Hace dos décadas, los géneros de los videojuegos estaban bastante claros. Esto era un plataformas como Super Mario Bros, aquello era un shooter como el Doom, lo otro era un RPG como el Ultima VII. Estrategia por turnos como el Civilization II, etc.
Sin embargo, el paso de los años, la madurez creativa del sector, y las nuevas posibilidades tecnológicas han dado lugar a la incorporación de géneros dentro de otros géneros, o incluso a la creación de géneros híbridos. Y al público le encantan.

El juego dentro del juego: el ejemplo de The Witcher III
La serie de juegos The Witcher, basados en las novelas de Andrzej Sapkowski, y de la que incluso se ha hecho una muy polémica serie en Netflix, se definen como juegos de rol de mundo abierto. El III ahonda especialmente en ello, con horas y horas de juego en un mapa gigantesco por explorar, limitado solamente por el nivel de tus propias habilidades.
Algunos han querido ver en este juego una combinación del RPG puro con la acción trepidante de un juego de combate en tiempo real, sin turnos. Realmente, los movimientos y el sistema de lucha llegó muy depurado a esta tercera entrega, y es una delicia liarse a combatir con los signos y las piruetas con espadas.
Sin embargo, lo realmente sorprendente fue la existencia del Gwynt dentro del juego principal. El Gwynt es un juego de cartas que se juega en el mundo ficticio creado por Sapkowski, pero del que no se explican las normas. La desarrolladora polaca CD Project Red se inventó entonces unas propias, centradas en el lore del juego, y lo incorporó como minijuego.
Y en fin: el éxito de la idea fue total. Muchos jugadores (incluido quien escribe estas líneas) se pasaron horas no luchando contra drowners y manadas de lobos, ni buscando a Ciri, sino jugando al Gwynt con cada personaje, mercader y posadero que se encontraban.
Siendo sinceros, el encaje dentro del juego era absurdo: se suponía que andabas desesperado buscando a tu hija desaparecida y acosada por enemigos terribles, y cuando ibas a comprar un material indispensable para seguir tu búsqueda, le decías al tendero: “oye, ¿echamos un gwynt?”. ¡Y el tendero nunca se negaba! Nunca decía lo normal, que era “hombre, pues estoy trabajando, si acaso cuando termine de forjar esta espada”. No, no, lo dejaban todo y se ponían a jugar a las cartas como si no hubiera un mañana.
Y luego, los palos: resulta que las figuras de las cartas son todo personajes de la saga, incluidos los protagonistas (Geralt, Ciri, Yennefer…), los antagonistas (Eredin, los monstruos) junto a ejércitos de aquel mundo (incluidos los espías a los que nadie debería conocer).
Era absurdo ver a los personajes del juego jugando con cartas de ellos mismos, y a sus rivales jugando con cartas que llevan las caras de sus oponentes (e incluso te las regalan si ganas) sin mediar comentario.
Y sin embargo… funcionaba. Funcionaba, y funciona tan bien, que además de las innumerables horas que le echas al juego, la compañía desarrolló un juego independiente llamado Gwent, con nuevo gameplay pero misma esencia.
No es que lo de meter minijuegos dentro de otros juegos sea nuevo, se lleva haciendo, a mayor o menor escala, desde hace tiempo. Pero la dimensión que esto puede alcanzar hoy es enorme.
Por no mencionar cuando los géneros, sencillamente, se fusionan.
Las fusiones de género: cuando la diversión toma una forma híbrida
A veces no hay un juego dentro de otro, sino dos hermanos unidos al nacer, y en la forma de un solo organismo. A veces es de forma muy sutil y casi imperceptible, como en el caso de Rage 2: una especie de sandbox pero no ilimitado, sino algo más comedido pero de libre exploración, en el que también vienen ráfagas loquísimas de acción desenfrenada heredada de Doom.
Otras veces es algo mucho más explícito. Como el género híbrido de los metroidvania, que se remonta a los años 80 y a los clásicos Metroid y Castlevania. Este género recoge un mix de ambas experiencias: las plataformas en un mapa no lineal, junto con mecánicas de aumento de habilidades, poder, etc. Hoy siguen siendo un género con mucho por ofrecer y explorar.
La cuestión de las mezclas llega incluso a los juegos de casino online, con los juegos de Slingo. Si juegas un Slingo en PlayUZU o cualquier otro casino, verás que es una mezcla de slots y de videobingo (de ahí el nombre), y está teniendo muchísimo éxito entre los jugadores que buscan nuevas fórmulas de azar.
Pero regresando al terreno de los videojuegos no de azar, vemos muchos títulos que siguen esa misma estela de la hibridación de géneros. Dentro de los juegos de anime, Persona 5 Royal es capaz de mezclar de forma súper elegante la exploración de mazmorras con simulación social. ¿Y qué decir del No Man’s Sky? Una especie de Minecraft futurista en el que exploras planetas alienígenas en un universo infinito, luchas con piratas espaciales pilotando tu nave, pero también construyes bases, administrar misiones de cargueros, extraes recursos, fabricas corbetas, ¡e incluso libras batallas tipo Pokemon con mascotas que vas recolectando por los planetas!
En estos juegos la cosa no puede dividirse ni entre narrativa y mecánica, todo está fusionado.
Y ya está bien que así sea. Los géneros, a fin de cuentas, solo son limitaciones, al menos para quienes no se sienten cómodos encerrado solo en uno. Y hoy, aspiramos a lo ilimitado.

