Por: Mauricio A. Rodríguez Hernández.

En esta conversación, la memoria no es un archivo: es un pulso. Late en los nombres que sobreviven al tiempo, en los acentos heredados, en las tazas de café que humean como pequeños rituales cotidianos, y en las palabras que cruzan fronteras para decir lo mismo, o algo más, en otra lengua. Hablar con Eduardo Fonseca Santisteban es asomarse a ese territorio donde la vida se vuelve traducción constante: de la sangre al lenguaje, del pasado al presente, de la experiencia a la conciencia.

Hay entrevistas que informan, y otras que invitan a detenerse. Esta pertenece a la segunda. Aquí, la genealogía se revela como una forma íntima de diálogo con los ausentes; no un ejercicio de nostalgia, sino una búsqueda obstinada de identidad. En ese recorrido, los ancestros dejan de ser sombras y adquieren voz, carácter, incluso temperamento. El pasado, lejos de ser estático, se transforma en una conversación viva que interpela el presente.

Pero no todo es mirar hacia atrás. En paralelo, emerge el oficio del traductor como un puente delicado entre mundos: una práctica donde cada palabra exige precisión, sensibilidad y ética. En tiempos en que la inteligencia artificial promete inmediatez, Fonseca Santisteban plantea una tensión crucial: ¿puede una máquina comprender lo humano más allá de lo correcto? ¿Dónde termina la herramienta y comienza la conciencia?

La charla se despliega como un mapa de intereses que, lejos de dispersarse, convergen en una misma mirada: la de quien entiende la vida como un proceso de observación atenta. El café, ese compañero silencioso, se convierte en escuela de gusto y contemplación; la jardinería, en metáfora de paciencia y humildad; los idiomas, en puertas hacia otras formas de ser y de pensar. Incluso el nacimiento, narrado con una imagen aérea y poética, revela una visión del mundo donde lo simbólico y lo científico no se excluyen, sino que dialogan.

Entre Cataluña, Costa Rica y el resto del mundo, la identidad aparece aquí como algo dinámico, en permanente construcción. No se trata de pertenecer a un solo lugar, sino de aprender a habitar muchos, lingüísticos, culturales, emocionales, sin perder el hilo que los conecta.

Esta entrevista no ofrece respuestas cerradas. Propone, más bien, un recorrido: por la memoria, el lenguaje, la tecnología, la tierra y el tiempo. Y en ese trayecto, deja al lector con una certeza sutil pero persistente: comprender quiénes somos quizá no sea un destino, sino una traducción inacabada.

Mauricio A. Rodríguez Hernández (MARH): La genealogía es una forma de diálogo con los ausentes; ¿Cómo nació en vos la pasión por rastrear los orígenes familiares y qué necesidad interior vino a responder esa búsqueda?

Eduardo Fonseca Santisteban (EFS): La pregunta es directa. Pienso que el interés en estudiar los orígenes familiares surgió en mí por la necesidad de saber quién soy y de dónde procedo. Mi opinión es que ojalá todos estudiaran sus historias familiares. Pero, sé que la investigación genealógica es un tema que solo despierta en muy pocas personas. Muy cierto que el indagar mis ancestros es conversar con los ausentes. Un ejemplo que deseo presentar es el de mi tatarabuela María de los Remedios Josefa Antonia Solà i Casadevall, nacida en Anglès, Comarca de La Selva, Provincia de Girona, en Cataluña, España. He llegado a saber algunas frases que expresaba. También soy consciente de que ella era una señora de un carácter fuerte y decidido. Tengo fotos de ella. He trazado la genealogía de esa ascendiente mía algunas generaciones hacia arriba, allá, en la Cataluña Norte.

