Horacio Otheguy Riveira.

Autor e intérprete Juan Diego Botto, dirigido por su gran amigo, Peris Mencheta. Entre ambos el espíritu y el talento de García Lorca. No es obra de Federico pero está viva entre las sombras del poético escenario poblado de emociones, ráfagas de entrevistas, conferencias, poemas, textos teatrales, en la piel del gran actor que se convierte con enorme fluidez en muchos de los que siguieron, amaron y asesinaron al poeta.

Para consolidar tamaña empresa, se erige una producción cuyos detalles técnicos maravillan en todos los aspectos, desde la asistencia de dirección de la actriz-cantante Xenia Reguant, a la coproducción de Cristina Rota, la producción ejecutiva de Nur Levi, y la singular creación de los escenógrafos Leticia Gañán y Curt Allen Wilmer o la mágica iluminación de Manuel Fuster.

Con tal mancomunión está visto que el monólogo de Botto no es tal: todo puja por un teatro muy completo, hecho de luces y sombras, y la voz portentosa del actor -entre muchas otras voces propias que brotan con la naturalidad de un pregonero de pueblo en pueblo- para una creación que ha conmovido a cuantos la vieran desde su estreno en 2021.

El regreso al Español llega después de una trayectoria marcada por el reconocimiento público y profesional. Una noche sin luna fue finalista en 2022 a cuatro Premios Max (mejor espectáculo, dirección, actor y autoría) y finalmente obtuvo los galardones a mejor espectáculo teatral y mejor actor para Juan Diego Botto. El intérprete había recibido además el Premio Nacional de Teatro 2021, otorgado por el Ministerio de Cultura.

 

 

Tras el rastro de un hombre excepcional

 

Cuando le preguntaron a Queipo de Llano qué hacían con él, respondió: Al poeta café, mucho café.

Los restos del asesinado en Una noche sin luna nunca se encontraron, como los miles de cadáveres malamente sepultados por los franquistas a lo largo de la geografía española. En esta pieza, sin embargo, Federico es portavoz de tantos desconocidos para la mayoría, mas no para los supervivientes que siguen buscándolos.

Si Queipo de Llano logró que nunca se supiera quiénes participaron, con nombre y apellido, ni dónde escondieron su crimen, seguramente para no convertir en mártir al escritor granadino que, en aquel 1936 que acababa de alojarse la guerra civil, ya célebre era en Argentina, Uruguay, México, y varios países de Europa.

Nada ni nadie pudo evitar que obras y personalidad dieran la vuelta al mundo hasta que hoy, 90 años después, se siga representando con el apoyo incondicional de quienes le ofrendaron extraordinarios espectáculos (Lluis Pasqual, Calixto Boito, Alberto Conejero, Alberto San Juan…), entre los que figura esta excepcional creación de Juan Diego Botto, quien, además, secreta y silenciosamente también rinde tributo a su padre, un joven actor en alza, Diego Botto, asesinado y desaparecido en la incipiente dictadura argentina de 1975, cuando su hijo tenía dos años.

 

 

Una celebridad dolorosa y fascinante, que al propio Federico le gustaría festejar hoy. Festejarse a sí mismo entre tan buenos amigos cosechados en vida y al día de hoy. Un hombre que anhelaba una justicia universal, comprometido con las causas más nobles.

El dramaturgo, compositor, dibujante, poeta compañero leal de colegas que le dedicaron emotivos recuerdos (Alberti, Neruda…), está presente en este espectáculo encarnado en una voz magistral, precisamente ahora que algunos bregan -entre diversas violencias- por el retorno a aquellos tiempos  demenciales, donde el crimen de lesa humanidad encontró su sórdido albergue nacional.

 

Botto y Peris en vísperas del estreno en 2021, a las puertas de un éxito que sigue agotando las entradas con mucha antelación, allí donde se anuncie.

 

En 1929, Títeres de Cachiporra para el estreno de Don Perlimpín con Belisa en su jardín. Prohibida por atentar contra la moral, «y el reino».

 

Recuerdo emotivo de infancia con su bolsa de canicas.

 

 

Al final, y antes del epílogo, se escucha esta canción de Enrique Morente (1942-2010). Trascribo parte de la misma, porque en el teatro no se puede escuchar, tan potente la salva de aplausos.

Pequeño Vals Vienés 

En viena hay diez muchachas

Un hombro donde solloza la muerte
Y un bosque de palomas disecadas
Hay un fragmento de la mañana

En el museo de la escarcha
Hay un salon con mil ventanas
Ay toma este vals
Este vals con la boca cerrada

Este vals
De si de muerte y de coñac
Que moja su cola en el mar

En viena hay cuatro espejos
Donde juegan tu boca y los ecos
Hay una muerte para piano
Que pinta de azul a los muchachos

Hay mendigos por los tejados
Hay frescas guirnaldas de llanto
Ay toma este vals
Este vals que se muere en mis brazos

Este vals…

 

Autoría e interpretación: Juan Diego Botto (inspirado en textos de Federico García Lorca)

Dirección: Sergio Peris-Mencheta

Escenografía: Leticia Gañán y Curt Allen Wilmer con Estudio Dedos

Vestuario: Elda Noriega

Iluminación:  Valentín Álvarez

Atrezzo: Eva Ramón

Música original: Alejandro Pelayo

Espacio sonoro: Pablo Martín Jones

Intérprete canción “Anda jaleo”: Rozalén

Intérprete “Pequeño vals vienés (Take this waltz)”:  Enrique Morente y Lagartija Nick

Estudios de grabación: Estudio 1/Mac Producciones

Teaser y documentación audiovisual: Bernardo Moll Otto

Construcción: Pascualin Estructures y Scenik

Transporte: Taicher

Dirección y diseño de producción: Nur Levi

Coordinación técnica, técnico de iluminación y sonido: Manuel Fuster

Maquinista y utilero: Giovanni Colangelo

Gerente-regidora: Melanie Pindado

Ayudante de dirección: Xenia Reguant

Producción: La Rota Producciones, Barco Pirata Producciones y Concha Busto Producción y Distribución

Espectáculo recomendado a partir de los 12 años. Previo a esa edad, dependerá de la consideración propia de los tutores legales de cada menor.