Horacio Otheguy Riveira.

El pasado como un lugar donde predomina la vocación de comprender -cualquiera sea la edad del interesado-, ya que, se quiera o no, la Memoria histórica se nos viene encima a la primera de cambio, no hay visión sobre la guerra civil que no provoque interesantes debates, emocionados enfrentamientos, y lo mismo pasa con Hernán Cortés en un revuelo de estupidez y mala conciencia, y ahora, para muchos sorprendente, una llamada a las puertas de aquellas 7641 islas que componen Filipinas, el país ocupado por «el único dios verdadero, el de de la Iglesia Católica», con mucha manu militari.

Y entonces llega Lucía Miranda con su incomparable capacidad de invención y permanente afán de  conocimiento. Marcha al país, escribe y dirige este espectáculo tan íntimo como exuberante, interpretado por nativos y españoles hijos de filipinos, y nietos de españoles que fueron «los últimos de Filipinas», patético final que tuvo tres películas: la «heroica derrota» de la dictadura, 1945; un documental muy valioso: De aliados a masacrados. Los últimos de Filipinas, 2014; y en 2016, 1898: Los últimos de Filipinas, un intento de aunar historia con los flecos de patrioterismo propio de la pérdida de todas las colonias en 1898.Pero, eso sí, de su buen reparto eminentemente masculino, destaca la única mujer, tentación de placer y libertad, a cargo de la actriz filipina Alexandra Masangkay, estupenda integrante de este formidable reparto de Las últimas, una maravilla de estilos para la caricatura, la historia, y la pura alegría de vivir hoy, en feliz concubinato con episodios esperpénticos de la España colonial.

 

 

Lucía Miranda en uno de los ensayos, junto a Nacho Bilbao, músico y director musical.

 

Un elenco atravesado por la relación entre España y Filipinas (¿o era Maharlika?). 461 años de historia a través de piezas de arte: una estatua de los últimos de Filipinas que se inaugura en 2020,  Imelda Marcos y Carmen Polo en un cocktail en el Pardo, una exposición muy particular en el Palacio de Cristal del Retiro, Sor Jerónima de la Asunción y sus monjas embarcadas en un galeón, Magallanes conquistador (¿o era Julio Iglesias?) muriendo a manos de Lapu Lapu, palabras que mejor no pronunciar, conversaciones que cuesta tener y madres que sacan el karaoke si la vida se pone fea.

Y la vida se pone fea, bastante a menudo.

 

 

Una gozosa fiesta con vestuario de Anna Tusell y escenografía de Alessio Meloni, siempre sorprendentes creadores.

 

Juan Paños parodia de la exalcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, y Belén de Santiago -ausente en la foto- como el actual alcalde en un hilarante cuadro sobre la inauguración, en 2020, de la estatua de un soldado español en Filipinas (actualmente puede verse en Chamberí).

Remembranza de lo sucedido en julio de 1898, cuando un destacamento militar español formado por55 hombres fue asediado por parte de insurrectos filipinos en una iglesia del pueblo de Baler, en la isla filipina de Luzón.

 

Belén Ponce de León -brillante en varios personajes- como la superiora de un convento de monjas. Una escena acompañada por la Tuna Femenina de la Complutense. Tratamiento divertido, y a la vez respetuoso, de monjas que allá y entonces sembraron con honestidad un catolicismo imperialista.

 

En la recta final, uno de los cuadros más desopilantes con el portugués Magallanes (por un fantástico Juan Paños) que deambula atontado por territorio desconocido, hasta ser eliminado poco después de marcarse un karaoke y cantar My Way, la canción que popularizara Frank Sinatra.

 

Se interpreta a sí mismo, hijo de filipinos, nacido en Barcelona: el gran pianista Laurence Aliganga. aquí en un piano que recorre diversas escenas del gran espectáculo.

 

Una creación de Cross Border

Texto y dirección Lucía Miranda

Reparto Laurence Aliganga, Julia Enríquez, Chris Angelous Manalo, Alexandra Masangkay, Juan Paños Larrauri, Belén Ponce de León, Belén de Santiago y Tuna Universitaria Complutense

Escenografía Alessio Meloni

Iluminación Pedro Yagüe

Vestuario Anna Tusell

Música Nacho Bilbao

Dirección musical Laurence Aliganga y Nacho Bilbao

Sonido Eduardo Ruiz «Chini»

Coreografía Chris Angelous Manalo

Videoescena Javier Burgos

Caracterización Johny Dean

Ayudante de dirección Anahí Beholi

Ayudante de escenografía Mauro Coll

Ayudante de iluminación Elena Alejandre

Ayudante de vestuario David Degea

Sobretítulos Juan Ollero

Estudiantes en prácticas Ares B. Fernández (Dirección), Talía del Val (Dirección), Carlo Laureana (Dramaturgia), Elvira Arcos (Mediación), Harold Ron Fajardo (Sonido) y Pablo Jiménez (Vestuario)

Diseño de cartel Emilio Lorente

Tráiler y fotografía Bárbara Sánchez Palomero

Ambientación de vestuario Marisa Echarri y Lola Trives

Sastrería Gabriel Besa y Matías Zanotti

Producción Centro Dramático Nacional

Con la colaboración de Peta (Philippine Educational Theater Association), Embajada de Filipinas en España, Casa Asia e Instituto Cervantes de Manila