Mi tatarabuela, conocida simplemente como Remedios (Remei, su nombre en catalán) es una de mis genearcas españolas más importantes. Ella falleció en Murcia de Tucurrique, Cartago, Costa Rica. Remedios era casada con Francisco Manuel Juan Tortós Sala, natural de Lloret de Mar, La Selva, Girona, Cataluña, España. María de la Concepción Liberata Josefina Tortós Solà, conocida como Conchita (Conxita en catalán) Tortós Solà, era hija de Francisco y Remedios, era mi bisabuela. Ella nació en Tucurrique de Cartago. Sin embargo, Conchita siempre fue española. Nunca se naturalizó costarricense, murió en Zapote de San José ostentando nacionalidad española. Hoy por hoy, he viajado varias veces a Cataluña. He estado con mi familia catalana, la cual todo el tiempo me ha tratado como un catalán familiar con sinceridad. Hace varios años, apliqué para obtener la nacionalidad española por medio de la Ley de Memoria Histórica, a través de esta misma rama española de Francisco-Remedios-Conchita.

Conchita es la madre de mi abuelo paterno. Cumplí con la reunión de todos los documentos -desde los certificados de bautismo de mis tatarabuelos en España y los documentos de no naturalización costarricense de ellos- hasta mi acta de nacimiento. Todo resultó en fracaso, ya que, el Consulado de España, en la Embajada de España en Costa Rica alegó que mi bisabuela Conchita perdió la nacionalidad española al casarse con mi bisabuelo Juvenal Fonseca Villalobos quien es costarricense. El Código Civil Español de la época (1921) establecía que las mujeres españolas que casaban con hombre extranjero perdían la Ciudadanía Española. La Cónsul de España en Costa Rica, en aquel entonces, doña María Pérez Sánchez-Laulhé emitió el “Auto” en el que comentaba que mi bisabuela, originariamente española, perdió la nacionalidad al casar con mi bisabuelo costarricense, por eso, mi abuelo ya no era español de origen. Fue muy enojoso. Luego, se creó la Ley de Memoria Democrática mediante la cual, los descendientes de españoles podían naturalizarse españoles. Supe de esa Ley, pero, no apliqué y esa Ley ya venció.

Ahora, está en proceso un Proyecto de Ley de Nacionalidad Española para Descendientes que ya fue aprobado en primer debate en el Congreso de Diputados de España. Este año 2026 se llevará a cabo su segundo debate. Lo más probable es que se apruebe y quede como nueva Ley.

Con esta nueva Ley, todo descendiente de españoles y españolas trasladados a América Latina desde la Independencia hasta la actualidad podrá nacionalizarse español, siempre y cuando su ascendiente español no se haya naturalizado con la nacionalidad del país al que inmigró. Ya se modificó el Código Civil Español y con este cambio, se acabó con el caso de que las mujeres españolas perdían la nacionalidad. Ya, todas las mujeres españolas establecidas en América que casaron con hombre extranjero recuperaron póstumamente la Nacionalidad Española. Por lo tanto, ya se inscribió a mi bisabuela Conchita Tortós Solà en el Registro Civil de España, ante el Consulado de España, en la Embajada de España en Costa Rica. Ya con este hecho, sería mucho más fácil, rápido e innegable mi derecho a poseer Nacionalidad Española.

Esta nueva Ley permitiría hasta a mi sobrina Fernanda contar con la Nacionalidad Española, ella que es la tataranieta de Conchita. El Gobierno de España está instando a que sea una Ley permanente, es decir, que nunca cierre y el español de origen interesado pueda aplicar. Para concluir esta respuesta, quiero esgrimir lo mismo que defiende el cantautor valenciano Ramón Pelegero Sanchis, conocido como Raimon. Él comenta que: «Quien pierde los orígenes, pierde identidad».

MARH: A lo largo de sus investigaciones genealógicas, ¿Cuáles han sido los descubrimientos más llamativos o reveladores que le han hecho replantearse su propia identidad o la noción de herencia?

EFS: Hasta el día de hoy, todas las investigaciones genealógicas que he realizado, me han llevado al descubrimiento revelador de que mi familia es, hasta dónde he podido saber, de origen mayoritariamente español, con procedencias italianas, alemanas, portuguesas y árabes. Con los conocimientos anteriores, puedo definir que soy costarricense y mucho más. Soy occidental, con predominio español de todas las regiones de España. Además, otra de mis tatarabuelas es nacida en Génova, en La Liguria, Italia, para explicar un poco mi origen italiano.

