acción liberadora, fe-autonomía, determinismo-libre albedrío y como consecuencia de esto: ¿dónde cabe Dios en este espacio?

  • CM.- En la novela conviven el realismo mágico, la narrativa existencial y un fuerte simbolismo. ¿Cómo dialogan estos elementos entre sí y qué te permite expresar esa mezcla que quizá no lograrías desde un realismo más convencional?

RESPUESTA.-Estos tres géneros me ayudan a expresar una trascendencia fantástica, profunda y artística en la novela. La narrativa existencial me sirvió para hablar del ser humano como sujeto que dialoga consigo mismo en el mundo. El realismo mágico crea esa idea de mito y tierra que he querido conseguir con Querida llorona o del panóptico. Me separo del realismo más convencional porque la novela respira un aire místico y trascendente que creo que no sería posible con el realismo empleado por referentes que admiro como Miguel Delibes, Carmen Martín Gaite o Ramón J. Sender. Por último, el simbolismo es de gran utilidad y he querido hacer de los símbolos elementos vivos que respiran y además moralizan a los personajes sin necesidad de hablar.

  • CM.- El título ya es toda una declaración: Querida Llorona o del Panóptico. ¿Qué significa para ti esa doble formulación y qué papel juega la idea de «ser observado» en la obra?

RESPUESTA.- Para mí, esta doble formulación se inspira en los diálogos platónicos que introducía un título a modo de historia y luego el concepto filosófico del que se hablaba. El más famoso es El banquete o del amor donde el simposio es la historia y el amor el concepto del que se parte filosóficamente desde diferentes miradas.

En mi título contrapongo la idea del mito del personaje de JULIA con ese toque emocional y el concepto filosófico del panóptico.

El panóptico, como se conoce, es la idea de una estructura sobre todo utilizada en cárceles a raíz del filósofo Bentham y a posteriori por Foucault en la que los prisioneros saben donde se encuentra el foco de la vigilancia hecho que les hace creer que viven en estado de falsa libertad o libertad controlada. Aunque no saben cuando son realmente vigilados y observados. Lo mismo ocurre en la novela. Hay una clara vigilancia a los personajes desde  diferentes estructuras o creencias pero no saben cuando serán juzgados por el sistema.

Otro de los autores en la vertiente literaria que me enseñó cómo funciona el panóptico es Kafka con El proceso y la más relevante para mí El castillo.

  • CM.- Julia, «La Llorona», es un personaje atravesado por la sensibilidad y el estigma. ¿Quién es realmente para ti? ¿Es una figura simbólica, una conciencia…?

RESPUESTA.- Julia es el eje central de la novela, por más que se bifurque la historia, la tuve muy presente en todo el proceso y me parece maravillosa. No tiembla el pulso cuando digo que me enamoré de esta mujer. Ella no es solo símbolo o La Llorona, es lo que subyace, la mirada, la forma de estar presente incluso en la ausencia, su misterio.

Julia es para mí atmósfera, que haga acto de presencia y no diga palabra alguna ya condiciona la escena. Es la figura que me enseñó que en ocasiones no diciendo se dice más.

  • CM.- Frente a ella aparecen figuras como Tomás Salinas, Santiago «Pistola» o el cura Sandalio Quiroga. ¿Representan distintas formas de poder —la razón científica, el poder político, la autoridad moral— o son algo más complejo?

RESPUESTA.- Obviamente,  representan formas de poder y también decadencia en un mundo donde hay una transformación y ellos quedan anticuados y obsoletos. Todos ellos se aferran a un clavo ardiendo: puede ser el dinero y el poder, el conocimiento para evadirse del mundo o la esperanza de un gran porvenir en una sociedad inmoral.

Entonces tal y como insinúas en tu pregunta, sí, es algo más complejo y profundo.

  • CM.- La novela parece plantear una tensión constante entre fe y lucidez, entre creer y comprender. Como estudiante de Filosofía, ¿hasta qué punto tu formación académica ha influido en la construcción de estos conflictos? ¿Y la música?

RESPUESTA.- La formación filosófica influye en el principio de la novela, ya que el panóptico es un concepto de raíz filosófica y ciertas preguntas que se acercan al plano metafísico. Por tanto, yo diría que habiendo partido de esta base, la inspiración en ella y sus dilemas, me parece total. Me acerqué mucho a Platón y Aristóteles, Boecio o San Agustín, pero no dejé de lado a Kant, Nietzsche o Jung. Los conflictos son más personales y me gusta afrontarlos desde la pasión, dejando la tabla racional a un lado, porque ya tengo la premisa en la filosofía. No voy ciego al conflicto, pero escribir también es no saber qué va a ser escrito.

La música me resulta muy inspiradora; me recuerda el swing en la literatura, la cohesión, el nervio. No me limito en cuanto a géneros; sin embargo, me inclino hacia música pasional. Ante todo lo dicho, me hace entender que la literatura, así como la música,  necesita silencio para su belleza.

  • CM.- El pueblo sin nombre funciona casi como un personaje más. ¿Qué buscabas al situar la historia en un espacio tan cerrado y simbólico?

