“Lo mejor de Felipe”(Lumen) recoge las dudas, sueños y delicadeza del personaje más genuino de Mafalda.

En un periodo en el que la prisa parece imponerse al pensamiento, recuperar a Felipe es casi un acto de rebeldía . Con esta obra , la editorial Lumen pone en primer plano a uno de los personajes más entrañables del universo de Quino, autor de la inmortal Mafalda.

Felipe no es el más “guay” del grupo, ni el más superdotado , ni siquiera el más seguro. Y, sin embargo, es probablemente el más reconocible. Este volumen recopila algunas de sus mejores tiras, donde su lucha interna entre la responsabilidad y el deseo de evasión se convierte en el eje central de un humor tan  cuidadoso como certero.

El niño de dientes prominentes y mirada traviesa encarna como pocos el estrés cotidiana: los deberes que nunca terminan, las obligaciones que pesan demasiado, el ingenio que siempre tira hacia otro lado. Felipe es ese lector compulsivo de historietas que prefiere soñar con aventuras imposibles antes que enfrentarse a nuestro día a día . Y ahí es donde Quino despliega toda su artillería : en convertir un conflicto aparentemente trivial en un espejo universal.

A diferencia de la contundencia ideológica de Mafalda o del pragmatismo de Manolito, Felipe se mueve en el territorio de la indecisión . Es el personaje que rumia demasiado, que se bloquea, que anticipa el fracaso antes de intentarlo. En otras palabras: es profundamente humano. Este libro no solo recupera sus mejores momentos, sino que permite leerlos bajo una nueva lupa, casi como pequeñas cápsulas filosóficas disfrazadas de viñetas.

La edición  respeta el espíritu original de las tiras, con una selección que equilibra nostalgia y vigencia. Porque si algo queda claro tras la lectura es que Felipe no pertenece únicamente a una época: sus miedos, sus excusas y sus anhelos siguen siendo los nuestros.

Lo mejor de Felipe no es solo un tributo a un personaje secundario que nunca lo fue del todo. Es también una reivindicación del humor inteligente, de la pausa reflexiva y de esa incomodidad tan necesaria que nace cuando uno se reconoce en las dudas de un niño.

En tiempos de postureo , volver a Felipe es, quizás, una forma de reconciliarnos con nuestras propias inseguridades.

Por Sergio Vargas.