Ella, Petra Raffaella Barón Repetto, llegó al puerto de Tampico, Tamaulipas, México, donde se casó con mi tatarabuelo José Bernardo de Santisteban Medinaceli, natural de Santander, Cantabria, España. Ellos fundaron su familia en el puerto mexicano antes mencionado. Su hijo, José Santisteban Barón se marchó de México y se estableció en San José de Costa Rica. Por esta razón, una parte de mi familia materna vive en México. La mayoría de mi familia mexicana hoy reside en la Ciudad de México. Algunos parientes viven en Churubusco, en la delegación de Coyoacán. Pero, lo más importante de todo es que me considero un ciudadano mundial. Siempre todos lo hemos sido, pero, hasta la actualidad, lo reconocemos, gracias a muchos fenómenos como la globalización.

MARH: Hablar varios idiomas es habitar múltiples mundos; ¿Qué lenguas forman parte de su vida y cómo surgió en usted el deseo de dedicarse a la traducción como puente entre culturas y sensibilidades?

EFS: Una de las acciones más productivas de mi vida ha sido aprender múltiples idiomas. Dominar varios idiomas resulta muy útil. El español, el inglés, el francés, el portugués, el italiano y el catalán forman parte de mi vida. El español es mi lengua nativa. El inglés lo aprendí desde que era un niño pequeño. El francés y el portugués los sé porque son idiomas hablados por una vasta cantidad de personas, en especial el francés. El italiano y el catalán los aprendí por asuntos familiares. Desde antes de mis 10 años amé los idiomas. Saber idiomas te lleva por dos caminos principales: el de la enseñanza o el de la traducción. No me gusta impartir lecciones, aunque no quito que sí le pueda ayudar a una persona que necesite un empujón en cualquiera de las lenguas que hablo. Es muy cierta la expresión de que la traducción es un puente entre culturas y sensibilidades.

Es muy grato comunicar enormes públicos de diferentes idiomas en el mundo. Como traductor experto y serio, voy mucho más allá de manejar múltiples idiomas a la perfección. Conozco mentalidades, actitudes, culturas y ambientes que, si no lo hiciera, no sería un auténtico traductor. También, debo identificar las intenciones e ideas de los autores que traduzco. Tengo que conocer muy bien el público origen y el público meta de un texto. Público origen: es la audiencia que lee el texto escrito en el idioma original por su autor. Público meta: es la audiencia que leerá el texto traducido por mí en el idioma al que deberé verterlo. Un ejemplo: un texto original en español sobre gastronomía mexicana, escrito por una cocinera mexicana experta para todos los que quieran aprender recetas típicas mexicanas en todo el mundo hispanófono. Me solicitan traducir su obra al inglés para todo el público anglófono.

Deseo comentar que, en este caso, es tan fuerte la presencia cultural mexicana porque se mencionan productos como papaloquelite y guasamamaya. El papaloquelite es una hierba aromática muy empleada en la cocina mexicana. La guasamamaya es una fruta que se cultiva en el oeste de México. Los lectores del texto origen pueden buscar qué son estos términos y entender muy bien lo que son. No obstante, los lectores meta del inglés no tendrán ni idea. Para estos casos, deberé marcar estas palabras y explicar qué son en inglés en una nota al pie de página. Estos términos se nombran en la serie mexicana La CQ SECU nuevo ingreso, es una comedia adolescente. Es actual, se filmó en el 2024 y en el 2025 por TELEVISA. Me refiero al tema de la televisión porque he aprendido a subtitular películas. Si subtitulara esta serie al inglés, sí que me vería en serias dificultades, ya que no puedo explicar esta hierba y esta fruta en los subtítulos. Quienes subtitulan profesionalmente pondrían nombres de hierbas o frutas parecidas en inglés; sin embargo, esta acción echa a perder todo el sentido original del español, de la cultura mexicana y del público origen.

MARH: En una época marcada por la inteligencia artificial, ¿Cómo cree que puede aprovecharse esta tecnología para enriquecer el acto de traducir sin perder la dimensión humana, ética y creativa del lenguaje?

EFS: Ya he usado la inteligencia artificial para el ejercicio de la traducción. Nunca le voy a arrugar la cara a la IA. La IA es excelente para todo. En mi caso profesional, la IA la uso solo para buscar significados de términos en los diferentes idiomas que domino. También la utilizo para ver la posible versión de una frase traducida.

