Pulpa, de Flor Canosa
Biopolítica de los cuerpos sin sensaciones

Es innegable que en los últimos tiempos parece haber un florecimiento de la literatura extraña (new weird, por valernos del conocido término anglosajón), sobre todo proveniente del cono sur americano: Michel Nieva, Luis Carlos Barragán o Ramiro Sanchiz… Flor Canosa se suma al elenco que protagoniza esta nueva ola de la literatura extraña con esta intensa nouvelle en la que cartografía un futuro desapacible y decadente, donde las emociones y el dolor han sido abolidos. Pulpa se presenta como un tríptico, contado por tres narradores distintos que al final habrán de confluir en un desenlace sorpresivo que desencajará el lector, en un giro philipkadiano, donde se cuestiona qué es la realidad. O más bien, en qué realidad (digamos, mundo) creemos vivir, trayendo la idea de simulacro al tercer y final acto, y dejando de lado el dolor, la represión, que presidían los dos actos anteriores. El discurso Foucault-Freud da paso al binomio K. Dick-Braudillard. Aunque al final, el simulacro también sea una forma de control social en un mundo que ha sido mutilado, aislado, despojado de su principio rector: el deseo. Entendemos que sin su capacidad volitiva el ciudadano no puede ser libre y su cuerpo, desposeído del dolor (y por tanto del placer) se convierte en un recipiente vacío en el que es fácil hacer brotar la semilla de la sumisión. Flor Canosa despierta en esta novela biopolítica los fantasmas del deseo capitalista que, agostados por la inhibición freudiana de la libido, se transforman en criaturas monstruosas, carcasas, cuerpos deseantes que fenecen en su propio colapso. No es extraño, en este sentido, que la pareja formada por un sádico y una masoquista protagonicen la historia de Pulpa, con un tercero en discordia que funciona como eje desestabilizador de la narración, derivándola, como ya anunciábamos al comienzo de esta reseña, hacia una revelación impactante. El mundo ¿futuro?, ya de por sí extraño, perverso y cerrado, sin internet ni relaciones fiables, se develará como una sombra más de lo real, un producto de ingeniería social que trasciende los límites de la política, la tecnología y la postverdad.
Todo el relato, además de su urdimbre narrativa, está poseído por una semántica del cuerpo. La sangre, el sexo, el ADN, la reproducción, los sentimientos, la memoria defectuosa, el dolor físico, el conocimiento.
Flor Canosa escribe con garra. Es una narradora intuitiva, que induce al lector a través de sus cortantes frases y su dicción dura y en ocasiones coloquial a un trance. La novela es breve pero penetrante, de aspecto ligero, pero densa. Pero de una densidad ágil, si se me permite el oxímoron, que transita grandes ideas con un lenguaje sencillo y directo. Además, no deja de lado la oportunidad de narrar una historia redonda, más bien triangular, que culmina de un modo eficaz y solvente. Flor Canosa: un descubrimiento.
Pedro Pujante

