Por Alberto García-Teresa.
Las personas ya con unas cuantas décadas a nuestras espaldas recordamos los termómetros de mercurio con una especial fascinación. La rotura del tubo de cristal que lo contenía daba ocasión a unos espléndidos ratos de curiosidad y juego con ese elemento (altamente contaminante, sabemos ahora) y sus particularidades propiedades físicas: esas densas gotas que se unían de una singular manera, en consonancia con nuestra inquieto entusiasmo y maravilla.
El mercurio es el elemento que unifica este poemario. El libro se caracteriza por albergar una gran capacidad de resonancia, de apertura de huecos de sentido. La actitud de José Luis Gómez Toré en estas páginas es exacerbar la atención en una búsqueda de significado (o varios) del mundo, los cuales ni se cierran ni permanecen estables (como el propio mercurio de los termómetros a los que hace referencia el título). Al respecto, hay que resaltar cómo el escritor amarra esa sensación de incertidumbre en el poema con elementos concretos y reconocibles para terminar hablando, en definitiva, de cuestiones abstractas y metafísicas. En ese sentido, los textos se suelen ubicar en escenarios cercanos (como la casa) o se aluden a objetos y seres vivos habituales.
Por debajo, pesan una amargura y un desconsuelo en su expresión. Los poemas se mueven dentro de una factura áspera y fría (no en vano, apela a ese campo semántico continuamente), pero también limpia, sin estridencias formales más allá de las disonancias cognitivas de las imágenes o su abstracción.
Destaca el constante juego con la fiebre y la epifanía, la revelación, por el que caminan estas piezas. La fiebre se recoge con su evocación de enfermedad pero también de delirio, o incluso de lucidez irracional. Así, se presenta como el estado de conciencia ideal para esa aproximación o ese intento de aprehender la realidad más allá de la evidencia. De esta manera, asienta una atmósfera de irrealidad, fuera del tiempo (pero no escindida de él, ni de la coyuntura).
El autor lanza una mirada trascendente sobre la realidad que subraya su carácter inconmensurable e inabarcable, deleitándose en ello. Reconoce las dificultades de esa búsqueda desde un enfoque antiantropocéntrico: “Más bien, fuimos sordos” y no somos capaces de escuchar aquello que no encaja en nuestros parámetros o que no se deletrea en nuestros lenguajes. No es que el sentido no exista, sino que queremos amarrarlo dentro de nuestros almacenes y por eso, en su otredad, desde nuestra soberbia, lo negamos al no poder acotarlo. Concretamente, remarca las condiciones de este momento histórico muy sucintamente (“y para qué poetas en el Antropoceno”) y, de hecho, introduce la denuncia medioambiental alrededor de elementos concretos: la falta de lluvia, los árboles, los insectos. Del mismo modo, explora la tensión que existe entre el deseo, la posibilidad y la imposibilidad. Al respecto, en cursiva, se cruzan en los poemas voces que cuestionan al “yo”, que le juzgan y que hasta lo ridiculizan al evidenciar su sinsentido.
A su vez, resulta significativo que, consciente de ese trabajo de concisión que exige a la poesía, el autor titule un largo poema en prosa, que aparece insertado en mitad del volumen, como “Ensayo sobre el mercurio. Una aproximación”, que lo excluye del género. Se trata de una pieza impulsada por una pulsión de escritura automática, llena de referencias y de glosas.
Con todo ese conjunto, José Luis Gómez Toré agrupa un poemario que se despliega para animarnos a buscar la discontinuidad de sentido que, en verdad, dota de sentido a todo.

José Luis Gómez Toré
Mercurio
72 páginas
Libros de la Resistencia, 2025