Sin embargo, nunca la voy a usar para que me haga mi trabajo. La IA nunca sustituirá a los humanos en muchos temas y funciones. En una parte, la IA perjudica éticamente a los humanos porque ya está asumiendo desempeños que desemplean a muchas personas. Muchos ya creen y hasta piensan que la inteligencia artificial realizará todas las traducciones. Con lo anterior, los traductores y los intérpretes quedaríamos sin oficio. Quienes piensan así, están muy equivocados, visto que los traductores automáticos y las traducciones hechas por inteligencias artificiales nunca serán tan correctas, naturales, adecuadas y debidamente pensadas como las traducciones que rendimos los traductores e intérpretes humanos.

La IA no pensará tan bien como nosotros, los humanos. Tampoco investigará tan bien como nosotros, los homo sapiens. Toda mi experiencia con las traducciones hechas por las inteligencias artificiales como la IA de Google, Chat GPT y Trados Studio son correctas hasta cierto punto. Cuando revisas el texto que tradujo la IA, siempre encuentras errores que serían evitables si tradujera una persona humana. Es triste pensar que ya varias empresas solo quieren emplear la IA para todo lo que necesitan traducir. Lo contradictorio de este caso, es que cuando desean que no haya ningún error, siempre ponen a un traductor humano para que revise la traducción llevada a cabo por una IA.

MARH: Cataluña y, en un sentido más amplio, España parecen ocupar un lugar simbólico en su historia personal; ¿Qué significan estos territorios para usted en términos de pertenencia, memoria y transformación vital?

EFS: Esta pregunta me llena de placer, felicidad y satisfacción. Como ya mencioné en la respuesta a una pregunta anterior de esta entrevista, soy costarricense y mucho más. España y su Autonomía de Cataluña son verdaderamente mi segunda patria. Desde muy niño soy consciente de que soy más que todo de origen español. Mi padre se crio en España y creció en España, desde sus 5 meses hasta sus casi 15 años.

Él me hizo desarrollar mucha identidad y amor por España. Además, mis orígenes españoles más próximos, sobre todo, el lado catalán han mantenido y fortalecido mi mentalidad, mi actitud, mi cultura y repito: mi identidad con España, en especial con Cataluña. El hecho de haber viajado varias veces a Cataluña y haber vivido en Cataluña con mi familia causan que yo sea costarricense-español-catalán. También, miro a toda Europa porque viene a mi caso. Si me dieran una tercera nación a escoger, diría que México.

Es el país de dónde procede una parte de mi familia -si bien mis antepasados establecidos allí eran españoles e italianos- es una nación bella, muy interesante y de gente amable. Admiro toda su cultura, sus sitios, su gastronomía tan variada, sus playas, sus históricas ciudades, entre todo lo demás. Si bien México es un país que he visitado poco, sé todo lo que es y todo lo que ofrece. Algunas personas me preguntan por qué hablo con trazas de acento español peninsular, por qué uso términos y expresiones utilizados en España, por qué hablo con palabras usadas en México y mi respuesta es muy simple: soy el producto de muchas influencias y hoy por hoy, no podemos encerrarnos en ningún país, ni quedarnos en una sola cultura, ni en una sola mentalidad, ni en una sola identidad. Lo que diré no contradice lo contestado antes: actualmente nuestra patria es el Planeta Tierra y nuestros coterráneos son toda la humanidad.

MARH: La jardinería implica cuidado, espera y humildad frente al tiempo; ¿qué representa para usted trabajar la tierra y qué simbolismo encuentra en arbustos como la pascuita dentro de su manera de entender la vida?

EFS: Poseo un gran jardín desde niño. Desde el cultivo de un arbusto ornamental como la pascuita, hasta sembrar una hierba culinaria como el hinojo requiere de mucho cuidado. Debemos regar sin falta, más ahora en la época seca. Muchas plantas deben podarse. Tenemos que remover toda la hierba que impide crecer y alimentarse a las plantas apreciadas como un rosal o las vides. Muchas veces, una planta, un arbusto o un árbol no se desarrolla cómo se espera. Esta situación no debe enfadarnos y menos aún, frustrarnos.

