JOSÉ LUIS MUÑOZ

Uno no acaba de saber muy bien qué es lo que pretende el irlandés Damian McCarthy en esta película que reúne, sin avergonzarse de ellos, todos los tópicos del cine de sustos, pero sin asustar al espectador, que no de terror. Por un momento cree quien ve esta extraña película que se trate de una comedia, pero tampoco tiene mucha gracia,  una tomadura de pelo o un divertimento filmado para adolescentes.

Un escritor norteamericano (Adam Scott) en crisis, autor de bestsellers de terror, se aloja en la posada irlandesa en donde sus padres fueron muy felices. A partir de ahí le suceden toda clase de sucesos misteriosos porque el alojamiento está encantado, especialmente la suite nupcial en donde queda encerrado.

Fantasmas, poca luz, presencias que no acaban de definirse, secuencias que se alargan y repiten (el elevador claustrofóbico que sube y baja constantemente) y, lo peor, cero tensión narrativa en lo que más que película parece un simple videojuego. Leo por ahí que es una de las mejores propuestas de cine de terror de este año o que es una inquietante historia gótica y se me ponen los pelos como escarpias. Si quieren asustarse enciendan el telediario.

Ah. Se me olvidaba. Abu Dabi pone pasta en el jueguecito, y de ahí esa incomprensible secuencia del desierto sahariano al principio y al final que no pega ni con cola.