Horacio Otheguy Riveira.

Sol Cortés es un personaje clave en una obra coral de gran riqueza: gente de Galicia en un entorno de pequeña urbe y rural imaginarios. Ámbitos donde circulan hombres y mujeres muy interesantes, atractivos, con una punzante originalidad, propia del asombro que despiertan los seres humanos cuando una buena periodista se acerca. Marta Villar lo es, y a partir de su propia experiencia logra fundir realidad y ficción, lo que se dice o se susurra en días de abrumadora sequía -en un verano interminable-, la vida que se asoma por las rendijas de habitaciones cerradas a canto, de pronto abiertas de par en par.

De la soledad, el desamor, la ansiedad de seres anónimos, adquieren un conmovedor interés que crece cuando Sol Cortés toma las riendas de la investigación del asesinato de un veterinario adorable, al que todos adjudican poco menos que poderes sobrenaturales para con las vacas y los animales en general…

Detective Ferruchi y su espectro de novela negra tarda mucho en dar señales, ya que el misterio policiaco se despereza con la tibia lentitud pueblerina, y cuando adquiere mayor protagonismo, ya estamos codo con codo con la autora, enamorados de cuanto sucede, incluido el impacto de una pasión adolescente entre cuarentones, cuando ya se creía que nunca iba a suceder.

Es Marta Villar una escritora que conduce la trama con buen paso, y si la seguimos a su ritmo, evitando la búsqueda de efectos o golpes bajos, descubriremos la sagacidad femenina en un hábitat que le permitirá avanzar en el complejo terreno de las luces y sombras de toda experiencia humana.

Por lo demás, insistir en que las situaciones destacadas a manera de puzzle, mientras se desarrolla la investigación sobre el crimen inicial -así como otras, tras la extraña desaparición de personajes singulares- resulta sobresaliente; paso a paso acompañamos a la escritora en su formidable estilo en el que un periodismo literario de alta escuela, nos brinda la ocasión de conocer de cerca, muy de cerca, existencias que suelen permanecer escondidas… mientras cae la noche, con su abrumador silencio.

 

 

Siempre podemos escondernos tras un libro, imagínate en una librería la cantidad de escondites posible… Así lo dice Sol Cortés, sin embargo, sabrá convertirse en una heroína de fábula, superponiendo la pasión por la justicia y el amor a las dolencias que podrían paralizarla…

 

 

«1.- Manuel Carrizo tenía la intención de tocar el timbre, pero al acercarse observó que la puerta del muro de bloques estaba entornada y la empujó. El pequeño chalet de una sola planta contaba, en el lado derecho y pegado a la fachada, con un cobertizo construido de uralita que se sostenía sobre dos columnas de madera. Dentro se encontraba aparcada la furgoneta Renault Kangoo, por lo que supuso que el veterinario estaba en casa, así que no comprendía que no le hubiese cogido el móvil en toda la mañana. Vio que la puerta de la vivienda también estaba abierta, y decidió entrar.

—¡Juan! —gritó mientras atravesaba el pasillo.

El hombre, que conocía bien la casa tras haber estado allí en otras ocasiones, se dirigió al salón. Percibió un olor peculiar. Su memoria le dijo de qué se trataba, pero su cabeza se negaba a tomar conciencia. Ya en la entrada había oído un sonido de voces apagadas y se había imaginado que sería la televisión.

Lo primero que se advertía desde la puerta era la parte trasera del sofá de tres plazas, con el mueble de la televisión enfrente. Los estores de las ventanas, situados a izquierda y derecha, estaban bajados a medias, pero había luz suficiente. Manuel vio, efectivamente, la televisión encendida. En la pantalla aparecía un 9grupo de elefantes bebiendo en un charco. Después se fijó de nuevo en el sofá. Había algo que sobresalía por el lado izquierdo: un brazo estirado, y sobre él, una cabeza.

No era Carrizo un hombre que se impresionara con facilidad. Había visto desangrarse a Antonio, el vecino que se había seccionado una pierna con una radial Stihl, y a Miguel, que había quedado aplastado bajo el tractor Massey Ferguson. Dio unos pasos hacia atrás y se fijó en aquella cabeza destrozada que semejaba dormir sobre el brazo…».

«[…] 2.-  Librería Ágatha

Sol abrió la cerradura, levantó la verja e introdujo la llave en la puerta de la librería. Cuando encendió las luces ocurrió de nuevo el milagro, su momento favorito de cada día: nacían los libros, estiraban los bracitos, desadormecían y se colocaban bien derechos y estirados en las estanterías. Algunos continuaban acostados en las cuatro mesas de aquel local, rodeados de jarrones y floreros gigantes de alfarería de Buño llenos de flores secas: ramas de eucalipto, roble, brezo, retamas, laureles, pequeños grupos de romero y lavanda.

Había también flores frescas: hortensias y rosas de las que brotan en los muros de los lindes. Sol Cortés, como siempre, inspiró con fuerza al entrar y se llenó del aroma a bosque. A la izquierda estaba la caja registradora, el tpv y el ordenador sobre una mesa de madera rústica; detrás, una silla giratoria con respaldo. Había un vaso con tulipanes amarillos muy cerrados, que aún no se habían despertado, y un cuaderno grande al lado del teclado. Junto a la puerta, el gran escaparate se interrumpía al llegar a la esquina y luego retomaba su recorrido continuando la fachada lateral.

La librería se encontraba entre dos calles en el corazón de aquella localidad llamada Umeiro, a menos de cincuenta metros de la Casa Consistorial, de la plaza, el parque y el mercado. Todo en la misma 12manzana. Las mesas de libros y flores y algunas estanterías bajas guiaban los pasos de los clientes que entraban, obligándolos a seguir un itinerario determinado. Todo era flora en aquel lugar. Al fondo del local había un sillón y un sofá de dos plazas que rodeaban una mesa baja, en la zona donde se encontraban los libros infantiles…».

 

… Quería que me convirtiese en detective. Lo que me faltaba. Mira por donde, gitana, discapacitada, con un aparato de descargas eléctricas sobre el corazón, premenopáusica y detective. … a pesar de rechazarlo de lleno, ya lo estaba considerando. Porque siempre había tenido la necesidad de ayudar a los demás…

 

A xornalista e escritora Marta Villar. (Foto: Nós Diario)

Marta Villar, gallega de la Costa da Morte, nacida en 1973 en Malpica de Bergantiños, ha desarrollado una larga carrera como periodista en prensa. En 2020 ganó el Premio Tiflos de Periodismo y fue finalista del Premio de Periodismo Fundación Julio Camba. También fue finalista en los concursos de relatos de la Real Academia Gallega y de PuntoGal en las ediciones de 2021 y 2022, así como en el Premio de Poesía Gloria Fuertes del Ayuntamiento de La Rinconada (Sevilla) en 2021. En 2024 ganó el Premio Xerais de Novela con Detective Ferruchi, que se publica ahora en castellano.