Todo se trata de intentarlo de nuevo hasta que la nueva planta tenga éxito. Si descuidas un jardín, no tienes bellas flores, ni cosechas los frutos deseados. Fuera de lo anterior, el jardín evoca naturaleza, realización, ambiente positivo, alegría y mucha paz. Escuchar el viento rozar con tus árboles y oler una rosa aromática al mismo tiempo es una terapia que todo ser humano debería practicar al menos a cada cierto lapso de tiempo.

MARH: Escribió un texto previo al nacimiento de su sobrina Fernanda en el que compara su llegada al mundo con el aterrizaje de un avión; ¿Cómo nació esa metáfora y qué dice sobre su forma de concebir la vida y los comienzos?

EFS: Lo que deseé expresar, es que debemos actuar por nosotros mismos para lograr lo que queremos. Tenemos que ser exigentes con nosotros mismos para tener éxito en la vida. El aterrizaje del avión y el descenso de mi sobrina de la aeronave a la «terminal de este mundo» era una manera poética que se me ocurrió quince días antes del nacimiento de Fernanda, poquito antes del «Baby Shower» en el que iba a presentar la poesía. La vida es solo química y física, en el sentido más explícito: bioquímica. Si ahora tenemos a Fernanda es porque Irene y el papá de mi sobrina pusieron manos a la obra por sí mismos. Todos los médicos y demás expertos que trabajaron vinieron al caso. Ningún ser sobrenatural mágico participó. Rezar o pedirle a dios jamás habría traído a Fernanda a este mundo. Lo pienso y lo comento así porque me declaro abierta y orgullosamente un hombre de ciencia, nunca de fe.

MARH: Se ha convertido casi en un catador de café aficionado y casero; desde una mirada reflexiva, ¿qué le ha enseñado el ritual del café sobre la atención, el gusto y la contemplación de lo cotidiano?

EFS: El café lo bebo desde niño. O sea, en mi infancia aprendí que el café es la bebida más consumida en los ámbitos sociales de la vida cotidiana, luego de las bebidas alcohólicas. El café, además de ayudarme con la atención (sabemos que es un estimulante) me hace disfrutar de sus distintos sabores según su lugar de procedencia, su tueste y el método que utilice para prepararlo. Si bien al inicio de esta respuesta dije que desde que era un niño tomo café, no probé el café de calidad suprema hasta el año 2016. Yo perdí mucho tiempo de mi vida consumiendo café mediocre o malo. Pasé bajo el desconocimiento y el engaño de que en los países productores se bebe el mejor café. No hay nada más lejos de la realidad. Las personas de Costa Rica, Colombia, Guatemala, Brasil, México, Indonesia, Papúa Nueva Guinea, Kenia y Etiopía, entre otros, ignoran la excelente calidad de su café. Dentro de esos países nunca se consigue café de su propia calidad suprema. Los países productores de café siempre exportan su mejor café a los países poderosos como los Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá, China y Japón. Desde que llegó Starbucks a Costa Rica, quise ir a probarlo. Me tildaban de necio por querer beber café «gringo».

Siempre insistí en ir y así fue. De los primeros cafés de Starbucks que probé fue el «Guatemala Casi Cielo» es un café de temporada muy fino de tueste medio, con gustos a chocolate y a limón dulce. Quedé cautivado y me dije «Eduardo, nunca antes habías tomado un café tan fino». Seguí yendo a Starbucks a escoger múltiples cafés de diferentes partes del mundo, Y lo sigo haciendo hasta hoy. Ya tengo 10 años de beber café de calidad suprema. Estos cafés de los que hablo, se segregan de los demás granos de la misma parcela de producción, se envían a Seattle, Washington, USA donde se tuestan y se empacan para su venta en todas las sucursales de Starbucks en todo el mundo. Esta una de las pocas maneras en las que se puede tomar café muy fino de Costa Rica y del mundo en los países subordinados por los Estados Unidos y otras potencias.

MARH: Desde su experiencia personal, ¿Cuál considera que es el mejor café de Starbucks y qué criterios, sensoriales o emocionales, influyen en esa elección?