RESPUESTA.- Justo lo que comentabas, el pueblo como personaje; fantasmagórico, lejano pero muy presente y angustiante: un ojo avizor. Es estructura de poder, sociedad burguesa decaída, campos abarrotados por la creciente industrialización, una fe quebrada o un tribunal de conciencia. A raíz de estas cuestiones, me pregunté: ¿qué ocurre con el individuo en el pueblo? ¿Quién es del pueblo? ¿cómo se responde a la exclusión de este? Así, nacerían los distintos personajes y contradicciones de Querida Llorona o del Panóptico.

  • CM.- Hay una pregunta que atraviesa el libro: ¿somos dueños de nuestras decisiones o estamos condicionados por una mirada que nos excede? ¿Es esta la gran inquietud que sostiene la novela?

RESPUESTA.- Esta es una de las inquietudes ciertamente, pero no la principal. Para explicar esto, la novela juega desde distintos planos, perspectivas e ideas donde el lector por una parte, pueda sentirse dueño y con control sobre lo que lee y otra donde es vigilado y juzgado. En este punto, entra la idea del Panóptico y el control social, donde uno no sabe cuándo está siendo observado o señalado. Mientras, el sujeto cree que decide o es una ilusión pero está terriblemente condicionado sin saber por qué. Esas fuerzas inamovibles y opuestas son el cuerpo de la novela.

  • CM.- Dices que la literatura debe incomodar e iluminar. ¿Qué te gustaría que sintiera el lector al cerrar el libro?

RESPUESTA.- La literatura debe incomodar en el sentido que el artista remueve para así encontrar nuevas perspectivas y quizá, quién sabe, vislumbrar nuevos horizontes al lector.

A título personal, no puedo decidir los sentimientos del lector que cierra el libro y queda observando las motas de polvo a su alrededor. Aunque, para mí, la simbiosis pasional es inigualable a nivel literario. Me explico: como autor, en la ausencia, un lector presente que sienta mis palabras dentro, así provoquen sentimientos de duda, goce u horror, me conecta con el lector.

En este punto, la literatura ilumina porque en cierto sentido, acompaña y mucho.

  • CM.- Esta es tu primera novela publicada con Editorial 2IX. ¿Cómo encaja dentro de tu proyecto literario más amplio? ¿Sientes que es un punto de partida o ya contiene las claves de lo que vendrá?

RESPUESTA.- Editorial 2IX se encargó de dar vida a esta novela, tanto de la corrección ortotipográfica, como de la portada e ilustraciones; un gran equipo editorial, que agradezco que hayan confiado en mi novela, todo sea dicho. Querida Llorona o del Panóptico encajaría como el inicio de una gran decisión y más arriesgada como es la literatura.

Trabajo día a día por descubrir nueva literatura, horizontes artísticos y debilidades intelectuales. Quisiera escribir muchos libros, pero eso será si surge una necesidad fuerte de ser escritos. Considero que acudo a la literatura de forma humana, como una necesidad.

Siempre me encuentro pensando en nuevas historias y aspectos que no sé cómo agarrar para que sean contados todavía. Aunque vivo con el miedo constante de no estar a la altura de no poder plasmar correctamente lo que concibo en mi mente.

En mi humilde opinión, creo que estoy en el punto de partida, pero en constante búsqueda y eso me da cierta paz.

  • CM.- Siempre me gusta mirar hacia adelante. ¿En qué estás trabajando ahora y hacia dónde te gustaría que evolucionara tu escritura en los próximos años?

RESPUESTA.- Estoy trabajando en una nueva novela, en efecto. Aunque, a día de hoy, necesito desapegarme de la tinta derramada en esta novela que ha llevado un tiempo de tres años.

En esta nueva obra, estoy barajando la idea de una voz irónica y a su vez seria para no caer en la sátira o mofa.

Respecto a cómo me gustaría que avanzara mi escritura a lo largo de los años; no quisiera verme encasillado en una forma de ejecutar mi voz u observar un patrón clasificado como «Albert Oltra». Pienso que para elaborar un mundo, unas ideas y una historia, el autor debería cambiar su voz de acuerdo al tipo de obra en que se encuentra trabajando. En todo caso, uno siempre responde a una esencia como escritor. Ahora bien, para mí, lo que no se explora y no se aventura, limita creativamente.

  • CM.- Para cerrar, te agradezco tu tiempo y te lanzo una última pregunta. Imagina a un lector que se topa con Querida Llorona o del Panóptico entre cientos de novedades. ¿Por qué debería detenerse en ella?

RESPUESTA Y CIERRE.- Cierto es que el mercado literario está saturado de cientos de novedades semanales, quizá incluso diarias, y a los lectores —injustamente tratados como consumidores— pueden abrumarnos. No sé si existe un motivo de fuerza mayor para detenerse en mi libro y sería insultar las inteligencias si dijera que mi libro es la panacea intelectual.  Aunque, después de inacabables lecturas y millares de dudas, digo con certeza que he transmitido todo mi ser en esta obra.

Sobre todo, para la gente rota, que siente exclusión, juicios constantes sobre uno mismo y reflexiones angustiantes. Confío que será de agrado para ellos. No pienso en un lector definido, pienso en un lector que busca.