EFS: Los mejores cafés de Starbucks que he bebido son el café producido en el archipiélago de Hawái, el café de Papúa Nueva Guinea y el café de la isla indonesia de Timor cuyo nombre es «Tatamailau». Esta isla también se conoce como la «Isla Cocodrilo». En mi criterio sensorial del paladar, un café fino debe ser de gusto llano, sin altos ni bajos, sin sabor amargo y sin acidez. Me gusta hacerme el café fuerte, como por ejemplo, con la cafetera italiana, conocida como caffettiera italiana, moka-express o macchinetta. También me gusta mucho la prensa francesa y el café turco, preparado en el «cezve turco». El café es un gran compañero de mi vida. Es todo un rito diario. Eso sí, procuro no beberlo más de una vez al día.

MARH: En una sociedad que vive a ritmos acelerados y bajo la presión constante de las redes sociales, ¿Cómo cree que se aprende a vivir de manera optimista y cuál es, para usted, el verdadero significado del optimismo ante la vida?

EFS: Soy una persona que no puede vivir bajo presión. Para cumplir con satisfacción y éxito mis tareas de la vida, necesito buen tiempo y tranquilidad. Así, logro desempeñarme excelente. Las redes sociales son como todos los demás medios de comunicación existentes: tienen desde información científica o filosófica auténtica, hasta la más nefasta basura. Debes usar las redes sociales con lógica, razón y sensatez. Tienes que saber cuáles páginas, canales o perfiles exponen materia verdadera. Si utilizas así las redes sociales eres una persona muy bien informada y actualizada. Vives en la debida era de la globalización y de la información. Además, gracias a las redes sociales puedo comunicarme y mantenerme en contacto con muchas personas a quiénes no conocería si no existieran las redes sociales. Sigo a varios y varias «youtubers», «instagramers» y «tiktokers» entre otros. Algunos de esos «influencers» de las redes sociales me han hecho saber que les gusta y les interesa que soy de Costa Rica. También, he podido entrar en contacto con varios actores que interpretaron personajes de la CQ SECU nuevo ingreso, por ejemplo. Ellos aprecian y agradecen que los apoye y que vea su serie de televisión, disponible en ViX y transmitida por TELEVISA de México. La CQ nuevo ingreso es una comedia adolescente, sin embargo, me hace reír montones y me relaja al final de cada día, antes de dormir.

MARH: En su experiencia como traductor, ¿Cómo enfrentó el desafío de trasladar al español no solo el contenido histórico sino también la sensibilidad cultural y narrativa de Pittsburgh: The Story of an American City? En particular, ¿qué decisiones interpretativas consideró necesarias para que el lector hispanohablante pudiera comprender la identidad urbana, industrial y social de Pittsburgh sin perder la perspectiva histórica original de la obra?

EFS: Al verter de inglés al español el texto “Pittsburgh: The Story of an American City”, además de tener en cuenta todas las reglas de ambos idiomas, se trabajó para rendir un texto meta para un público hispanófono general. Se tradujo para toda España, América Hispana y las vastas comunidades hispanas de los Estados Unidos y Canadá. Siempre se trata de usar un «español estándar» que se use por todo el mundo de habla española. Pero, hoy día, con la diaria interacción de los nativos del español de todas partes (México, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, Perú, España y Estados Unidos, entre otros), ya todas las variantes del español están más que unidas y combinadas. Este fenómeno es necesario para el enriquecimiento del español, para su fortalecimiento y su mejor evolución. Esto último mencionado beneficia a todos los hispanófonos e hispanohablantes. La globalización y la comunicación más estrecha y seguida entre los hablantes del español están logrando soldar mucho más a cientos de millones de personas que hablan el mismo idioma. Pero, volvamos al grano.

Al trasladar el texto histórico de la identidad urbana, industrial y social de Pittsburgh, se debió respetar una lista de pautas para la traducción de textos en Ciencias Sociales, en mi caso, la Historia. Junto al estricto respeto de la intención del autor y sus colaboradores: Stefan Lorant, Oscar Handlin y J. Cutler Andrews (creadores de los capítulos que traduje) se tuvo que traducir con la producción de un texto en español que se leyera con adecuación y soltura para el público hispanófono, pero, que tampoco se viera como si lo hubiese escrito un experto en la cultura de llegada. Debe mantenerse la característica y los datos del texto fuente en inglés sin cambiarlos para nada. Así, se conserva la perspectiva histórica original de la obra de Stefan Lorant y sus colaboradores.

MARH: Usted ha mencionado en otras ocasiones una curiosa anécdota familiar relacionada con el presidente mexicano Porfirio Díaz y un antepasado español de su familia. Desde una perspectiva genealógica e histórica, ¿podría reconstruir ese episodio con mayor detalle y explicar qué fuentes o testimonios le han permitido conocerlo, así como qué revela esa historia sobre las redes personales y políticas entre España y México en aquella época?

EFS: Mi bisabuelo, José Santisteban Barón, nació en el Puerto de Tampico, Tamaulipas. Su padre, José Bernardo de Santisteban Medinaceli era español, de Santander, Cantabria, España. Su madre era Petra Raffaella Barón Repetto, nacida en Génova, en la Liguria, Italia. José Bernardo de Santisteban, mi tatarabuelo, era el capataz de la hacienda de don Porfirio Díaz en Tampico. José Bernardo, como típico patriarca de familia español de aquella época deseaba hacer la ley con su familia. José, su hijo, mi bisabuelo, anhelaba estudiar música con énfasis en piano. Recibió fuerte negación de parte de su padre, quien, alegaba que no era una profesión para un hombre. Comentan que su madre, Petra sí apoyaba a que su hijo José estudiara música.

En cierta ocasión que el presidente Porfirio Díaz visitó Tampico, supo del caso de mi bisabuelo. Don Porfirio Díaz le concedió una beca a mi bisabuelo para que estudiara música con énfasis en piano. José, padre de mi abuelo materno, se fue a estudiar su carrera deseada a Bélgica, con apenas 12 años. Cuando regresó a México realizado como todo un músico y pianista experto, su madre, Petra y sus hermanos, Bernardo, Elisa y Manuel festejaron en grande. Sin embargo, José Bernardo, su padre, le dijo que su certificado de músico no valía nada y que Porfirio Díaz no debió enviarlo a estudiar a Bélgica. Mi bisabuelo se resintió tanto con su padre que no quiso saber más de él. José Santisteban Barón abandonó México y empezó a realizar giras como músico. Cuando se presentó como pianista en Costa Rica, conoció a mi bisabuela, María del Rosario Gallegos Flores. Se casó con ella y se estableció en Costa Rica donde fundó su familia.

Se siguió carteando con su hermana Elisa y ella, a escondidas le hacía saber a su madre y demás hermanos en México sobre José. Por dicha, la tía Elisa nunca fue pillada por su padre, lo cual habría causado un enorme estrago. Entre los asuntos que mi bisabuelo le hizo saber a mi tía bisabuela Elisa fue que, una vez que se marchó de México, se quitó su apellido paterno original Santisteban y se puso como nombre «José Repetto» y quiso que se le conociera como el «Maestro Repetto». Lo hizo así para cortar toda relación con su padre. También, empezó a firmar con el segundo apellido de su madre para que no lo identificaran tan fácilmente. Si su padre hubiera sabido que en Costa Rica vivía un Santisteban podía perseguirlo. Lo anterior se averiguó con mi propia investigación familiar, De igual manera, se entrevistó a primos hermanos de mi abuelo de México. La familia mexicana sí sabía muy bien toda la historia de la familia. El primo hermano de mi abuelo que más información nos proporcionó, junto al árbol genealógico de los Santisteban Barón fue José Cuarón Santisteban, alias tío Pepe, hijo de la tía Elisa, hermana de mi bisabuelo José. Emma Santisteban Prieto, alias tía Nena, hija de tío Bernardo, hermano de mi bisabuelo nos facilitó algunas fotografías de mis antepasados españoles-italianos en el Puerto de Tampico. Años después, otro familiar mexicano, René Santisteban, quien todavía reside en Tampico, encontró un libro sobre la agricultura en el Estado de Tamaulipas y en México, escrito por mi tatarabuelo José Bernardo de Santisteban Medinaceli y me lo trajo a mi casa en Costa Rica.